jueves, 7 de junio de 2012

El indulto

     East Acton es uno de los típicos barrios industriales de Londres. De turistas, nada por aquí, nada por allá. Y conejos de la galera tampoco se pueden sacar para embellecer o aunque sea para maquillar el ambiente, porque el entorno es uniformemente gris y no hay magia que lo pueda cambiar. Las fábricas, los galpones y los depósitos lo dominan todo. Se trabaja -y muy duro- desde el alba hasta promediando la tarde, hasta esa hora que fuera tan venerada en el Londres de otra época, como la del té de las cinco.
     Pero ahora es de madrugada. Frente a una de las fábricas se enciende una luz y se abre una puerta de una clásica casa londinense con el techo de tejas cayendo a dos aguas. Jeremy (18), un británico afrodescendiente, asoma tímidamente su cabeza mirando hacia el cielo gris, ni más ni menos que como hacen todos los habitantes de estas tierras cuando salen temprano de casa rumbo a sus actividades diarias. "Qué me pongo hoy, el sacón o el impermeable?" El chico reparte su semana entre un trabajo "part time" en la fábrica de sandwiches que se levanta frente a su casa y el entrenamiento en una pista de atletismo situada junto al Hospital de Hammersmith, muy cerca de la estación de subte de East Acton.
     Hoy sale con el bolso colgando del hombro porque le toca pista. Y no sólo lleva su ropa deportiva sino una sonrisa de oreja a oreja, que precisamente no muestra cuando es día de fábrica. Jeremy cuenta que llegó a integrar una muy prematura pre-selección olímpica, junto a más de 500 aspirantes en la especialidad de 400 metros llanos, su distancia preferida "porque está más de acuerdo a mi constitución física, así que eso me da más posibilidades". Finalmente, tal como él mismo y su familia preveían, no logró clasificar porque, según afirma, "en 2008 me vieron y me seleccionaron, pero yo sabía que todavía me faltaba muchísimo para poder quedar".
     El joven confiesa que su mente lo transporta cada día a la cálida y soleada península de California, donde los atletas británicos de las distintas disciplinas están entrenando para acostumbrarse a una temperatura ambiente que, inclusive, es obviamente más alta que la del verano londinense: "imagino que estoy allí, junto a los grandes, pero el no haber llegado me da fuerzas para entrenar con más ganas cada día. Mi objetivo es estar en los Juegos Olímpicos de 2014 en Río de Janeiro".
     A la vez que el verde central y la pista que lo rodea ya se hacen visibles, el adolescente se refiere a un tema que se roba los titulares de cara a la competencia olímpica: "no sé que opinar, Chambers (Dwain), es muy importante para nosotros pero la verdad es que se dopaba y eso es muy grave. Por otro lado merecería una segunda oportunidad".
     Dwain Chambers es el único candidato que tiene el Reino Unido para tratar de alcanzar un logro casi imposible, como sería simplemente disputarle -ya no ganarle- al gran Usain Bolt la prueba de los 100 metros llanos, pero a la British Olimpic Association eso no le importa: a como diera lugar pretendían mantenerle la suspensión de por vida que le habían impuesto, cuando en 2003 se comprobó su dopaje sistemático con esteroides anabolizantes. Pero todo indica que no lo lograrán. La Corte de Juzgamiento para el Deporte, con potestades superiores a la British Olimpic Association, basándose en la reglamentación de la Agencia Anti-Doping Mundial, que prevé una suspensión máxima de 24 meses para los infractores, le impondría a los británicos la inmediata habilitación de Chambers, entre 80 atletas del mundo que se encuentran en la misma situación, por lo cual también ellos quedarían habilitados para competir en los Juegos. Tras varios aplazamientos, dado lo espinoso del tema, en las próximas horas todo quedaría definido, pese a que, desde hace ya un tiempo, fuentes de la propia asociación británica vienen adelantando el fracaso de su posición.
    Antes de ingresar al vestuario para iniciar una nueva jornada de entrenamiento, Jeremy recuerda que David Miller (ciclista de ruta) también vivió el mismo drama luego de tomar una sustancia prohibida en 2004, pero ahora muy probablemente también le van a levantar la suspensión, también muy a pesar de los miembros de la British Olimpic Association. "No sé qué pensar, de verdad, claro que deportivamente es muy importante también él para nosotros, ya que es el único capaz de ayudar a Mark Cavendish a ganar la medalla de oro en Ruta".
     El chico no lo dijo, pero en el equipo británico de atletismo, cuya mayoría de integrantes se encuentran entrenando hoy en la soleada costa oeste de Estados Unidos, las opiniones están peligrosamente divididas. Algunos quieren esa segunda oportunidad para los transgresores, pero otros -tal vez demasiados- no quieren saber de nada que tenga que ver con las palabras "perdón" o "indulto" y hasta lo gritan públicamente en los reportajes. Alguno hasta llegó a afirmar que para un atleta que se dopó, una suspensión de por vida no es precisamente peor que para un médico la prohibición de ejercer su profesión por el resto de sus días. El tema es demasiado espinoso y delicado, a tal punto que opiniones tan encontradas pueden derivar en un clima de convivencia nada conveniente para el equipo anfitrión.

miércoles, 6 de junio de 2012

Como en el Kremlin

     Son las 6 y media de la tarde de un día hábil y todo lo que ruede ocupa un lugar en las angostas calles de Londres. Autos, camionetas, camiones, omnibuses de dos pisos (Double Decker) y de los comunes que, para peor, ahora son largos como anacondas, con un gran fuelle de goma en el medio que les permite retorcerse para encarar con éxito curvas de noventa grados en calles que normalmente no superan los doce o quince metros de ancho.
     Es un caos, es la hora "pico", un mundo de gente ingenua sale de sus trabajo, ya que todos creen en el milagro de retornar temprano a sus hogares para reencontrarse con los suyos luego de una dura jornada. Ayer no lo consiguieron, pasaron largos minutos aprisionados en una calle angosta o en una que no lo era tanto. Pero igual piensan que hoy van a alcanzar la gran proeza, al menos se lo imaginan, así que también se olvidan de la bronca que se agarraron, de la impotencia que se apoderó de ellos hasta que decidieron apagar el motor y matizar la "dulce espera" bajándose del vehículo, fumándose un cigarro e intentando iniciar una charla con el de adelante, quien también optó por el mismo camino de la resignación.
     -Me quiere decir qué vamos a hacer los londinenses cuando en el verano se nos vengan los carriles "Zil"? Sabe lo que son?
     Y ante el gesto de incomprensión de su improvisado interlocutor, el hombre, ya aburrido hasta el hastío, encuentra el pretexto que buscaba para desenrrollar una larga perorata: "le quiero decir que esto no es nada, espere a que estos cráneos que organizan los Juegos Olímpicos clausuren 48 kms. de calles en todo Londres para el tráfico común, así que usted y yo, más todos estos penitentes que aguantan este martirio diario, tendremos que instalar ya mismo una palanca de vuelo en los coches. Créame, va a ser la única opción para no llegar a casa de madrugada".
     -Quéeee? No se lo puedo creer, no había escuchado nada de eso antes, está seguro de lo que está diciendo?
    -Como que me llamo Chris. No le pregunto si tiene tiempo para escucharme porque sería como tomarle el pelo, pero la gente ya los bautizó como los carriles "Zil", que era el nombre de las limusinas que transportaban a los altos mandos del Kremlin en la URSS y que tenían trato preferencial al resto del tránsito porque usaban vías exclusivas, que nadie podía invadir, bajo pena de cárcel.
     A veces un rumor es sólo eso, un rumor y punto, pero esta vez la información que tiene Chris es "posta", como dirían los uruguayos, porque pese a que Londres se caracteriza justamente por sus calles angostas hasta el extremo, las principales de las pocas y privilegiadas vías que muestran casi orgullosamente dos o más carriles, tendrán una misión exclusiva durante los Juegos Olímpicos 2012.
     En esos días del verano boreal, se desplazarán ágilmente por ellas 4.000 BMW y 1.500 omnibuses, que llevarán a competidores, personal de la organización y periodistas, en buen romance gente que no puede sufrir la "tragedia" a la que equivaldría llegar tarde a un evento por culpa del congestionamiento del tráfico.
     Y ahí puede verse el chorro principal que mana de la fuente de protestas del londinense común, no precisamente el de a pie, ya que de vehículos y vías de tránsito trata el tema. El que se dirige raudamente a su oficina en la City, el que corre todos los días a abrir la cortina de su negocio, el que tiene que marcar la tarjeta en la oficina sin que valga ningún pretexto, todos ellos aprecian casi sin excepción la solemnidad del momento que su ciudad va a vivir muy pronto, pero no por ello dejan de sentirse discriminados por la medida.
     "Pero hay más", le dice Chris a su colega de infortunio, en el medio de la calle donde ambos, junto a cientos más, han quedado anclados por el atolladero. "Qué me contesta usted si yo le digo cuál es la solución alternativa en caso de que las vías especiales no alcancen para la circulación de los "BMW" y los autobuses olímpicos? Usted jamás va a adivinar por dónde los van a llevar en ese caso". Y poniendo su mejor cara de intriga, larga su novedad: "los van a mandar por la senda de los autobuses de línea y a estos los van a hacer circular por la senda común, junto a los autos como el suyo y el mío. Se imagina lo que puede llegar a ser eso? Caos ya no sería la palabra adecuada, su significado quedaría muy débil".
     El de adelante comienza a moverse de nuevo, el congestionamiento llega a su fin y la charla también. Por eso a Chris le faltó tiempo para contarle a su interlocutor que ni las ambulancias con la sirenas apagadas, aunque dentro lleven pacientes considerados vulnerables, se salvarán de la prohibición estricta de interferir en la senda de los vehículos olímpicos.
     No es sólo la seguridad, el congestionamiento del tránsito también pone lo suyo para alimentar la polémica, ya en las puertas de los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

martes, 5 de junio de 2012

El óvalo

     Ahora las familias pasean, más bien dan vueltas y vueltas como trompos, los diferentes idiomas se escuchan como siempre, los flashes hacen de luciérnagas a las que nada se les escapa. "Ahora acá, acá te dije, con los guardias atrás mío, dale ahora, pero dale que se van, qué estás esperando?". O tal vez "mirá que bueno para sacar una del grupo acá, con el monumento a la Reina Victoria de fondo".
     Hasta que dan las 11 en punto y los primeros movimientos son un claro indicio de que se viene el momento cumbre de la gran ceremonia del Cambio de Guardia de la Reina, para deleitar a miles y miles de turistas que desde temprano se golpean el pecho y hasta se pellizcan porque ni ellos mismos creen que estén a las puertas del mismísimo Palacio de Buckingham.
     Cuando el 5 de agosto las damas y el 12 de agosto los atletas masculinos inicien y también finalicen allí, junto a las ancestrales rejas negras del Palacio de Buckingham, la legendaria y mítica Maratón, quedará momentáneamente cerrada la inmensa enciclopedia que guarda la historia de aquel "petit" hotel que el duque de Buckingham mandó construir en 1703 y cuyo carácter de residencia oficial de la monarquía británica recién se lo dio la Reina Victoria a principios del siglo XIX, haciendo la vista gorda a que en 1762 el Rey Jorge III ya lo había utilizado con ese fin.
     Allí, con la propia Reina Victoria vigilando todos sus movimientos desde lo alto de su imponente monumento frente al Palacio, comienza a moverse la marea humana conformada por los 100 atletas que recorren a fuerza de sacrificio puro los históricos 42,195 kms., distancia oficial de la Maratón olímpica desde los Juegos de Londres de 1908. Y ellos y ellas están haciendo el mismo recorrido. Y oh sopresa!, ellos y ellas se exigen en la última zancada, llegan boqueando y clamando por un poco de aire...al punto de partida, el Palacio de Buckingham. Así es, esta vez la Maratón no termina en el Estadio Olímpico sino exactamente en el sitio donde comienza. Tanto se dice que los ingleses son diferentes al resto del mundo, que al final ellos mismos se esfuerzan por demostrarlo, así que han trazado un óvalo con largada y llegada en el Palacio de Buckingham.
     Tras la partida los atletas se despiden momentáneamente de Buckingham Palace surcando la Avenida del The Mall, esa épica vía ancha flanqueada siempre por decenas de banderas británicas, por la cual llegan a Buckingham las comitivas presidenciales extranjeras, con el objetivo de rendir pleitesía a la soberana.
    Más adelante se ven mirando apenas de reojo las mansas aguas del Támesis, tras lo cual giran 90 grados para darse de cara con la impresionante Catedral de San Pablo, cuya enorme cúpula, la segunda más alta del planeta, los bendice por tanto sacrificio. Adentro descansa en su tumba el formidable almirante Nelson, junto a tantos otros personajes épicos, que se sorprenden cuando desde algún lugar en lo alto observan que la gente esta vez no está venerando sus restos en la Catedral, sino afuera, en la calle, vivando y alentando sin parar a los esforzados atletas. La multitud compite en número con la que asistiera con regocijo, en ese mismo lugar, al casamiento del Príncipe Carlos con la Princesa Diana. Lejos estuvo de imaginarse todos estos episodios el Arq. Christopher Wren, cuando entre 1676 y 1710 construyó San Pablo sobre las ruinas de la antigua catedral quemada en el gran incendio de Londres en 1666.
       Luego de una corta visita a la City londinense, los titanes se meten en el corazón de la historia de Inglaterra: la Torre de Londres. Defender este formidable baluarte construido en 1066 de los ataques extranjeros, simbolizaba controlar el país entero. Claro que a esa altura a los atletas no les da para pensar en los prisioneros famosos encarcelados allí a partir del siglo XV, ni en las ejecuciones de espías durante las dos últimas guerras mundiales, ni en las fieras que habitaron allí entre 1204 y 1828.
Sólo quieren llegar, sólo quieren completar el óvalo para entonces sí...tocar el cielo con las manos.

lunes, 4 de junio de 2012

El desafío

      No es una hora pico, así que en la estación de King's Cross St. Pancras el movimiento es casi nulo. Sin embargo, en el centro del inmenso hall, las figuras siempre están presentes. Ella, regada en lágrimas, agita su mano despidiéndolo a él que se va hacia un nuevo destino, quién sabe dónde y por qué. Muy cerca, un combatiente regresa a Londres y su amada se le cuelga del cuello con su rostro empapado por lágrimas muy diferentes. Al lado, un joven besa a su novia con pasión, con una mano en la cintura de la chica y la otra apretando fuerte un poco más abajo, mientras las valijas esperan a un costado.                   
      Ellos y ellas parecen sentir, pero resulta que son de bronce y son parte de una magistral escultura que representa una escena típica de cualquier estación de tren. Frente al gigantesco monumento, allá arriba, los aros olímpicos miran y hasta parecen conversar con las figuras, aprovechando que ahora en el recinto sólo respiran de verdad doce personas de carne y hueso, que admiran la escultura y comentan con entusiasmo las diferentes escenas representadas.
      Casi todos ellos cargan con algún tipo de discapacitación que hoy por hoy está siendo vapuleada, mas que superada, por el orgullo inmenso que les invade luego de haber sido elegidos por un Comité especial, entre los 8.000 privilegiados que transportarán la antorcha olímpica durante los 12.800 kms. marcados por la organización desde su entrada por el surfístico balneario de Cornwall, al suroeste de Inglaterra, hasta su llegada a la Villa Olímpica. En algún momento entre el 19 de mayo y el 27 de julio, cada uno de los doce ahora reunidos, tratará durante el lapso que le demande transportar durante 300 metros el máximo símbolo olímpco, de superar el shock y la emoción, para que no le tiemble la mano durante la que será una de las horas cumbres de su vida. Ahora están reunidas en el hall de la estación, convocadas por el Comité que los seleccionó, para conocerse y planificar una suerte de trabajo en equipo para cuando llegue el momento ansiado.

     Simeon (15) deja por un segundo de admirar la escena en bronce y gira su silla de ruedas para mirar a su interlocutor. Como puede, explica que nació y vive en Bath, al suroeste de Inglaterra, una de las ciudades del país en la que quedaron más marcas del Imperio Romano. El chico nació con una grave discapacitación, pero siempre mostró una rebeldía increíble y conmovedora. "Siempre quiso nadar pese a que al principio no se animaba mucho a hacerlo sólo, pero cuando se largó ya no lo paró nadie. Ahora es tan independiente como puede en el agua y siempre anda con una sonrisa de oreja a oreja". Mientras explica la historia de Simeon, su madre no puede ni quiere ocultar el orgullo que su hijo le produce, más allá aún de la nominación que lo coloca entre los 8.000 privilegiados. Y entonces completa la historia: "ahora también juega tenis y básquetbol en su silla de ruedas, yo sé que sus problemas de salud no le permitirán nunca hacerlo a nivel competitivo, pero me doy cuenta que, aún así, Simeon es un ejemplo brillante a seguir por otros chicos discapacitados".
     El perro guía está sentado tranquilamente junto a Raquel (21), procedente de la ciudad de Daventry, muy cerca de Cornwall, la cuna del surf por donde entrará la antorcha al país, procedente de Grecia. El haber nacido prematuramente nada menos que de 5 meses, la dejó ciega, pero nadie le quita su decisión de llevar una vida normal, dentro de lo posible. Para lograr independencia ella eligió estudiar en una Universidad lejana a su hogar y entonces se fue a Plymouth. Claro que cuando está de vacaciones regresa a su casa, pero tampoco allí se queda quieta, así que explica que "integro una sociedad de voluntarios, centralizada en el mantenimiento de las estaciones de tren de las zonas rurales más alejadas, para que la gente de esas áreas campestres esté mejor conectada".

      Las figuras de bronce parecen cambiar sus actitudes relativas a bienvenidas y despedidas. Las lágrimas de ella, antes vertidas por la partida de él, parecen ahora producto del shock emocional que le producen las historias que está escuchando de las figuras de carne y hueso que revientan de orgullo porque se les acerca uno de los días más importantes de su vida...y no lo piensan desaprovechar.

domingo, 3 de junio de 2012

El predicador

     Uno de los grandes desafíos que enfrenta cualquier ciudad que sea seleccionada para organizar los Juegos Olímpicos, es atraer el interés y, más complicado aún, la participación activa y el compromiso de cada uno de sus habitantes. Es esa entrada en calor, esa puesta a punto para que luego de encendido, el motor rinda al máximo. Pero resulta que en algunas partes del mundo, ese trabajito no es nada sencillo.
      Londres se ha convertido en las últimas tres décadas en la cuna universal de la policromía de razas, culturas, costumbres, religiones y credos de todo tipo. En un clima con semejante particularidad, resulta muy complicado conseguir que una persona que llegó aquí con el excluyente fin de lograr las metas económicas que jamás pudo alcanzar en su país de origen, termine poniéndose la camiseta de la ciudad y metiéndose en cuerpo y alma en eventos deportivos, aunque esas justas sean nada menos que los Juegos Olímpicos.
      Los días de Kevin transcurren vociferando sin pausas sobre una tarima estratégicamente colocada en el inmenso hall central de la estación de Liverpool Street, en el corazón de la city londinense. Si alguien sube a la segunda planta y mira hacia abajo, la imagen que se le presentará será la de uno de los hormigueros más transitados del planeta.
      Gente corriendo, gente caminando, ejecutivos, viajeros, oficinistas, gente yendo rauda al encuentro de más gente, gente con valijas, gente y más gente. En el medio de ese maremoto se alzan Kevin y su inseparable micrófono. Hoy está hablándole a su público de los simbolismos que encierra el emblema de los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Dice que el logotipo habla aunque no tenga voz: "verán el número 2012, los anillos olímpicos y la palabra Londres y eso no les dirá mucho si no saben que la forma y los colores verde, azul, anaranjado y rosado transmiten a viva voz fuerza y dinámica, están pensados especialmente para atraer a cada uno de ustedes, los londinenses que le dan vida cada día a esta gran ciudad, para que intervengan activamente en la preparación de los Juegos, a que se metan adentro de ellos en cuerpo y alma. El Comité Organizador no representa nada sin ustedes, sería como un cuerpo sin la sangre corriendo por las venas".
      Kevin es incansable, parece un predicador, en realidad lo es. También es una de las tantas cartas que el Comité Organizador está jugando en su desesperado objetivo de conseguirle a los Juegos un aliado clave para el éxito final: la gente. Y así Kevin, un cuarentón canoso, londinense de pura cepa, no se detiene
     Ahora se centra en las dos mascotas de los juegos, Wenlock y Mandeville, inspiradas en dos lugares del Reino Unido estrechamente vinculados a la justa olímpica. Orgulloso, Kevin enfatiza que en la antiguedad los Juegos de Much Wenlock inspiraron al Barón Pierre de Coubertin para la creación de los Juegos Olímpicos de la era moderna. Siempre a viva voz, agrega también que la segunda mascota pretende homenajear a la ciudad de Stoke Mandeville, donde se realizó una competencia especial para veteranos de la Segunda Guerra Mundial...justo en el día en que comenzaban los Juegos Olímpicos de Londres de 1948.
      Sale uno de los centenares de trenes desde la estación de Liverpool Street, pintado con el logo olímpico. Al verlo Kevin interrumpe inmediatamente su explicación y grita: "miren los vagones, ese es el logotipo del que les hablaba recién, ven los colores? De ellos sale la dinámica y la fuerza que necesitan todos ustedes, los londinenses, para que los Juegos alcancen el éxito que esperamos!".
      Tarea ímproba la de los tantos Kevin que el Comité Organizador diseminó como semillas a lo largo y a lo ancho de la ciudad de Londres. También es cierto que los ingleses han enfrentado desafíos más complicados y sobre todo más dramáticos que éste y los han sorteado con un éxito rotundo. Con esos antecedentes, seguro que los Juegos Olímpicos de 2012 conseguirán al final el compromiso de los londinenses y serán un éxito rotundo.

sábado, 2 de junio de 2012

Albert

       En la margen sur del paseo del Támesis, entre los puentes de Westminster y Waterloo, mandan las estatuas vivientes. Chaplin, Drácula, Frankestein, el Pato Donald, Mickey y muchos más, se ganan la vida mientras deleitan a los turistas que inundan la zona, vecina del Ojo de Londres y con el Big Ben como centinela al otro lado del río.
      Pero hoy se instaló allí alguien que normalmente no frecuenta la zona. Adecuadamente ataviado con el uniforme de la selección inglesa, un adolescente rubio, con formas y apariencias bien locales, hasta el punto que bien podría decirse que se esforzaba al máximo para poner cara de Rooney, dominaba con maestría y arte una pelota de fútbol. Taco, empeine, rodilla, cabeza, pecho, nuca, todo el repertorio usual de un malabarista del balón. Jimmy se devoró la audiencia y los aplausos, a la vez que las estatuas le hacían honor a su condición, quedando petrificadas y absolutamente huérfanas de clientela.
     Detrás de Jimmy, un cartel presentaba al malabarista, pero fundamentalmente a su útil de trabajo, un balón llamado "The Albert". Petulante, orgulloso y hasta engreido, resulta que el tal "Albert", pintado de blanco y adornado en azul y rosado con el símbolo de Londres 2012, correrá raudo y sin pausas por el césped inmaculado del estadio "Millenium" de la ciudad de Cardiff, el próximo 25 de julio cuando el fútbol dé su puntapié inicial a su participación en los Juegos Olímpicos 2012. Más de 15.000 personas compitieron para ponerle el nombre al balón y ganó quien acomodó sobre la mesa un juego de palabras: the "Albert Hall", el famoso salón de conciertos y ópera de Londres y the "Albert Ball", el nombre propuesto para el balón del fútbol de los Juegos Olímpicos. Finalmente se aceptó el ingenio del proponente, pero como nombre oficial, quedó simplemente "Albert".
     El modelo de paneles triangulares es el mismo de la "Jabulani", pelota oficial del Mundial Sud Africa 2010. La estupenda novedad es que un revolucionario sistema térmico ha sido instalado en el balón, con el loable fin de impedir los increíbles cambios de rumbo que ridiculizaron a tantos arqueros durante el Mundial 2010.
     Sin embargo no sólo los cuidavallas se beneficiarán por los "chiches" de la pelota olímpica. Si finalmente concurren a la cita, los Suárez y los Messi no la llevarán más atada al pie como acostumbraban hacerlo hasta ahora, sino que sencillamente la llevarán pegada, gracias a un nuevo material con propiedades adherentes que optimizará el contacto entre la pelota y el zapato del futbolista, con la consiguiente mejora del control del balón.
    Mientras tanto, Jimmy continúa dominando al mágico "Albert": taco, empeine, rodilla, cabeza, pecho, nuca. Tic, tac, tic, tac, sus toques malabares suenan como el reloj que acerca al mundo los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Una cuenta regresiva implacable. 
  

viernes, 1 de junio de 2012

El gran simulacro

     Londres, Trafalgar Square, un miércoles cualquiera de fines del invierno. Insólitamente un tibio sol amodorra a los centenares de turistas, a quienes les faltan ojos para recrearse aún más, si fuera posible, con la magnífica vista lejana del Big Ben y las Casas del Parlamento, que regalan los famosos balcones del museo de pintura de la National Gallery. De paso admiran el gigantesco obelisco, desde cuya cúpula el Almirante Nelson vigila orgulloso y con autoridad bien ganada, la ciudad de Londres.
      Mientras tanto los trabajadores de la zona le sacan el máximo jugo a su descanso del mediodía y se acomodan como pueden en las escaleras de la plaza o donde encuentren un humilde hueco, para degustar un frugal almuerzo y el postre de los inesperados pero bienvenidos rayos solares.
      A la vez un tic-tac silencioso marca los tiempos de todos y continúa intransigente la cuenta regresiva. El nuevo personaje de la plaza resta inexorablemente días, horas, minutos y segundos, un trabajito regular para tenerlos a todos en vilo y recordarles que la llama sigue su camino y que los Juegos Olímpicos no tardarán prácticamente nada en meterse en el corazón de la ciudad y de su gente.
      La estridencia de las primeras ambulancias y carros de bomberos dirigiéndose hacia la estación del subte (Underground) de Aldwych, no le movieron un pelo a nadie, en una orbe inmensa, interminable, donde siempre están pasando cosas, agradables y de las otras. De ese modo las sirenas de los vehículos de emergencia llegan a transformarse en un sonido casi continuo, prácticamente en un telón de fondo de conversaciones y actividades diarias.
      Pero siguieron pasando, bomberos y ambulancias, ambulancias y bomberos. Aquello ya no era rutina, algo estaba sucediendo y no era ni bueno ni agradable, por cierto. Llegado a un punto de alarma, turistas y trabajadores comenzaron a dejar vacía la Trafalgar Square y formaron casi organizadamente, sin proponérselo en lo más mínimo, una gran procesión que, como una marea, se dirigió raudamente al lugar donde ambulancias y carros de bomberos se iban deteniendo y silenciando sus sirenas. "Otra vez no, no ahora!", gritaba desesperada Johanna, mientras guardaba en su bolso el sandwich y el refresco a medio empezar, aludiendo a que podría estar asisitiendo a una probable repetición de los atentados del 7 de julio de 2005.
      Los temores de Johanna y muchos más que no paraban de acercarse al lugar, parecieron confirmarse. Los primeros heridos, evacuados de las profundidades de la estación de Aldwych, aparecieron a la vista. Algunos flanqueados por los para-médicos, sangrando profusamente pero caminando todavía.  Otros eran transportados en camillas. Las expresiones de horror en todos, heridos, curiosos y personal de asistencia, eran un perfecto telón de fondo para una escena dantesca. Las ambulancias comenzaron a engullir a los heridos, los más graves primero, luego los demás. Los bomberos se lanzaban como meteoritos hacia las profundidades de la estación, mientras más para-médicos los seguían pisándoles los talones.
      Olor a tragedia, ambiente de tragedia. Otra vez las horripilantes escenas del 7 de julio de 2005? La estación de subte de Aldwych fue clausurada como tal hace ya mucho tiempo. Actualmente el Underground londinense la alquila para fiestas y filmaciones, pero ninguna de las líneas del subte de la capital inglesa tiene parada allí. 2.500 personas, entre equipos de paramédicos, enfermeras, bomberos, policías y "víctimas" tomaron parte durante dos días del mayor simulacro de enfrentamiento a un ataque terrorista en el Subte londinense que jamás haya tenido lugar en la ciudad del Támesis. Una prueba de fuego para los Comandos de Seguridad, destinados a preservar la paz durante el desarrollo de los Juegos Olímpicos del verano.
        Nada quedó librado al azar en el simulacro. Durante dos días hasta los propios comandos e involucrados se creyeron que estaban enfrentando un ataque terrorista. Esto era vital, tenían que creérselo, debía ser así. Para esos 2.500 protagonistas, bomberos, enfermeras, policías, paramédicos, "víctimas", los hechos estaban sucediendo el 8 y el 9 de agosto de 2012, dos de los días más ajetreados en el curso de los Juegos.
       Casi 900 millones de dólares serán distribuidos en aviones, buques de guerra, misiles aire-tierra y unos 30.000 hombres entre policía, ejército, guardias de empresas de seguridad privadas y hasta 3.000 voluntarios. Muy cerca de la clausurada estación de Aldwych, casi a la vuelta como quien dice, el nuevo reloj de la Trafalgar Square hace oidos sordos a simulacros, previsiones, inversiones de seguridad. En realidad no escucha ni quiere saber de nada. Está plenamente concentrado en la implacable cuenta regresiva en días, horas, minutos y segundos. El día "D" del comienzo de los Juegos Olímpicos 2012 acecha implacable.