Hace meses que el campamento ya no está. Después de largos meses de deteriorar el lugar único y maravilloso donde se yergue orgullosa y ostentosa la imponente Catedral de San Pablo, levantaron sus carpas y se fueron con su protesta a otra parte. En cualquier parte del planeta es igual: los activistas siempre protestan contra lo que no se puede evitar. Claro que ni ellos mismos se creían que el gobierno de David Cameron, como cualquier otro en la Europa convulsionada de hoy, iba a prestar oídos a sus aullidos y levantar a pedido las medidas de austeridad y los cortes que la brutal crisis impuso.
Ahora están ahí de nuevo. Sin carpas, sin campamento, pero siempre protestando. Contra lo que venga, contra lo que sea, la cuestión es aullar a los cuatro vientos, gritar presente, acaparar la atención y, sobre todo, no trabajar, hacerle la cruz a las ocho horas, jamás doblar el lomo. Esta vez el enemigo es el deporte, más concretamente los Juegos Olímpicos que están a la vuelta de la esquina. Ahí están otra vez, muy enojados. Este grupo se llama "Nuestros Olímpicos", pero es igual que todos los demás. Mientras ellas han formado un improvisado grupo musical que entona jingles contra la inconvieniencia de los Juegos Olímpicos y el perjuicio que le causan al sacrificado contribuyente, a quien a la vez pintan como "furioso" en un momento en que el país puede entrar en una nueva recesión, en el otro extremo ellos les contestan también cantando estrofas que dicen de políticos cubiertos de vanidad por la organización del evento, luego de engatusar al pueblo con un costo falso que a principios de 2012 trepó misteriosamente a los 11 billones de libras (en dólares unos 18.5 billones).
Claro que esto no es nada, porque este grupo y muchos otros vienen reuniéndose casi subrepticiamente para planear movilizaciones de todo tipo y color que, en lo posible, interfieran al máximo con el éxito del máximo evento deportivo universal. "Estos Juegos Olímpicos representan todo lo que está mal en el Reino Unido y vamos a hacer de todo para distorsionar su marcha", grita a los cuatro vientos frente a la Catedral de San Pablo, al este de Londres, uno de los más exaltados del movimiento.
Nada les cae bien, se oponen contra todo lo que venga. Los sponsors de los Juegos tampoco se salvan. Claman que uno de ellos tiene responsabilidad en una masacre por escape de gas sucedida en la India durante 1984 y que otro está vinculado a los cortes del gobierno para los discapacitados. La policía les responde todos los días, en forma pública, que durante los Juegos no va a tolerar "espectáculos" en la calle y menos aún en las cercanías de los lugares donde se desarrollarán las propias justas deportivas. Pero el Comité Organizador confiesa que los grupos de activistas crecen todos los días, aún reconociendo su pobre organización. Se sabe que intentarán interponerse en el camino de los portadores de la antorcha olímpica cuando ingresen en Londres y también que las vías de tránsito especialmente reservadas para los Olímpicos VIP y para los propios atletas como medio de arribar en tiempo y forma a los eventos, podrían ser bloqueadas por los revoltosos justamente el 28 de julio, día de la inauguración de los Juegos.
El billón de libras que cuestan los 2.400 guardias de seguridad privados, los 12.500 oficiales de policía, los 13.500 militares y la instrumentación completa del procedimiento de seguridad, ya no está solamente destinado a atender un frente único. Claro, el terrorismo sigue haciendo sonar las alarmas de alerta máxima, tanto que Londres no olvida a sus 39 muertos del 7 de agosto de 2005, el día después de vencer sorpresivamente a París en la candidatura para organizar estos Juegos Olímpicos. Pero ahora, como si la siempre latente amenaza terrorista fuera poco, los activistas se asegurarán que el full time del aparato de seguridad no tenga claudicación alguna.
jueves, 21 de junio de 2012
sábado, 16 de junio de 2012
Ciclismo tarifado
Los amos del Parque de Richmond son los gamos...y los ciclistas. Los primeros andan en manadas y se comportan como si estuvieran en el medio de una sabana africana. Ahora están aquí, dentro de un rato están allá, total el verde del lugar casi carece de límites se mire para donde se mire. En realidad es una sabana en el sur de Londres, donde ellos posan junto al turista y hasta comen de su mano.
Los segundos propietarios del lugar pedalean equipados de pies a cabeza como si fueran profesionales dirigiéndose a la largada del Tour de France. Y mientras los gamos corren en manadas, ellos lo hacen en familia. El papá al frente marcando el camino, luego la mamá y cerrando el pelotón los nenes, todos impecablemente ataviados para la cita sabatina o dominguera que abarca horas de recorrida por los senderos del parque que corren paralelos al río Támesis.
Ahora han hecho un alto y están almorzando sentados alrededor de una de las mesitas de madera que se erigen junto al curso de agua. Se nota que son ingleses de pura cepa, es que Richmond es uno de los escasos barrios londinenses donde la multiplicidad étnica representa una clara minoría. Allí todavía quedan ingleses. La familia que está disfrutando de la naturaleza y del deporte a la vera del Támesis, no es una excepción.
Doris, la mamá, es quien habla ahora y parece que tiene una queja. "No quiero ni creer en lo que quiere hacer el Locog (Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Londres 2012). El ciclismo ha sido siempre un deporte para que todos lo disfruten gratuitamente y ellos ahora pretenden cobrarle a la gente para ver pasar a los ciclistas en la prueba de ruta, es simplemente vergonzoso". Joleon, el papá de la familia, la apoya a rajatabla: "es una barbaridad, es cierto que la zona en la que quieren cobrar entrada es de difícil acceso y no pueden permitirle el paso a todo el mundo porque podrían producirse accidentes con los ciclistas, pero igual se puede controlar eso perfectamente sin necesidad de cobrarle al público".
La polémica se instaló desde el mismo instante en que la idea surgió en el seno del Comité Organizador. La prueba de ruta tiene el mismo punto de largada y llegada que la Maratón: el Palacio de Buckngham. Mas exactamente el lugar será la clásica avenida llamada The Mall, justo frente a la residencia real y allí se instalarán las tribunas desde donde el público apreciará el evento, para lo cual deberá abonar entre 35 y 100 dólares, dependiendo de la ubicación que elija.
"Hasta ahí está bien, pero no pueden cobrar los 2 kms. de Box Hill con el pretexto de que el tramo de la colina es ideal para escapadas y cortes en el pelotón. Sí, claro, además dicen que tienen que limitar el acceso de gente por razones de seguridad dado lo escarpado de la zona, pero eso lo pueden hacer perfectamente sin cobrar entrada", continúa Doris, realmente indignada.
El argumento central del Locog estriba en que de los 250 kms. que abarca la prueba de ciclismo en ruta, ellos sólo cobrarían en 20, que abarcan tanto la escarpada y muy pintoresca zona de Box Hill como la ruta en zig-zag del monte Donkey's Green (Burro Verde). "Además hay que tomar en cuenta que los hombres recorrerán nueve veces el área tarifada mientras que las mujeres lo harán en dos oportunidades", se defiende un connotado miembro del Locog. Las entradas en venta serían 15.000 y los precios serán proporcionales a los costos que demande la construcción de las tribunas y los servicios higiénicos en la agreste zona.
La carrera, que sería la primera en la historia de los Juegos en que un Comité Olímpico local cobrara entrada, atravesará seis municipios londinenses, cuatro grandes parques entre los que se destaca justamente el de Richmond y la zona campestre de Surrey.
Joleon se levanta de su asiento, toma su bicicleta para seguir el periplo familiar junto a la ribera del Támesis y desgrana un amargo comentario de despedida: "pensar que la prueba de ruta siempre es el consuelo de los fanáticos del ciclismo que no consiguieron entradas para las otras competencias y resulta que ahora les quieren cobrar justo en el mejor tramo..."
Los segundos propietarios del lugar pedalean equipados de pies a cabeza como si fueran profesionales dirigiéndose a la largada del Tour de France. Y mientras los gamos corren en manadas, ellos lo hacen en familia. El papá al frente marcando el camino, luego la mamá y cerrando el pelotón los nenes, todos impecablemente ataviados para la cita sabatina o dominguera que abarca horas de recorrida por los senderos del parque que corren paralelos al río Támesis.
Ahora han hecho un alto y están almorzando sentados alrededor de una de las mesitas de madera que se erigen junto al curso de agua. Se nota que son ingleses de pura cepa, es que Richmond es uno de los escasos barrios londinenses donde la multiplicidad étnica representa una clara minoría. Allí todavía quedan ingleses. La familia que está disfrutando de la naturaleza y del deporte a la vera del Támesis, no es una excepción.
Doris, la mamá, es quien habla ahora y parece que tiene una queja. "No quiero ni creer en lo que quiere hacer el Locog (Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Londres 2012). El ciclismo ha sido siempre un deporte para que todos lo disfruten gratuitamente y ellos ahora pretenden cobrarle a la gente para ver pasar a los ciclistas en la prueba de ruta, es simplemente vergonzoso". Joleon, el papá de la familia, la apoya a rajatabla: "es una barbaridad, es cierto que la zona en la que quieren cobrar entrada es de difícil acceso y no pueden permitirle el paso a todo el mundo porque podrían producirse accidentes con los ciclistas, pero igual se puede controlar eso perfectamente sin necesidad de cobrarle al público".
La polémica se instaló desde el mismo instante en que la idea surgió en el seno del Comité Organizador. La prueba de ruta tiene el mismo punto de largada y llegada que la Maratón: el Palacio de Buckngham. Mas exactamente el lugar será la clásica avenida llamada The Mall, justo frente a la residencia real y allí se instalarán las tribunas desde donde el público apreciará el evento, para lo cual deberá abonar entre 35 y 100 dólares, dependiendo de la ubicación que elija.
"Hasta ahí está bien, pero no pueden cobrar los 2 kms. de Box Hill con el pretexto de que el tramo de la colina es ideal para escapadas y cortes en el pelotón. Sí, claro, además dicen que tienen que limitar el acceso de gente por razones de seguridad dado lo escarpado de la zona, pero eso lo pueden hacer perfectamente sin cobrar entrada", continúa Doris, realmente indignada.
El argumento central del Locog estriba en que de los 250 kms. que abarca la prueba de ciclismo en ruta, ellos sólo cobrarían en 20, que abarcan tanto la escarpada y muy pintoresca zona de Box Hill como la ruta en zig-zag del monte Donkey's Green (Burro Verde). "Además hay que tomar en cuenta que los hombres recorrerán nueve veces el área tarifada mientras que las mujeres lo harán en dos oportunidades", se defiende un connotado miembro del Locog. Las entradas en venta serían 15.000 y los precios serán proporcionales a los costos que demande la construcción de las tribunas y los servicios higiénicos en la agreste zona.
La carrera, que sería la primera en la historia de los Juegos en que un Comité Olímpico local cobrara entrada, atravesará seis municipios londinenses, cuatro grandes parques entre los que se destaca justamente el de Richmond y la zona campestre de Surrey.
Joleon se levanta de su asiento, toma su bicicleta para seguir el periplo familiar junto a la ribera del Támesis y desgrana un amargo comentario de despedida: "pensar que la prueba de ruta siempre es el consuelo de los fanáticos del ciclismo que no consiguieron entradas para las otras competencias y resulta que ahora les quieren cobrar justo en el mejor tramo..."
martes, 12 de junio de 2012
Anillos prohibidos
A Marsha Wagner apenas le da el tiempo para prepararse un té cuando percibe que ha entrado gente en su negocio de cotillón ubicado en el barrio de Harrow on the Hill, en el noroeste de Londres. Recién está abriendo, así que sacude su modorra y también cierto malhumor a raíz de un percance que ha sufrido la tarde anterior, cuando estaba a punto de terminar su jornada. El shopping Santa Ana todavía se despereza, su homónimo San George muestra una actitud parecida, es muy temprano aún pero la primera cliente ya asoma por la puerta del cotillón de Marsha.
"Buenos días, traje mi cámara para sacarle una foto a su vidriera pero veo que quitó toda la decoración que tenía, estaba preciosa, qué pasó?", pregunta la que Marsha presumía era su primer cliente del día pero que, en lugar de entrar al local para comprarle algo, involuntariamente le está metiendo el dedo en la llaga. "Ayer de tarde vinieron dos oficiales de la organización de los Juegos y me dijeron que si no sacaba inmediatamente los anillos y la antorcha olímpicos de la vidriera, ellos me denunciarían y entonces tendría que enfrentar una demanda del sponsor oficial", explica la propietaria del comercio. Y al comprobar con cierta morbosa satisfacción el estupor que sus palabras causan en la visitante, agrega presurosa que "sí, sí, no podía creerlo cuando entraron diciendo que estaba quebrantando la ley, fíjese que para una comerciante tan modesta como yo, el ser demandada por un gigante, nada menos que un sponsor de los Juegos Olímpicos, sería lapidario, terrible".
Hasta las cuatro de la tarde del día anterior la vidriera de Marsha había sido la atracción máxima del Shopping Santa Ana, uno de los centros comerciales que hacen hervir de bullicio y de consumismo cada jornada de esa zona del noroeste de la capital. Los anillos olímpicos, cuidadosamente elaborados de un material semejante al césped artificial, coloridos hasta el encandilamiento, escoltaban a una exhuberante antorcha olímpica que presidía orgullosa la magnífica decoración de la vidriera del comercio. Banderas británicas contorneadas caprichosamente, le daban la jerarquía y el marco que necesitaba la obra. "La gente estaba fascinada con el decorado, una mujer entró, levantó la antorcha y me preguntó el precio. Tuve que decirle que no estaba a la venta, que era un decorado. Y ahora usted aparece con su cámara para sacarle fotos, es increíble", casi exclama una desconsolada Marsha, con la herida reabierta.
Por contrapartida un vocero del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos 2012, explicó a quien quisiera escucharlo que "donde sea que los oficiales de marketing comprueben el uso no autorizado de la palabra "Olímpicos", marcas registradas o símbolos de los Juegos, se tomarán el tiempo que necesiten para explicarle al propietario del comercio que eso no puede hacerlo porque no es legal", aunque también agregó que "si bien cada caso será considerado en particular, impulsaremos una política de educación antes de una eventual penalización".
Sin embargo a Marsha no la convencen estos argumentos. Quién le devuelve las horas de la noche que le robó la elaboración de su obra de arte? "Me llevó mucho tiempo hacer esto para tener que tirarlo a la basura", se queja, para agregar enseguida que "es frustrante porque sólo era un adorno para la vidriera, no estaba haciendo dinero ni publicitando ninguno de mis productos, quería imbuir a la gente del espíritu olímpico y apoyar al Team GB".
A esa altura un veterano de mil batallas, que había entrado al negocio un par de minutos antes, abandona el gesto reflexivo con el que había escuchado a Marsha hasta ese instante y lo cambia por una frase sabia y cortante: "Mmmm...en el '48 (segundos Juegos Olímpicos organizados por Londres) seguro que esto no pasaba. Es cosa de los tiempos modernos, eso seguro. Marketing, puf, inventos modernos para martirizar a la gente".
"Buenos días, traje mi cámara para sacarle una foto a su vidriera pero veo que quitó toda la decoración que tenía, estaba preciosa, qué pasó?", pregunta la que Marsha presumía era su primer cliente del día pero que, en lugar de entrar al local para comprarle algo, involuntariamente le está metiendo el dedo en la llaga. "Ayer de tarde vinieron dos oficiales de la organización de los Juegos y me dijeron que si no sacaba inmediatamente los anillos y la antorcha olímpicos de la vidriera, ellos me denunciarían y entonces tendría que enfrentar una demanda del sponsor oficial", explica la propietaria del comercio. Y al comprobar con cierta morbosa satisfacción el estupor que sus palabras causan en la visitante, agrega presurosa que "sí, sí, no podía creerlo cuando entraron diciendo que estaba quebrantando la ley, fíjese que para una comerciante tan modesta como yo, el ser demandada por un gigante, nada menos que un sponsor de los Juegos Olímpicos, sería lapidario, terrible".
Hasta las cuatro de la tarde del día anterior la vidriera de Marsha había sido la atracción máxima del Shopping Santa Ana, uno de los centros comerciales que hacen hervir de bullicio y de consumismo cada jornada de esa zona del noroeste de la capital. Los anillos olímpicos, cuidadosamente elaborados de un material semejante al césped artificial, coloridos hasta el encandilamiento, escoltaban a una exhuberante antorcha olímpica que presidía orgullosa la magnífica decoración de la vidriera del comercio. Banderas británicas contorneadas caprichosamente, le daban la jerarquía y el marco que necesitaba la obra. "La gente estaba fascinada con el decorado, una mujer entró, levantó la antorcha y me preguntó el precio. Tuve que decirle que no estaba a la venta, que era un decorado. Y ahora usted aparece con su cámara para sacarle fotos, es increíble", casi exclama una desconsolada Marsha, con la herida reabierta.
Por contrapartida un vocero del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos 2012, explicó a quien quisiera escucharlo que "donde sea que los oficiales de marketing comprueben el uso no autorizado de la palabra "Olímpicos", marcas registradas o símbolos de los Juegos, se tomarán el tiempo que necesiten para explicarle al propietario del comercio que eso no puede hacerlo porque no es legal", aunque también agregó que "si bien cada caso será considerado en particular, impulsaremos una política de educación antes de una eventual penalización".
Sin embargo a Marsha no la convencen estos argumentos. Quién le devuelve las horas de la noche que le robó la elaboración de su obra de arte? "Me llevó mucho tiempo hacer esto para tener que tirarlo a la basura", se queja, para agregar enseguida que "es frustrante porque sólo era un adorno para la vidriera, no estaba haciendo dinero ni publicitando ninguno de mis productos, quería imbuir a la gente del espíritu olímpico y apoyar al Team GB".
A esa altura un veterano de mil batallas, que había entrado al negocio un par de minutos antes, abandona el gesto reflexivo con el que había escuchado a Marsha hasta ese instante y lo cambia por una frase sabia y cortante: "Mmmm...en el '48 (segundos Juegos Olímpicos organizados por Londres) seguro que esto no pasaba. Es cosa de los tiempos modernos, eso seguro. Marketing, puf, inventos modernos para martirizar a la gente".
lunes, 11 de junio de 2012
Salud VIP para los olímpicos
Todo estaría minuciosamente planificado. Unas 25.000 personas, pertenecientes a lo que en Londres se ha dado en llamar "la familia olímpica", la cual por supuesto incluye en primera fila a los denominados "Olímpicos VIP", núcleo compuesto por las autoridades olímpicas y del deporte universal, tendrían el privilegio, en caso de ser necesario, de consultar a un especialista tras una espera de sólo 30 minutos en el departamento de Accidentes y Emergencias (A&E) de los hospitales de la ciudad. Si el problema sanitario sobrepasa lo que puedan hacer las clínicas especiales que se instalarán en la Villa Olímpica y en algunos hoteles de renombre, los olímpicos podrían recurrir a los A&E haciendo uso de esos privilegios especiales a los que, sin embargo, no pueden acceder normalmente los residentes permanentes de la ciudad sede de los Juegos Olímpicos 2012.
A la barrida, más que al cruce, salen muchas voces que claman por un tratamiento al menos igualitario en la materia. Los doctores de las emergencias ya manifestaron su preocupación a viva voz por las consecuencias que esto puede acarrear, no sólo en el perjuicio que la medida causaría a los usuarios habituales de la Salud Pública londinense (NHS), sino también en cuanto a las escenas de auténtica rebelión con las que ellos tendrían que convivir prácticamente a diario en sus lugares de trabajo. Es que en Londres, el lapso promedio de espera para ser atendido en un caso de emergencia no extrema, que se da cuando el paciente ha conseguido trasladarse por sus propios medios al hospital de su zona, es de unos 90 minutos, es decir tres veces más de lo que se planifica para la llamada familia olímpica. En adición a esto, el contribuyente no está habilitado para pedir los servicios de un especialista para su dolencia, sino que debe recurrir a los buenos oficios de los doctores de guardia.
Frank Dobson es un político de extracción laborista, naturalmente opositor del actual gobierno de coalición constituido por conservadores y liberales demócratas. Dijo lisa y llanamente que "el acceso con privilegios a los servicios de Accidentes y Emergencias del NHS, sería simplemente ridículo, tanto como tremendamente injusto por cierto". Y agregó que "fíjense que si a Sepp Blatter (presidente de FIFA) se le quiebra un dedo, por qué habría que atenderlo antes que a un contribuyente que concurre a Emergencia con un problema mayor? Simplemente porque es una autoridad del deporte mundial? Al que le parezca que esto es medianamente razonable, que levante la mano ya y entonces sabremos con qué vara medirlo".
Claro que el alegato de Dobson tiene su contracara en los políticos que han sido forjadores del éxito de la candidatura londinense para organizar los Juegos este año. Este grupo afirma sin tapujos ni timidez, que "la promesa hecha al Comité Olímpico Internacional (COI) de privilegios como la atención médica especial para las autoridades olímpicas y del deporte mundial y tantos otros que se han publicitado ya, fue uno de los factores claves para que la balanza se volcara definitivamente a favor de Londres el 6 de julio de 2005". También afirman que "esa clase de actitudes es la que se espera en el mundo del deporte de hoy, le guste o no a la gente".
Sin embargo estas declaraciones, que a primera vista -y a segunda tal vez también- parecen todo un desparpajo, tienen un sustento en lo que afirman los voceros del Departamento de Salud de la ciudad. Ellos juran y perjuran que £1:830.000 (casi U$S 3:000.000) han sido asignados al NHS londinense para que pueda satisfacer los requerimientos de "la familia olímpica" y, al mismo tiempo, asegurarse de que no se resienta la atención normal a los residentes locales.
Pese a la contundencia de dichas cifras, un sector de los liberales demócratas, fracción política que comparte el gobierno con los conservadores, no claudica o, quizás, no cree en las afirmaciones del Departamento de Salud. Se resisten, pero más que resistirse, se retuercen ante la aparente discriminación: "no puede haber una norma para el COI y otra para los contribuyentes que pagan por el servicio de la Salud Pública. La sóla idea de que se salten la cola en las emergencias es horripilante, inaceptable y moralmente equivocada. Y además, el poder ver a especialistas en lugar de los médicos de guardia es algo completamente injustificable y casi imposible de imaginar".
El intercambio de golpes es durísimo por los dos lados. La pelea está planteada. Quizás todo nace en que se habla de instalar privilegios justamente en una nación que los ha negado sistemáticamente a lo largo y ancho de su historia.
A la barrida, más que al cruce, salen muchas voces que claman por un tratamiento al menos igualitario en la materia. Los doctores de las emergencias ya manifestaron su preocupación a viva voz por las consecuencias que esto puede acarrear, no sólo en el perjuicio que la medida causaría a los usuarios habituales de la Salud Pública londinense (NHS), sino también en cuanto a las escenas de auténtica rebelión con las que ellos tendrían que convivir prácticamente a diario en sus lugares de trabajo. Es que en Londres, el lapso promedio de espera para ser atendido en un caso de emergencia no extrema, que se da cuando el paciente ha conseguido trasladarse por sus propios medios al hospital de su zona, es de unos 90 minutos, es decir tres veces más de lo que se planifica para la llamada familia olímpica. En adición a esto, el contribuyente no está habilitado para pedir los servicios de un especialista para su dolencia, sino que debe recurrir a los buenos oficios de los doctores de guardia.
Frank Dobson es un político de extracción laborista, naturalmente opositor del actual gobierno de coalición constituido por conservadores y liberales demócratas. Dijo lisa y llanamente que "el acceso con privilegios a los servicios de Accidentes y Emergencias del NHS, sería simplemente ridículo, tanto como tremendamente injusto por cierto". Y agregó que "fíjense que si a Sepp Blatter (presidente de FIFA) se le quiebra un dedo, por qué habría que atenderlo antes que a un contribuyente que concurre a Emergencia con un problema mayor? Simplemente porque es una autoridad del deporte mundial? Al que le parezca que esto es medianamente razonable, que levante la mano ya y entonces sabremos con qué vara medirlo".
Claro que el alegato de Dobson tiene su contracara en los políticos que han sido forjadores del éxito de la candidatura londinense para organizar los Juegos este año. Este grupo afirma sin tapujos ni timidez, que "la promesa hecha al Comité Olímpico Internacional (COI) de privilegios como la atención médica especial para las autoridades olímpicas y del deporte mundial y tantos otros que se han publicitado ya, fue uno de los factores claves para que la balanza se volcara definitivamente a favor de Londres el 6 de julio de 2005". También afirman que "esa clase de actitudes es la que se espera en el mundo del deporte de hoy, le guste o no a la gente".
Sin embargo estas declaraciones, que a primera vista -y a segunda tal vez también- parecen todo un desparpajo, tienen un sustento en lo que afirman los voceros del Departamento de Salud de la ciudad. Ellos juran y perjuran que £1:830.000 (casi U$S 3:000.000) han sido asignados al NHS londinense para que pueda satisfacer los requerimientos de "la familia olímpica" y, al mismo tiempo, asegurarse de que no se resienta la atención normal a los residentes locales.
Pese a la contundencia de dichas cifras, un sector de los liberales demócratas, fracción política que comparte el gobierno con los conservadores, no claudica o, quizás, no cree en las afirmaciones del Departamento de Salud. Se resisten, pero más que resistirse, se retuercen ante la aparente discriminación: "no puede haber una norma para el COI y otra para los contribuyentes que pagan por el servicio de la Salud Pública. La sóla idea de que se salten la cola en las emergencias es horripilante, inaceptable y moralmente equivocada. Y además, el poder ver a especialistas en lugar de los médicos de guardia es algo completamente injustificable y casi imposible de imaginar".
El intercambio de golpes es durísimo por los dos lados. La pelea está planteada. Quizás todo nace en que se habla de instalar privilegios justamente en una nación que los ha negado sistemáticamente a lo largo y ancho de su historia.
domingo, 10 de junio de 2012
Andarán a los saltos
El color que normalmente se aplicaría para decorar las primeras horas de un lunes, sería indudablemente el gris. Volver al trabajo luego de un fin de semana cualquiera y en cualquier parte del mundo, se hace cuesta arriba. Es casi una premisa universal, aunque en Londres ese gris no se aloje sólo en el ánimo del individuo que se dispone a encarar una dura semana de trabajo, sino que sea una casi perpetua donación de las nubes que cubren el cielo cada día.
Pero siempre existen días que son especiales, no tan grises...y los lunes pueden estar incluidos también. Tal es el caso del pasado 14 de mayo, un lunes que fue justamente muy especial. Desde las primeras horas del día el colorido monopolizó algunas zonas de la ciudad. El centro del bullicio fue el tramo comprendido entre las estaciones de Subte (Underground) de Monument y London Bridge, donde acróbatas de ambos sexos desafiaron la modorra de los transeúntes con piruetas increíbles y saltos poco menos que ornamentales, que a primera vista podrían competir con los de los atletas que invadirán la ciudad en el próximo mes de julio.
Es el comienzo de la segunda "Semana de Caminar al Trabajo" (la primera se organizó en abril último). Mientras entrega algo a las personas que se dirigen a la estación de Monument, casi a orillas del río Támesis, Jimmy (52), un escocés que en los últimos meses ha estado dedicado de lleno a diferentes actividades relacionadas con los preparativos de la ciudad para los Juegos Olímpicos, explica lo que está pasando en la zona: "estoy entregándole a la gente mapas de las diferentes calles para que se animen a cubrir el tramo a pie sin necesidad de tomar el Underground. Muchas personas toman el tren y se bajan en la siguiente estación, cuando ese mismo trayecto se puede hacer fácilmente caminando. Por ejemplo entre Monument y London Bridge, que es la siguiente parada, hay sólo seis minutos de caminata".
Jean (25), belga de nacimiento, está sencillamente exhausto. Es atleta amateur, como casi todos sus colegas acróbatas y está contento de formar parte de esta especie de aventura. Explica que "se trata de hacer razonar a la gente. Londres se va a poner terrible durante los Juegos, el Subte va a estar imposible por momentos, de modo que es muy fácil deducir que para llegar a sus trabajos les va a resultar mucho más simple y rápido hacer a pie determinados tramos cortos, como por ejemplo este que separa Monument de London Bridge". Parece muy claro que el joven quiere ganar algún minutito más para recuperar fuerzas, así que continúa con su explicación: "desde hoy hasta el viernes 18 (de mayo) vamos a estar por acá haciendo nuestras acrobacias entre las dos estaciones. Es que queremos demostrarle a la gente que si cada uno de nosotros puede cubrir el trayecto saltando de esta forma, ellos, caminando normalmente tienen que hacerlo sin inmutarse. Y haciendo un gesto con la cabeza en dirección a su colega, agrega: "y todavía están Jimmy y muchos otros entregando los mapas para mostrarles cuál es el camino más corto que pueden hacer".
Eric (37), lituano, parece supervisar la actividad de entrega de mapas. Es una especie de titiritero, está en todos lados, cuida que ninguno de los que entran en la estación lo haga sin el papel con el trazado de las rutas más cortas entre las estaciones de subte. Se toma un respiro para aclarar que "es que hay nada menos que 47 tramos entre estaciones de subte londinenses que pueden cubrirse a pie en menos de 10 minutos y esto hay que hacérselo entender a la gente, a los trabajadores para que, llegado el momento de los Juegos, no terminen pasando malos ratos o llegando tarde a la oficina cuando las estaciones estén atestadas por la gente que viene a ver los Juegos Olímpicos".
Mientras raudamente se dirige a reanudar sus acrobacias, Jean deja un último mensaje: "nuestras acrobacias son graciosas y fantásticas pero hoy contienen un mensaje mucho más serio para la gente y es que caminar es la alternativa más fácil durante los Juegos Olímpicos".
A pocos metros de la entrada de la estación de Monument, un gran cartel reza: Fase 1 - Mentalizarse de cómo el transporte se verá afectado por los Juegos. Fase 2 - Alternativas: Caminata, cliclismo y telefonear en lugar de tener encuentros personales. Fase 3 - Alentar a la gente a activar esas opciones cuando llegue el momento de los Juegos Olímpicos.
El paragua es un elemento muy familiar en Londres, siempre lo ha sido por supuesto. Claro que ahora, además de usarse para proteger de la lluvia a los londinenses, se abre también para prevenir sobre otros avatares que los cercanos Juegos Olímpicos puedan dejar caer sobre la ciudad.
Pero siempre existen días que son especiales, no tan grises...y los lunes pueden estar incluidos también. Tal es el caso del pasado 14 de mayo, un lunes que fue justamente muy especial. Desde las primeras horas del día el colorido monopolizó algunas zonas de la ciudad. El centro del bullicio fue el tramo comprendido entre las estaciones de Subte (Underground) de Monument y London Bridge, donde acróbatas de ambos sexos desafiaron la modorra de los transeúntes con piruetas increíbles y saltos poco menos que ornamentales, que a primera vista podrían competir con los de los atletas que invadirán la ciudad en el próximo mes de julio.
Es el comienzo de la segunda "Semana de Caminar al Trabajo" (la primera se organizó en abril último). Mientras entrega algo a las personas que se dirigen a la estación de Monument, casi a orillas del río Támesis, Jimmy (52), un escocés que en los últimos meses ha estado dedicado de lleno a diferentes actividades relacionadas con los preparativos de la ciudad para los Juegos Olímpicos, explica lo que está pasando en la zona: "estoy entregándole a la gente mapas de las diferentes calles para que se animen a cubrir el tramo a pie sin necesidad de tomar el Underground. Muchas personas toman el tren y se bajan en la siguiente estación, cuando ese mismo trayecto se puede hacer fácilmente caminando. Por ejemplo entre Monument y London Bridge, que es la siguiente parada, hay sólo seis minutos de caminata".
Jean (25), belga de nacimiento, está sencillamente exhausto. Es atleta amateur, como casi todos sus colegas acróbatas y está contento de formar parte de esta especie de aventura. Explica que "se trata de hacer razonar a la gente. Londres se va a poner terrible durante los Juegos, el Subte va a estar imposible por momentos, de modo que es muy fácil deducir que para llegar a sus trabajos les va a resultar mucho más simple y rápido hacer a pie determinados tramos cortos, como por ejemplo este que separa Monument de London Bridge". Parece muy claro que el joven quiere ganar algún minutito más para recuperar fuerzas, así que continúa con su explicación: "desde hoy hasta el viernes 18 (de mayo) vamos a estar por acá haciendo nuestras acrobacias entre las dos estaciones. Es que queremos demostrarle a la gente que si cada uno de nosotros puede cubrir el trayecto saltando de esta forma, ellos, caminando normalmente tienen que hacerlo sin inmutarse. Y haciendo un gesto con la cabeza en dirección a su colega, agrega: "y todavía están Jimmy y muchos otros entregando los mapas para mostrarles cuál es el camino más corto que pueden hacer".
Eric (37), lituano, parece supervisar la actividad de entrega de mapas. Es una especie de titiritero, está en todos lados, cuida que ninguno de los que entran en la estación lo haga sin el papel con el trazado de las rutas más cortas entre las estaciones de subte. Se toma un respiro para aclarar que "es que hay nada menos que 47 tramos entre estaciones de subte londinenses que pueden cubrirse a pie en menos de 10 minutos y esto hay que hacérselo entender a la gente, a los trabajadores para que, llegado el momento de los Juegos, no terminen pasando malos ratos o llegando tarde a la oficina cuando las estaciones estén atestadas por la gente que viene a ver los Juegos Olímpicos".
Mientras raudamente se dirige a reanudar sus acrobacias, Jean deja un último mensaje: "nuestras acrobacias son graciosas y fantásticas pero hoy contienen un mensaje mucho más serio para la gente y es que caminar es la alternativa más fácil durante los Juegos Olímpicos".
A pocos metros de la entrada de la estación de Monument, un gran cartel reza: Fase 1 - Mentalizarse de cómo el transporte se verá afectado por los Juegos. Fase 2 - Alternativas: Caminata, cliclismo y telefonear en lugar de tener encuentros personales. Fase 3 - Alentar a la gente a activar esas opciones cuando llegue el momento de los Juegos Olímpicos.
El paragua es un elemento muy familiar en Londres, siempre lo ha sido por supuesto. Claro que ahora, además de usarse para proteger de la lluvia a los londinenses, se abre también para prevenir sobre otros avatares que los cercanos Juegos Olímpicos puedan dejar caer sobre la ciudad.
sábado, 9 de junio de 2012
Proscriptas
La piscina del Watford Leisure Centre es un hervidero de gente de todos los grupos sociales, culturales y étnicos. En el gimnasio no queda un sólo aparato libre. Las miradas implorantes de los chicos de la Administración del club, piden más brazos como único medio de llegar al fin de la jornada con un mínimo de energía que, al menos, les permita regresar exitosamente a sus hogares. Watford es una ciudad de unos 75.000 habitantes que limita con Londres por su borde noroeste. Es casi un barrio más de la capital, claro que a sus habitantes no les place reconocerlo.
Zisha y sus amigas, todas adolescentes de entre 16 y 18 primaveras, están practicando mariposa, estilo libre, en fin, lo que venga porque lo importante es que se criaron en un país y en una cultura que les permite practicar el deporte con absoluta libertad y en todas sus modalidades. Zisha es la que lleva la voz cantante, ella marca el cambio de estilo, cuántas piletas hay que recorrer, en fin, todo.
Y, como no podía ser de otra manera, es también la que habla y lo hace hasta por los codos. Habla mucho, estudia lo justo según dice y hay que creérselo, va a bailar con sus amigas y...hace deporte. Es que sus libertades son plenas e irrestrictas, simplemente porque no está en Saudi Arabia donde apenas alcanzó a nacer, ya que a la semana sus padres emigraron con ella hacia las Islas Británicas. Dice tanto en tan poco tiempo que el receptor de su verborragia tiene que esforzarse al máximo para retenerlo todo: "ellas (las amigas) son todas de origen asiático, algunas nacidas acá, otras, como yo, las trajeron de bebés. Sabemos que allá las chicas no tienen educación física en las escuelas, así que mis padres siempre me dicen que valoremos todo esto que ellos consiguieron viniéndose para acá".
Zisha se interrumpe muy brevemente para indicarle a sus amigas un cambio de estilo, pero casi ni toma aire para seguir hablando. El liderazgo le sale por todos los poros: "mis padres me cuentan que en Saudi Arabia son los clérigos radicales los que se oponen a que la mujer haga deporte. Qué ridículo, sabe lo que dicen? Que tanta libertad acerca a la mujer al pecado. A mi simplemente me parece que es un atraso y punto. Es verdad que nosotras (mira a sus amigas que nadan sin parar) nos criamos todas acá y por eso lo vemos todo diferente".
El agua salta para todos lados, la jarana no para, la competencia se descontrola así que Zisha se vuelve a interrumpir para restablecer el orden perdido. Estudia en la Westfield Comunity Technology School, en la zona oeste de Watford y comenta que allí prácticamente las acalambran con la gimnasia, las carreras y los saltos. "En casa dicen que hay clérigos radicales que ya no saben qué más decir para que las mujeres queden marginadas del deporte, llegaron a inventar que el esfuerzo les puede romper la virginidad, qué disparate!", exclama Zisha mientras los ojos de color azabache casi se le saltan de las órbitas.
La jinete de equitación Dalma Malhas ya participó en los Juegos Olímpicos Juveniles de Singapur en 2010. Lo hizo a la sombra del pabellón de Saudi Arabia pero sin el reconocimiento oficial del gobierno de su país. En pocas semanas la historia se repetiría y Dalma competiría en Londres bajo las mismas condiciones.
Zisha y sus amigas son realmente afortunadas. Las mujeres que quedaron en Saudi Arabia y en paísis regidos por la doctrina islamita tienen que esconderse para practicar el deporte. Reema Abdulá (33) es la entrenadora y delantera del Jeddah King's United, un club de fútbol femenino de Saudi Arabia, cuyas integrantes juegan sus partidos y practican con el velo y los vestidos largos puestos. Los muros que las rodean las protegen asimismo de la vista de los hombres. Los vestuarios están acondicionados a la exigencia islamita. Zisha, a quien no se le escapa una, conoce la historia y sabe perfectamente que Reema es además la cabeza de una procesión de mujeres que luchan en Saudi Arabia para que se les permita hacer deporte y, yendo más lejos, "ella aspira a que algún día allá (en Saudi Arabia) puedan ver a una mujer hacer flamear el pabellón patrio en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos".
Zisha y sus amigas, todas adolescentes de entre 16 y 18 primaveras, están practicando mariposa, estilo libre, en fin, lo que venga porque lo importante es que se criaron en un país y en una cultura que les permite practicar el deporte con absoluta libertad y en todas sus modalidades. Zisha es la que lleva la voz cantante, ella marca el cambio de estilo, cuántas piletas hay que recorrer, en fin, todo.
Y, como no podía ser de otra manera, es también la que habla y lo hace hasta por los codos. Habla mucho, estudia lo justo según dice y hay que creérselo, va a bailar con sus amigas y...hace deporte. Es que sus libertades son plenas e irrestrictas, simplemente porque no está en Saudi Arabia donde apenas alcanzó a nacer, ya que a la semana sus padres emigraron con ella hacia las Islas Británicas. Dice tanto en tan poco tiempo que el receptor de su verborragia tiene que esforzarse al máximo para retenerlo todo: "ellas (las amigas) son todas de origen asiático, algunas nacidas acá, otras, como yo, las trajeron de bebés. Sabemos que allá las chicas no tienen educación física en las escuelas, así que mis padres siempre me dicen que valoremos todo esto que ellos consiguieron viniéndose para acá".
Zisha se interrumpe muy brevemente para indicarle a sus amigas un cambio de estilo, pero casi ni toma aire para seguir hablando. El liderazgo le sale por todos los poros: "mis padres me cuentan que en Saudi Arabia son los clérigos radicales los que se oponen a que la mujer haga deporte. Qué ridículo, sabe lo que dicen? Que tanta libertad acerca a la mujer al pecado. A mi simplemente me parece que es un atraso y punto. Es verdad que nosotras (mira a sus amigas que nadan sin parar) nos criamos todas acá y por eso lo vemos todo diferente".
El agua salta para todos lados, la jarana no para, la competencia se descontrola así que Zisha se vuelve a interrumpir para restablecer el orden perdido. Estudia en la Westfield Comunity Technology School, en la zona oeste de Watford y comenta que allí prácticamente las acalambran con la gimnasia, las carreras y los saltos. "En casa dicen que hay clérigos radicales que ya no saben qué más decir para que las mujeres queden marginadas del deporte, llegaron a inventar que el esfuerzo les puede romper la virginidad, qué disparate!", exclama Zisha mientras los ojos de color azabache casi se le saltan de las órbitas.
La jinete de equitación Dalma Malhas ya participó en los Juegos Olímpicos Juveniles de Singapur en 2010. Lo hizo a la sombra del pabellón de Saudi Arabia pero sin el reconocimiento oficial del gobierno de su país. En pocas semanas la historia se repetiría y Dalma competiría en Londres bajo las mismas condiciones.
Zisha y sus amigas son realmente afortunadas. Las mujeres que quedaron en Saudi Arabia y en paísis regidos por la doctrina islamita tienen que esconderse para practicar el deporte. Reema Abdulá (33) es la entrenadora y delantera del Jeddah King's United, un club de fútbol femenino de Saudi Arabia, cuyas integrantes juegan sus partidos y practican con el velo y los vestidos largos puestos. Los muros que las rodean las protegen asimismo de la vista de los hombres. Los vestuarios están acondicionados a la exigencia islamita. Zisha, a quien no se le escapa una, conoce la historia y sabe perfectamente que Reema es además la cabeza de una procesión de mujeres que luchan en Saudi Arabia para que se les permita hacer deporte y, yendo más lejos, "ella aspira a que algún día allá (en Saudi Arabia) puedan ver a una mujer hacer flamear el pabellón patrio en la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos".
viernes, 8 de junio de 2012
No molestar: Suite olímpica
Ashkar, uno de los porters de la recepción del majestuoso Hotel Dorchester, ubicado en la Park Lane, famosa por ser la avenida donde se levantan los hoteles más lujosos de Londres, le saca lustre a un Porshe negro descomunal, estacionado a un costado de la entrada principal.
Ashkar (22) es de Sri Lanka, uno de los millones de asiáticos que han llegado a las islas en busca de un futuro mejor, lo cual comprende en casi todos los casos el enviar dinero y unas cuantas valijas llenas de dignidad para su familia. Ahora hace una pausa, aunque no queda claro si es para que descanse el músculo de su brazo derecho o para que no se salte la pintura del coche, habida cuenta del ahínco que pone en la tarea. "Este es de un dignatario olímpico, es un árabe, el Comité Olímpico le reservó hace meses una de las suites más lujosas. Ahora aprovechó que venía a Londres por negocios y la quiso visitar, no sea cosa que después se encuentre con que lo mandaron a una pensión", dice el asiático entre risas.
Aparece en escena Piotr, uno de los recepcionistas. Lo han enviado para que le remarque a Ashkar que no apure el trabajo, que simplemente se esmere al máximo ya que lo importante, por razones obvias, es que el encerado quede perfecto e inmaculado. "Este huésped es uno de los que han confirmado que vienen para los Juegos. Bah, en realidad la confirmación la hizo el Comité Olímpico, él ha venido para ver la suite", aclara Piotr (34), un checo con varios diplomas a cuestas en hotelería. "Saben cuánto vale esa suite-apartamento? 1.500 libras (unos U$S 2.600) por noche y el hombre va a estar diez días".
Enfrente el verde inmaculado del Hyde Park compite con el sempiterno gris del cielo londinense. Un Aston Martin plateado y casi galáctico se desliza por la Park Lane y se mete de trompa en una de las automotoras para coches de lujo, que conviven con los hoteles exclusivos de la zona.
"Hace meses que el Comité Olímpico hizo más de 30.000 reservaciones para dignatarios olímpicos. Y todavía están las grandes multinacionales que reservaron suites para sus mejores clientes. Pero ya han habido casi 7.000 cancelaciones, en estos casos siempre pasa eso en las semanas previas al evento, por lo cual quedan suites disponibles y no sólo acá sino en todos los hoteles de este nivel". Quien esto dice es Zumu (36). Es de Senegal y trabaja en el departamento de Reservaciones del Hotel Atheneum, un 5 estrellas ubicado en la Picadilly Street, frente al Green Park y a escasos metros de Hyde Park Corner, uno de los principales accesos a ese gran espacio verde del centro de Londres.
De regreso en la Park Lane Luke (41), de Dublin, termina de despedir con su mejor repertorio de reverencias, a un importante huésped a las puertas del Grosvenor House, otro de los titanes de la hotelería londinense. "Y, sí, claro, en esta clase de hoteles siempre va a haber disponibilidad, haya o no cancelaciones del Comité Olímpico. Si un huésped tiene 5.000 dólares (atípicamente Luke habla en dólares) para una noche en una suite del Savoy o 6.000 para una velada muy especial en el Ritz y todavía anuncia que se quedará siete o diez días, es seguro que nadie le va a poner obstáculos. Y todavía, en las suites más lujosas, al menos acá, nos encargamos de ponerle un mayordomo para que le ordene los desayunos, las cenas, le pida los taxis y le averigue todo lo que necesite del mundo exterior, qué más puede pedir?", remarca entre sonoras carcajadas.
Y claro que tiene razón. Es indiscutible, no admite dos opiniones. Este tipo de turista con tan altas calificaciones financieras, no se va a quedar sin ver los Juegos, seguro que no. Hay dos razones medulares para ello. La primera es que tiene en abundancia lo que más se necesita para estas emergencias: dinero. Y la segunda es que ha venido al lugar justo, porque el abanico de hotelería exclusiva que Londres puede ofrecerle a un huésped tan encumbrado y todopoderoso, sencillamente es uno de los mejores del planeta. Tanto, que esa fue una de las razones preponderantes para que el 6 de julio de 2005 el Comité Olímpico la eligiera por tercera vez para acunar a la justa deportiva más importante de La Tierra: los Juegos Olímpicos.
Ashkar (22) es de Sri Lanka, uno de los millones de asiáticos que han llegado a las islas en busca de un futuro mejor, lo cual comprende en casi todos los casos el enviar dinero y unas cuantas valijas llenas de dignidad para su familia. Ahora hace una pausa, aunque no queda claro si es para que descanse el músculo de su brazo derecho o para que no se salte la pintura del coche, habida cuenta del ahínco que pone en la tarea. "Este es de un dignatario olímpico, es un árabe, el Comité Olímpico le reservó hace meses una de las suites más lujosas. Ahora aprovechó que venía a Londres por negocios y la quiso visitar, no sea cosa que después se encuentre con que lo mandaron a una pensión", dice el asiático entre risas.
Aparece en escena Piotr, uno de los recepcionistas. Lo han enviado para que le remarque a Ashkar que no apure el trabajo, que simplemente se esmere al máximo ya que lo importante, por razones obvias, es que el encerado quede perfecto e inmaculado. "Este huésped es uno de los que han confirmado que vienen para los Juegos. Bah, en realidad la confirmación la hizo el Comité Olímpico, él ha venido para ver la suite", aclara Piotr (34), un checo con varios diplomas a cuestas en hotelería. "Saben cuánto vale esa suite-apartamento? 1.500 libras (unos U$S 2.600) por noche y el hombre va a estar diez días".
Enfrente el verde inmaculado del Hyde Park compite con el sempiterno gris del cielo londinense. Un Aston Martin plateado y casi galáctico se desliza por la Park Lane y se mete de trompa en una de las automotoras para coches de lujo, que conviven con los hoteles exclusivos de la zona.
"Hace meses que el Comité Olímpico hizo más de 30.000 reservaciones para dignatarios olímpicos. Y todavía están las grandes multinacionales que reservaron suites para sus mejores clientes. Pero ya han habido casi 7.000 cancelaciones, en estos casos siempre pasa eso en las semanas previas al evento, por lo cual quedan suites disponibles y no sólo acá sino en todos los hoteles de este nivel". Quien esto dice es Zumu (36). Es de Senegal y trabaja en el departamento de Reservaciones del Hotel Atheneum, un 5 estrellas ubicado en la Picadilly Street, frente al Green Park y a escasos metros de Hyde Park Corner, uno de los principales accesos a ese gran espacio verde del centro de Londres.
De regreso en la Park Lane Luke (41), de Dublin, termina de despedir con su mejor repertorio de reverencias, a un importante huésped a las puertas del Grosvenor House, otro de los titanes de la hotelería londinense. "Y, sí, claro, en esta clase de hoteles siempre va a haber disponibilidad, haya o no cancelaciones del Comité Olímpico. Si un huésped tiene 5.000 dólares (atípicamente Luke habla en dólares) para una noche en una suite del Savoy o 6.000 para una velada muy especial en el Ritz y todavía anuncia que se quedará siete o diez días, es seguro que nadie le va a poner obstáculos. Y todavía, en las suites más lujosas, al menos acá, nos encargamos de ponerle un mayordomo para que le ordene los desayunos, las cenas, le pida los taxis y le averigue todo lo que necesite del mundo exterior, qué más puede pedir?", remarca entre sonoras carcajadas.
Y claro que tiene razón. Es indiscutible, no admite dos opiniones. Este tipo de turista con tan altas calificaciones financieras, no se va a quedar sin ver los Juegos, seguro que no. Hay dos razones medulares para ello. La primera es que tiene en abundancia lo que más se necesita para estas emergencias: dinero. Y la segunda es que ha venido al lugar justo, porque el abanico de hotelería exclusiva que Londres puede ofrecerle a un huésped tan encumbrado y todopoderoso, sencillamente es uno de los mejores del planeta. Tanto, que esa fue una de las razones preponderantes para que el 6 de julio de 2005 el Comité Olímpico la eligiera por tercera vez para acunar a la justa deportiva más importante de La Tierra: los Juegos Olímpicos.
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