-Sacá esta payasada, poné a Sunderland que se está salvando!!
La celeste -otra celeste, la enemiga, no la venerada por todos los uruguayos- se paseaba por el verde y en el banco faltaba que alguien descorchara el champagne y todos brindaran por el nuevo título que la distracción y el resbalón posterior de Steven Gerrard les dejara servido en bandeja de plata.
Ahora los que se florean tienen camiseta rayada roja y blanca y los humillados no visten la albivioleta de Fénix como Aston Villa, sino otra rayada, pero azul y blanca. Es el West Bromwich Albion de Diego Lugano, presente en la cancha una vez más, asistiendo desde adentro a la concreción del ya famoso milagro del Sunderland de Gustavo Poyet. "Los Milagros Suceden Gus", dice la pancarta que no ha faltado ni una vez en muchos partidos, desde cuando la cosa quemaba, cuando estaba brava, cuando el mismo uruguayo declaró públicamente que solamente un milagro los salvaría del temido descenso.
"Ahora creo en milagros, me trajeron para mantener al club en la Premier, lo hemos hecho con cierto estilo y eso será recordado para siempre. La gente hablará de la temporada en que Sunderland estaba 7 puntos hundido en la zona de descenso con sólo 6 partidos por jugar y terminó salvándose hasta holgadamente", declara el eufórico y aliviado entrenador uruguayo.
En el centro de la cancha ya no corre la pelota. Gustavo Poyet abraza a sus jugadores uno por uno y hasta hay alguien del cuadro rival, el derrotado, que se cuela en la felicitación: obviamente es el capitán de la selección uruguaya, Diego Lugano. El técnico del momento en Inglaterra le dice también algo que no parece demasiado difícil de descifrar y que está directamente relacionado con el deseo ferviente de éxito rotundo en el Mundial de Brasil.
Momentos antes, mientras aún se jugaban los últimos minutos, el Stade of Light de Sunderland se rajaba, se movía, temblaba. Todos saltando, todos cantando. Qué coreaban? "No, no cantaban 'Es todo por Poyet', más bien coreaban con un tono especial un "Gustavo Poyet más alargado en las sílabas y sobre todo muy inglesado", aclara el entrenador del otro lado de la línea. Lo cierto es que, en vivo o a través de la TV, era evidente que el canto colectivo estaba dirigido al responsable del milagro. Y erizaba la piel, sí que la erizaba, sobre todo si de uruguayos se trata.
"Este es el mayor logro de mi vida y uno de mis días más felices, pienso en los hinchas, en el staff del club, en el "chairman" (propietario) y estoy encantado de que cada uno regrese a su casa sabiendo que otra vez tendrán fútbol de Premier League la próxima temporada", agrega el ex-River Plate.
Será por eso que, aún antes de saludar a sus futbolistas, desde el círculo central saludó y hasta acicateó todavía más a ese estadio enfervorizado, en cuyas tribunas el abuelo y el nieto, el padre, la madre y el hijo saltaban, cantaban y lloraban abrazados, agradecidos hasta el fondo del alma a ese hombre alto y delgado de pelo negro, que desde allá abajo les ofrecía todo un repertorio de gestos ampulosos impregnados de victoria. Pocas, muy pocas veces, se da el caso de que un entrenador sea condecorado con un porcentaje tan inmenso de responsabilidad a la hora de la victoria de un club de fútbol. Pero lo cierto es que este fue realmente el caso de Gustavo Poyet y Sunderland, así de obvia fue la incidencia del técnico uruguayo en el milagro del "Derland", como familiarmente llaman sus fanáticos a la institución del norte de Inglaterra.
"Ahora a disfrutar ésto, pero eso sí, no quiero ni saber de una temporada más como ésta, fue demasiado duro todo y no me quiero morir todavía, pretendo un Sunderland que juegue con mi estilo y que se pueda disfrutar viéndolo. No, lo de esta vez nunca más para mi, fue demasiado"
La pancarta no se va, no se rinde. Ya está, es la hora del gran festejo pero ellos siguen allí: "Los Milagros Suceden Gus". Es verdad, Poyet la vio muy fea en su momento y pensó sinceramente que sólo un milagro podía salvar a Sunderland. Es más, ni siquiera dudó en declararlo públicamente, no tuvo pudor alguno en hacerlo porque así lo sintió. Pero...y si se autosubestimó? Si él mismo, afincado en su corta experiencia como entrenador, no se dio cuenta que podía cambiarle radicalmente la mentalidad a un plantel que lucía entregado, rendido, abochornado? Y si no percibió que sus dotes como técnico eran mucho más de lo que él mismo suponía y que darles vuelta la cabeza a esos futbolistas era sólo una cuestión de llegar a tiempo o no para evitar el desastre?
Y dicho todo ésto, en verdad fue un milagro?
jueves, 8 de mayo de 2014
martes, 29 de abril de 2014
Real Madrid lanza los misiles
Ahora ya no hay humo, el aire está despejado y se puede ver perfectamente como desde el Paseo de la Castellana Florentino Pérez da la orden para que los misiles comiencen a caer sobre Liverpool. La Armada Española se declara en pie de guerra porque su Comandante en Jefe ha decidido hacerse con un refuerzo clave para su ejército. Ha dicho simplemente que no se conforma con alinear a uno de los tres mejores jugadores de fútbol del planeta, sino que quiere dos y que cuando uno de esos proyectiles explote sobre el estadio de Anfield Road, no escupirá fuego sino la friolera de 70 millones de libras para que Luis Alberto Suárez Díaz se vista de blanco...antes de tocar la primera pelota en el Mundial de Brasil.
El presidente de Real Madrid está convencido que esa cifra activará la "cláusula gatillo" del nuevo multi-millonario contrato firmado hace pocos meses con Liverpool por quien el matutino londinense "The Sun" califica la super-estrella uruguaya.
"Es por lejos (Suárez) uno de los tres mejores jugadores del mundo", declara el mandamás "merengue", quien no tendría el más mínimo inconveniente en cerrar el paquete incluyendo dentro del envoltorio al francés Karim Benzema o al promisorio juvenil Alvaro Morata. Ahora parece que no hay más humo, el cielo pinta claro, despejado, la decisión tomada y las armas cargadas por el mismísimo diablo con 70 millones de libras, apuntan directamente al cofre de la empresa Fenway Sports Ltd., propietaria del club Liverpool de Inglaterra.
UN TIGRE. "Pelearé para mantener a Suárez", le advierte Brendan Rodgers, el técnico "Red" al Real Madrid. Para el inteligente entrenador nor-irlandés la dolorosa derrota del domingo último a manos de las huestes de José Mourinho, no destruye los cimientos del nuevo imperio de Anfield, el mismo que él está reconstruyendo con tanto esfuerzo. El ex conductor del Swansea galés insiste en que continuará el proceso para reconquistar para el club la élite del fútbol europeo. "Muy simple, para que eso pase necesitamos a Luis Suárez", remata Rodgers. En buen romance, al comienzo de temporada el técnico peleó como un tigre para mantener al uruguayo en sus filas y no muestra la menor vacilación en renovar su lucha al final de esta Premier League.
MOTIVOS. Y para demostrar que sus garras están más afiladas que nunca, Rodgers enumera algunas razones claves para pelear con uñas y dientes por retener al uruguayo. La principal de ellas, según el entrenador "Red", es la clasificación obtenida por Liverpool para la próxima edición de la Champions League. "Eso es lo que le estaba faltando a Suárez", remarca Rodgers, para agregar que "además esas grandes noches europeas serían su recompensa por la lealtad con el club y por la lucha permanente que ha sostenido Luis.
Un segundo motivo, pero no menos importante que el anterior según Brendan Rodgers, es la adoración que Suárez recibe de los hinchas de Liverpool, "la cual no debe ser subestimada, porque Luis entiende perfectamente que en otro lado puede no recibir el mismo amor que le dan acá. Y lo entiende, sí, él lo entiende al punto que ama a la ciudad y a los hinchas. Además Steven Gerrard habló con él y le dijo que ésta es una oportunidad que él tiene para convertirse en una leyenda de este club".
"Es una gran mujer y le ofrece a él (Suárez) estabilidad en su vida. Ella le dice todo directamente y a la cara, además también ama Liverpool, la ciudad y la camaradería con las esposas de los otros jugadores". Así se refiere Brendan Rdgers a Sofía Balbi, la tercera razón por la cual considera que Luis Suárez debe quedarse en Liverpool. La describe como completamente afincada en Liverpool, como una mujer fuerte que es lógicamente una guía para su propia familia, pero cuyo trabajo de influencia sobre su marido ha redundado en favor del propio club de Anfield.
ALTO MANDO. Rodgers ya solicitó enfáticamente a John Henry, principal titular de Fenway Sports Ltd., que lo apoye en su determinación de mantener a Luis Suárez en el club. El técnico recalca que "esa actitud personal (no dejar que Suárez se vaya) no cambiará". Y hablando de Henry detalla que "es una persona mentalmente fuerte y la visión que él tiene del club incluye el mantener a los mejores jugadores". Los misiles de don Florentino caerán sobre Anfield Road, la ciudad se sacudirá con las explosiones, todo temblará pero la incógnita está ahí, flotando en el aire, entre las nubes eternas de estas islas: aguantarán los cimientos tal embestida?
"Es por lejos (Suárez) uno de los tres mejores jugadores del mundo", declara el mandamás "merengue", quien no tendría el más mínimo inconveniente en cerrar el paquete incluyendo dentro del envoltorio al francés Karim Benzema o al promisorio juvenil Alvaro Morata. Ahora parece que no hay más humo, el cielo pinta claro, despejado, la decisión tomada y las armas cargadas por el mismísimo diablo con 70 millones de libras, apuntan directamente al cofre de la empresa Fenway Sports Ltd., propietaria del club Liverpool de Inglaterra.
UN TIGRE. "Pelearé para mantener a Suárez", le advierte Brendan Rodgers, el técnico "Red" al Real Madrid. Para el inteligente entrenador nor-irlandés la dolorosa derrota del domingo último a manos de las huestes de José Mourinho, no destruye los cimientos del nuevo imperio de Anfield, el mismo que él está reconstruyendo con tanto esfuerzo. El ex conductor del Swansea galés insiste en que continuará el proceso para reconquistar para el club la élite del fútbol europeo. "Muy simple, para que eso pase necesitamos a Luis Suárez", remata Rodgers. En buen romance, al comienzo de temporada el técnico peleó como un tigre para mantener al uruguayo en sus filas y no muestra la menor vacilación en renovar su lucha al final de esta Premier League.
MOTIVOS. Y para demostrar que sus garras están más afiladas que nunca, Rodgers enumera algunas razones claves para pelear con uñas y dientes por retener al uruguayo. La principal de ellas, según el entrenador "Red", es la clasificación obtenida por Liverpool para la próxima edición de la Champions League. "Eso es lo que le estaba faltando a Suárez", remarca Rodgers, para agregar que "además esas grandes noches europeas serían su recompensa por la lealtad con el club y por la lucha permanente que ha sostenido Luis.
Un segundo motivo, pero no menos importante que el anterior según Brendan Rodgers, es la adoración que Suárez recibe de los hinchas de Liverpool, "la cual no debe ser subestimada, porque Luis entiende perfectamente que en otro lado puede no recibir el mismo amor que le dan acá. Y lo entiende, sí, él lo entiende al punto que ama a la ciudad y a los hinchas. Además Steven Gerrard habló con él y le dijo que ésta es una oportunidad que él tiene para convertirse en una leyenda de este club".
"Es una gran mujer y le ofrece a él (Suárez) estabilidad en su vida. Ella le dice todo directamente y a la cara, además también ama Liverpool, la ciudad y la camaradería con las esposas de los otros jugadores". Así se refiere Brendan Rdgers a Sofía Balbi, la tercera razón por la cual considera que Luis Suárez debe quedarse en Liverpool. La describe como completamente afincada en Liverpool, como una mujer fuerte que es lógicamente una guía para su propia familia, pero cuyo trabajo de influencia sobre su marido ha redundado en favor del propio club de Anfield.
ALTO MANDO. Rodgers ya solicitó enfáticamente a John Henry, principal titular de Fenway Sports Ltd., que lo apoye en su determinación de mantener a Luis Suárez en el club. El técnico recalca que "esa actitud personal (no dejar que Suárez se vaya) no cambiará". Y hablando de Henry detalla que "es una persona mentalmente fuerte y la visión que él tiene del club incluye el mantener a los mejores jugadores". Los misiles de don Florentino caerán sobre Anfield Road, la ciudad se sacudirá con las explosiones, todo temblará pero la incógnita está ahí, flotando en el aire, entre las nubes eternas de estas islas: aguantarán los cimientos tal embestida?
jueves, 17 de abril de 2014
El Gurú de Liverpool
Liverpool ya tenía el especialista desde muy poco después que Brendan Rodgers asumió el cargo de entrenador. Cuando la famosa mordida de Luis Suárez al serbio de Chelsea, Branislav Invanovic, el hombre indicado ya estaba en filas del club de Anfield. Es decir, no tuvieron que salir de apuro a buscarlo. En el momento en que Matt Lawton, del Daily Mail, decide indagar sobre vida y obra del profesional, Steve Peters, de profesión psicólogo-gurú, está confortablemente instalado en su propia oficina, muy cerca de la del entrenador de uno de los candidados de fierro a obtener el título de Campeón de la Premier League.
La nota inserta en las páginas 96 y 97 del Daily Mail del jueves 17 de abril, se titula: "Conozca el arma secreta de Liverpool - él no sabe nada de fútbol". Y así es con Peters, quien hizo sus primeras armas en el "Team Sky", es decir el equipo británico de cliclismo, adivine el lector, sí, muy bien, adivinó...sin saber tampoco nada de cliclismo.
"Mi papel es escuchar lo que Brendan (Rodgers) pretende y entonces hacerle sugerencias. Puede haber un problema con un jugador determinado. El entrenador me pregunta si puedo encargarme de eso y yo trato de hacerlo de la mejor manera posible", explica Peters sobre su trabajo en los "Reds". Un día a la semana este psicólogo-gurú trabaja con los futbolistas de Liverpool. Y dice que "cada vez Rodgers le explica lo que quiere de la parte psicológica para que los jugadores funcionen como equipo y entonces, es mi trabajo llegar a eso. Por ejemplo, estudiar qué jugadores están metidos de lleno en la cosa y quiénes no. Creo que ahora todos lo están haciendo realmente bien y tengo que agradecer a los muchachos por su concentración".
El profesional entiende que es crucial para los atletas de deportes de élite, el controloar adecuadamente el componente emocional que todos tenemos en el cerebro, porque a la vez éste es también irracional y por ende peligroso a la hora de la alta competencia. Hay alguna técnica específica para ayudar a las estrellas a alcanzar el máximo rendimiento? Peters aclara que no hay un procedimiento mágico para lograrlo, más bien especifica que "es todo acerca de un cambio en la vida que hacen, no sólo en el deporte que ellos practican".
Jordan Henderson y Daniel Sturridge acudieron a Steve Peters y terminaron comentando sobre la importancia del papel del psicólogo en el suceso que vienen alcanzando hasta el momento. "Es grandioso trabajar con ellos (Henderson y Sturridge), tienen formas distintas de soportar la presión que genera esta carrera por el título, pero ambos escuchan, se compenetran y se enganchan en la cosa. Somos un equipo, ellos y yo, trabajando en sus mentes, explorándolas juntos", explica Peters.
Sobre Steven Gerrard, el profesional aclara que el capitán es "muy inteligente, muy listo, sabe lo que necesita hacer y sólo necesita de mi que le aporte las bases para actuar". Quien el periodista Matt Lawton califica como el arma secreta de Liverpool, da a conocer que la mente es tan poderosa que puede sabotear un equipo entero, "así que la clave está en explicarle a los futbolistas lo que hace la mente para sabotear el equipo; acto seguido, les proporciono los atributos que ellos necesitan para impedirlo".
No se necesita ser demasiado sagaz como para darse cuenta que este hombre, aunque la nota del Daily Mail no lo especifique, ha jugado un papel crucial en el cambio de comportamiento de Luis Suárez adentro de la cancha, una conducta que, sacando algunas protestas airadas y demasiado vistosas, se ha vuelto casi intachable. Por eso es que a Steve Peters indudablemente le queda aún trabajo por hacer con el ídolo uruguayo, quien "se regaló" el domingo pasado ante Manchester City, fingiendo claramente un foul penal que el zaguero argentino Demichelis no cometió. Clattenburg decidió perdonarle la vida, no le mostró la segunda amarilla que correspondía, el de Salto quedó en la cancha y estará al firme el domingo para la nueva final que los "Reds" jugarán de visitantes ante Norwich City.
El entrenador de Inglaterra, Roy Hodgson, ya contrató a Peters, el psicólogo gurú, para que esté junto al plantel de los "Three Lions" apenas comience la preparación final para el Mundial. Obviamente, el profesional viajará a Brasil y pasará a ser entonces, "el arma secreta de Inglaterra". En pocas palabras, para los uruguayos que ahora siguen al Liverpool de Luis Suárez con unción y hasta con fanatismo, de un día para el otro el psicólogo-gurú Steve Peters (60), se pasará al bando enemigo.
La nota inserta en las páginas 96 y 97 del Daily Mail del jueves 17 de abril, se titula: "Conozca el arma secreta de Liverpool - él no sabe nada de fútbol". Y así es con Peters, quien hizo sus primeras armas en el "Team Sky", es decir el equipo británico de cliclismo, adivine el lector, sí, muy bien, adivinó...sin saber tampoco nada de cliclismo.
"Mi papel es escuchar lo que Brendan (Rodgers) pretende y entonces hacerle sugerencias. Puede haber un problema con un jugador determinado. El entrenador me pregunta si puedo encargarme de eso y yo trato de hacerlo de la mejor manera posible", explica Peters sobre su trabajo en los "Reds". Un día a la semana este psicólogo-gurú trabaja con los futbolistas de Liverpool. Y dice que "cada vez Rodgers le explica lo que quiere de la parte psicológica para que los jugadores funcionen como equipo y entonces, es mi trabajo llegar a eso. Por ejemplo, estudiar qué jugadores están metidos de lleno en la cosa y quiénes no. Creo que ahora todos lo están haciendo realmente bien y tengo que agradecer a los muchachos por su concentración".
El profesional entiende que es crucial para los atletas de deportes de élite, el controloar adecuadamente el componente emocional que todos tenemos en el cerebro, porque a la vez éste es también irracional y por ende peligroso a la hora de la alta competencia. Hay alguna técnica específica para ayudar a las estrellas a alcanzar el máximo rendimiento? Peters aclara que no hay un procedimiento mágico para lograrlo, más bien especifica que "es todo acerca de un cambio en la vida que hacen, no sólo en el deporte que ellos practican".
Jordan Henderson y Daniel Sturridge acudieron a Steve Peters y terminaron comentando sobre la importancia del papel del psicólogo en el suceso que vienen alcanzando hasta el momento. "Es grandioso trabajar con ellos (Henderson y Sturridge), tienen formas distintas de soportar la presión que genera esta carrera por el título, pero ambos escuchan, se compenetran y se enganchan en la cosa. Somos un equipo, ellos y yo, trabajando en sus mentes, explorándolas juntos", explica Peters.
Sobre Steven Gerrard, el profesional aclara que el capitán es "muy inteligente, muy listo, sabe lo que necesita hacer y sólo necesita de mi que le aporte las bases para actuar". Quien el periodista Matt Lawton califica como el arma secreta de Liverpool, da a conocer que la mente es tan poderosa que puede sabotear un equipo entero, "así que la clave está en explicarle a los futbolistas lo que hace la mente para sabotear el equipo; acto seguido, les proporciono los atributos que ellos necesitan para impedirlo".
No se necesita ser demasiado sagaz como para darse cuenta que este hombre, aunque la nota del Daily Mail no lo especifique, ha jugado un papel crucial en el cambio de comportamiento de Luis Suárez adentro de la cancha, una conducta que, sacando algunas protestas airadas y demasiado vistosas, se ha vuelto casi intachable. Por eso es que a Steve Peters indudablemente le queda aún trabajo por hacer con el ídolo uruguayo, quien "se regaló" el domingo pasado ante Manchester City, fingiendo claramente un foul penal que el zaguero argentino Demichelis no cometió. Clattenburg decidió perdonarle la vida, no le mostró la segunda amarilla que correspondía, el de Salto quedó en la cancha y estará al firme el domingo para la nueva final que los "Reds" jugarán de visitantes ante Norwich City.
El entrenador de Inglaterra, Roy Hodgson, ya contrató a Peters, el psicólogo gurú, para que esté junto al plantel de los "Three Lions" apenas comience la preparación final para el Mundial. Obviamente, el profesional viajará a Brasil y pasará a ser entonces, "el arma secreta de Inglaterra". En pocas palabras, para los uruguayos que ahora siguen al Liverpool de Luis Suárez con unción y hasta con fanatismo, de un día para el otro el psicólogo-gurú Steve Peters (60), se pasará al bando enemigo.
jueves, 3 de abril de 2014
"Ese Poyet es realmene un genio"
Luis Suárez sigue recibiendo "caricias" de sus rivales, ellos lo "atienden" de la mejor manera posible, pero así y todo, no logran detenerlo. Muchos ya están renunciando a esas tácticas golpistas (no confundir con la acción de los pseudo-dirigentes uruguayos que derrocaron al brillante Ejecutivo de Sebastián Bauzá, esos sí que no pisarán jamás el "Lion D'Or"). Entre los que dejaron de pegarle duro al de Salto están algunos que no entran a las canchas, pero son -o eran- terribles rivales fuera de ella. La prensa inglesa en general y en particular The Sun y Daily Mail, se conforman actualmente con exponer a la luz del día, cada día, el arte del mejor jugador del mundo, sus trazados maravillosos, su fantasía, su obra demoledora.
De modo que los malvados tuvieron que hacer trabajar sus malévolas mentes a 1.000 kms. por hora para encontrar alguna otra víctima propiciatoria en quien descargar sus plumas maquiavélicas. Y por qué cambiar de nacionalidad? se preguntaron. Y ahí se miraron, todos guiados por el mismo pensamiento: "Gus Poyet, ese defendió demasiado a Suárez!" (así le llamaron siempre en Inglaterra), exclamaron a coro. Entonces se felicitaron unos a otros por la brillante idea, brindaron y pusieron manos a la obra, aprovechando que el uruguayo había agarrado un hierro caliente, tanto que la tarea de salvar a Sunderland del descenso, ya hace rato que le ha quemado las manos, ambas, no una sóla. Pero claro, es uruguayo y no va a aflojar un ápice, no se va a entregar ni loco, pese a que sus futbolistas, si bien se van automatizando con su idea, se niegan a darse cuenta que el fútbol no es por puntos y que, para ganar, hay que meter una pelota redonda en un rectángulo llamado arco.
Casi un mes atrás periodistas de The Sun visitaron la sede de Sunderland para preguntarle a Poyet qué le había ocurrido exactamente en un restaurante muy "chic" de Newcastle, mientras cenaba un lunes de noche junto a su Ayudante Técnico Mauricio Tallarico ("el Tano" según Gustavo).
Cuando el periodista uruguayo Martín Charquero llamó al entrenador a raíz de twits publicados por el humilde servidor que escribe esta nota, Gustavo explicó claramente que en aquella cena del restaurante pituco de Newcastle, se había sentido mal repentinamente tras ingerir una entrada de langostinos y un plato central que incluía más langostinos aún. Pretendió entonces ir a mojarse la cara al excusado, pero no llegó a hacerlo y tuvo que sentarse en el suelo apoyando su espalda contra la pared. Tras declinar en principio el llamado al 999 (en Inglaterra el número de la ambulancia pública), pasados unos minutos Poyet le sugirió al "Tano", su Ayudante: "mirá, llamala, ésto no es normal, no debe ser nada pero por las dudas llamala".
Tras los estudios primarios, el ex-River Plate le contó a Charquero que todo había resultado normal, aunque se decidió profundizarlos en el hospital y allí se trasladaron Técnico y Ayudante. A las pocas horas Gustavo Poyet estaba de regreso en su hogar, sano y salvo, sin que se le hubiera detectado anomalía física alguna. Al otro día estaba entrenando de nuevo a su equipo.
Pese a que esa tarde en las dependencias de Sunderland el entrenador uruguayo, tras explicarle en detalle lo sucedido en la cena de aquel lunes al periodista de The Sun, poco menos que le rogó, conociendo la tela, que no exageraran un ápice y que se limitaran a describir lo que él le terminaba de contar, el matutino salió -literalmente hablando- vendiendo boletines. Titulaban que probablemente Poyet había padecido un ataque de epilepsia, que perdido el conocimiento lo trasladaron de urgencia al hospital, que había pasado la noche internado y que no había asistido a los entrenamientos de su equipo hasta la víspera del día del partido.
"Para mi se terminaron (los periodistas de The Sun)", le confesó Poyet a Charquero en aquella nota. Y a estar por lo sucedido este último fin de semana, el técnico uruguayo cumplió a rajatabla. Según David Coverdale, el periodista de The Sun que fuera encargado de cubrir el choque entre Sunderland y West Ham, bajo el subtítulo de "Ridículo", cuenta cómo se las arregló para burlar la seguridad del "Stade of Light" de Sunderland e instalarse entre el público para llevarle a los lectores ese choque entre rivales directos por el descenso. El periodista alega que el local intentó prohibir la entrada al matutino, simplemente por haber dado a conocer la integración del equipo de Poyet antes del partido ante Liverpool en Anfield, la semana anterior. Por supuesto nada dice de la falsedad que envolvió el cuento que The Sun inventó sobre lo ocurrido con Poyet en el restaurante de Newcastle.
Dice que el uruguayo estaba furioso porque The Sun fue capaz de dar la alineación titular de ese partido ante los "Reds", sin que él se la hubiera comunicado oficial ni extra-oficialmente. Coverdale expresa que el lunes -obviamente tampoco esa noche Poyet le suministró a The Sun el once titular- él sólo erró en dar a Adam Johnson como titular cuando en realidad ingresó el argentino Santiago Vergini, mientras que agrega: "Oh, cómo Poyet hubiera deseado ingresar con los titulares que dimos nosotros, ya que sólo luego de que diera ingreso a Johnson a los 52', Sunderland lució peligroso para su rival".
Pero lo peor viene al pie de las páginas 54 y 55 del The Sun del martes 4 de abril. El título es: "Ese Poyet es realmente un genio". El texto que sigue es un monumento a la ironía y al resentimiento, como realmente pocos pueden verse en el mundo del periodismo, si es que puede considerarse que The Sun es un auténtico periódico, o diario como prefiera llamársele, ya que más bien es un vulgar pasquín de segunda mano, tal como ha quedado refrendado en infinidad de oportunidades.
Esta vez escribe Adian Mole, obviamente un compinche de David Coverdale. "Gus Poyet hizo trabajar su magia de nuevo, pese a negarle inexplicablemente a The Sun la alineación titular de Sunderland", comienza Mole. Y continúa destilando veneno: "El entrenador más grande del mundo (Poyet) impuso su propia marca de fútbol estilo samba. El uruguayo es pretendido por cada uno de los clubes top del planeta. Los hinchas de Sunderland coreaban su nombre como tributo a su perspicacia táctica. Uno de ellos dijo: 'olvídense de los jugadores, todo viene de Poyet. Es un genio, cómo haremos para mantenerlo con nosotros cuando Real Madrid nos golpee la puerta por él?"
Y éste hombre, toda una deshonra viviente para el periodismo deportivo mundial, termina lastimosamente cayendo en el ridículo más deprimente que sea posible imaginar: "sus futbolistas (contrataciones recomendadas por Poyet en enero último) resultaron letales. Bridcutt hizo 8 (goles) y Marcos Alonso, en préstamo de la Fiorentina, 4. El triunfo (fue derrota de Sunderland ante West Ham por 2 a 1) dejó a Derland (abreviatura de Sunderland) peleando por un lugar en la Champions League, una vuelta de tuerca asombrosa, considerando que Poyet heredó en octubre pasado un equipo que estaba peleando por no descender".
Realmente le hace falta algún comentario más a este compendio de basura que pinta de cuerpo entero hasta dónde puede llegar el periodismo chatarra de la peor clase que pueda esperarse?
De modo que los malvados tuvieron que hacer trabajar sus malévolas mentes a 1.000 kms. por hora para encontrar alguna otra víctima propiciatoria en quien descargar sus plumas maquiavélicas. Y por qué cambiar de nacionalidad? se preguntaron. Y ahí se miraron, todos guiados por el mismo pensamiento: "Gus Poyet, ese defendió demasiado a Suárez!" (así le llamaron siempre en Inglaterra), exclamaron a coro. Entonces se felicitaron unos a otros por la brillante idea, brindaron y pusieron manos a la obra, aprovechando que el uruguayo había agarrado un hierro caliente, tanto que la tarea de salvar a Sunderland del descenso, ya hace rato que le ha quemado las manos, ambas, no una sóla. Pero claro, es uruguayo y no va a aflojar un ápice, no se va a entregar ni loco, pese a que sus futbolistas, si bien se van automatizando con su idea, se niegan a darse cuenta que el fútbol no es por puntos y que, para ganar, hay que meter una pelota redonda en un rectángulo llamado arco.
Casi un mes atrás periodistas de The Sun visitaron la sede de Sunderland para preguntarle a Poyet qué le había ocurrido exactamente en un restaurante muy "chic" de Newcastle, mientras cenaba un lunes de noche junto a su Ayudante Técnico Mauricio Tallarico ("el Tano" según Gustavo).
Cuando el periodista uruguayo Martín Charquero llamó al entrenador a raíz de twits publicados por el humilde servidor que escribe esta nota, Gustavo explicó claramente que en aquella cena del restaurante pituco de Newcastle, se había sentido mal repentinamente tras ingerir una entrada de langostinos y un plato central que incluía más langostinos aún. Pretendió entonces ir a mojarse la cara al excusado, pero no llegó a hacerlo y tuvo que sentarse en el suelo apoyando su espalda contra la pared. Tras declinar en principio el llamado al 999 (en Inglaterra el número de la ambulancia pública), pasados unos minutos Poyet le sugirió al "Tano", su Ayudante: "mirá, llamala, ésto no es normal, no debe ser nada pero por las dudas llamala".
Tras los estudios primarios, el ex-River Plate le contó a Charquero que todo había resultado normal, aunque se decidió profundizarlos en el hospital y allí se trasladaron Técnico y Ayudante. A las pocas horas Gustavo Poyet estaba de regreso en su hogar, sano y salvo, sin que se le hubiera detectado anomalía física alguna. Al otro día estaba entrenando de nuevo a su equipo.
Pese a que esa tarde en las dependencias de Sunderland el entrenador uruguayo, tras explicarle en detalle lo sucedido en la cena de aquel lunes al periodista de The Sun, poco menos que le rogó, conociendo la tela, que no exageraran un ápice y que se limitaran a describir lo que él le terminaba de contar, el matutino salió -literalmente hablando- vendiendo boletines. Titulaban que probablemente Poyet había padecido un ataque de epilepsia, que perdido el conocimiento lo trasladaron de urgencia al hospital, que había pasado la noche internado y que no había asistido a los entrenamientos de su equipo hasta la víspera del día del partido.
"Para mi se terminaron (los periodistas de The Sun)", le confesó Poyet a Charquero en aquella nota. Y a estar por lo sucedido este último fin de semana, el técnico uruguayo cumplió a rajatabla. Según David Coverdale, el periodista de The Sun que fuera encargado de cubrir el choque entre Sunderland y West Ham, bajo el subtítulo de "Ridículo", cuenta cómo se las arregló para burlar la seguridad del "Stade of Light" de Sunderland e instalarse entre el público para llevarle a los lectores ese choque entre rivales directos por el descenso. El periodista alega que el local intentó prohibir la entrada al matutino, simplemente por haber dado a conocer la integración del equipo de Poyet antes del partido ante Liverpool en Anfield, la semana anterior. Por supuesto nada dice de la falsedad que envolvió el cuento que The Sun inventó sobre lo ocurrido con Poyet en el restaurante de Newcastle.
Dice que el uruguayo estaba furioso porque The Sun fue capaz de dar la alineación titular de ese partido ante los "Reds", sin que él se la hubiera comunicado oficial ni extra-oficialmente. Coverdale expresa que el lunes -obviamente tampoco esa noche Poyet le suministró a The Sun el once titular- él sólo erró en dar a Adam Johnson como titular cuando en realidad ingresó el argentino Santiago Vergini, mientras que agrega: "Oh, cómo Poyet hubiera deseado ingresar con los titulares que dimos nosotros, ya que sólo luego de que diera ingreso a Johnson a los 52', Sunderland lució peligroso para su rival".
Pero lo peor viene al pie de las páginas 54 y 55 del The Sun del martes 4 de abril. El título es: "Ese Poyet es realmente un genio". El texto que sigue es un monumento a la ironía y al resentimiento, como realmente pocos pueden verse en el mundo del periodismo, si es que puede considerarse que The Sun es un auténtico periódico, o diario como prefiera llamársele, ya que más bien es un vulgar pasquín de segunda mano, tal como ha quedado refrendado en infinidad de oportunidades.
Esta vez escribe Adian Mole, obviamente un compinche de David Coverdale. "Gus Poyet hizo trabajar su magia de nuevo, pese a negarle inexplicablemente a The Sun la alineación titular de Sunderland", comienza Mole. Y continúa destilando veneno: "El entrenador más grande del mundo (Poyet) impuso su propia marca de fútbol estilo samba. El uruguayo es pretendido por cada uno de los clubes top del planeta. Los hinchas de Sunderland coreaban su nombre como tributo a su perspicacia táctica. Uno de ellos dijo: 'olvídense de los jugadores, todo viene de Poyet. Es un genio, cómo haremos para mantenerlo con nosotros cuando Real Madrid nos golpee la puerta por él?"
Y éste hombre, toda una deshonra viviente para el periodismo deportivo mundial, termina lastimosamente cayendo en el ridículo más deprimente que sea posible imaginar: "sus futbolistas (contrataciones recomendadas por Poyet en enero último) resultaron letales. Bridcutt hizo 8 (goles) y Marcos Alonso, en préstamo de la Fiorentina, 4. El triunfo (fue derrota de Sunderland ante West Ham por 2 a 1) dejó a Derland (abreviatura de Sunderland) peleando por un lugar en la Champions League, una vuelta de tuerca asombrosa, considerando que Poyet heredó en octubre pasado un equipo que estaba peleando por no descender".
Realmente le hace falta algún comentario más a este compendio de basura que pinta de cuerpo entero hasta dónde puede llegar el periodismo chatarra de la peor clase que pueda esperarse?
lunes, 17 de marzo de 2014
La sonrisa del sol
Un paseo inolvidable en la jaula del león. Fue como encerrarse entre las rejas y allí mismo provocar a la fiera hasta hacerla echar espuma por la boca, pero a la vez burlarse de ella una y otra vez durante más de 90 minutos.
Es una forma de ver la paliza que Liverpool le propinó a Manchester United en su propio templo, donde otrora -no hace tanto- nadie se salía con la suya y menos los rivales tradicionales. Allí los clásicos eran para el local y no había vuelta.
"Luis Suárez estuvo fantástico como en toda la temporada. Ahora es una escena ya familiar, el árbitro desestimando sus protestas, sólo para que luego el "replay" muestre claramente que el reclamo del uruguayo era plenamente justificado, Sí, claro, él acostumbraba a fingir, pero no lo hace más. Pueden los jueces aceptar ésto de una vez por todas y comenzar a tratarlo como a los otros delanteros?" Y quién dice ésto es el periodista del Daily Mail, el Jefe Ejecutivo de Deportes de dicho matutino londinense, Martin Samuel, el mismo que fue uno de los enemigos más acérrimos de Suárez, uno de los periodistas que más lo castigaron luego de cada uno de los episodios que al de Salto le tocó vivir en su periplo por las Islas Británicas desde su contratación por Liverpool en enero de 2011.
Pero el amigo Samuel sigue con su exposición en la página 70 del Mail: "en esta ocasión (una de las primeras intervenciones del celeste en el clásico) Suárez mereció que le cobraran el penal por dos veces consecutivas. Marrouane Fellaini (el belga-marroquí contratado esta temporada por Manchester United) le tocó la pierna y lo hizo tambalear. Suárez no se tiró, siguió recto al arco rival, pero Fellaini le pegó de nuevo y esta vez logró derribar al uruguayo. Clattenburg (Mark, el árbitro del clásico del domingo) desestimó las dos infracciones, sentando así la base para lo que luego sería una muy pobre performance".
Pero Samuel, el entrado en kilos y barbudo Jefe Ejecutivo de Deportes del Daily Mail, no fue el único en marcar que en esa acción el árbitro debió sancionar el primer penal de la tarde para los "Reds". En la página 14 del Suplemento Deportivo de los lunes del sensacionalista The Sun, otro periodista, Shaun Curtis, afirma que "si Suárez se hubiera tirado cuando Fellaini lo fauleó por primera vez en esa jugada de los albores del "Derby", el árbitro hubiera marcado la falta capital, pero, aunque tambaleándose, se mantuvo de pie y el juez, aún cuando en la segunda infracción del espigado belga el uruguayo terminó desplomándose, le negó un penal muy claro".
Una tarde de locos, sí, por lo mucho que hizo Liverpool, por lo poco y nada que tejió Manchester United, por los tres penales sancionados por Mark Clattenburg a favor...del visitante, sí, del visitante y en Old Trafford y también porque el árbitro pifió muy feo en el último de ellos, ya que no existió contacto alguno en el intento defensivo de Nemanja Vidic ante Daniel Sturridge, acción que finalizó con una roja muy injusta para el capitán de Manchester United. Pero hete aquí -como se estilaba redactar en los cuentos infantiles- que Clattenburg no cobró ese tan comentado primer penal cometido por Marrouane Fellaini contra Luis Suárez, tampoco expulsó a Rafael con una segunda tarjeta amarilla "cantada", luego de una mano ultra-intencional para desbaratar un toque tan sutil como magistral del uruguayo, que se le iba a escapar sin apelación posible. Sí, fue el primer penal de la tarde seguido de un gesto de película del juez ante las protestas desesperadas de los de Liverpool que le reclamaban la expulsión del lateral: "una más y lo echo". Fue como si Clattenburg les hubiera dicho: "nooo muchachos, es un crimen expulsarlo, vamos a darle una oportunidad más". Es justo agregar que episodios como éste sólo pueden verse en el referato inglés, ésto es, prácticamente reconocer públicamente, mediante gestos evidentes, que no quiso expulsar al futbolista pese a que el mismo se había ganado la segunda amarilla sin lugar a la menor duda. Clattenburg cerró su horrenda tarde mirando para otro lado cuando Michael Carrick "aterrizó" a Sturridge dentro del área local. Todo un récord del espigado árbitro: cobró tres penales para Liverpool, de los cuales el último no existió, pero desestimó dos, claros por demás, también a favor del visitante.
Horrores arbitrales aparte, lo dibujado en la cancha fue inolvidable para los "Reds". El mediocampo plantado como nunca, los espacios cerrados para el local, ni una hendija quedó, el despliegue de energías fue fantástico, todos corrieron, todos ahogaron, todos tocaron, todos escucharon esa especie de "oléee" que partía del tramo superior de las tribunas de Old Trafford, todos se agrandaron hasta hacerse inmedibles a medida que pasaban los minutos y la victoria se hacía inexorable. Al danés Daniel Agger un sastre le tomó las medidas y concluyó que eran las ideales para enfrentar clásicos. Gritó, mandó, metió suela sin piedad, fue caudillo y sobre todo demostró que nadie le saca el puesto ni blandiendo un garrote.
En la única de Manchester United, un formidable remate del único "Devil" que sintió veguenza, un tal Wayne Rooney, apareció una de las tantas explicaciones para este nuevo Liverpool: el arquero belga Simon Mignolet, una contratación clave para esta temporada. Y adelante lo de siempre, la rutina, la demolición, lo incontrolable: las dos fieras sueltas, el ya famoso "SAS", Suárez And Sturridge, Sturridge And Suárez, apoyados por el incansable Rahem Sterling, subiendo y bajando a velocidades de crucero.
Ante este panorama, qué le quedaba por hacer al United? Sólo una cosa: observar el espectáculo de la parte alta de Old Trafford, el color rojo con una pizca de blanco poblándolo todo y en medio de ellos, esas dos banderas uruguayas enloquecidas, con el sol más sonriente que nunca.
Es una forma de ver la paliza que Liverpool le propinó a Manchester United en su propio templo, donde otrora -no hace tanto- nadie se salía con la suya y menos los rivales tradicionales. Allí los clásicos eran para el local y no había vuelta.
"Luis Suárez estuvo fantástico como en toda la temporada. Ahora es una escena ya familiar, el árbitro desestimando sus protestas, sólo para que luego el "replay" muestre claramente que el reclamo del uruguayo era plenamente justificado, Sí, claro, él acostumbraba a fingir, pero no lo hace más. Pueden los jueces aceptar ésto de una vez por todas y comenzar a tratarlo como a los otros delanteros?" Y quién dice ésto es el periodista del Daily Mail, el Jefe Ejecutivo de Deportes de dicho matutino londinense, Martin Samuel, el mismo que fue uno de los enemigos más acérrimos de Suárez, uno de los periodistas que más lo castigaron luego de cada uno de los episodios que al de Salto le tocó vivir en su periplo por las Islas Británicas desde su contratación por Liverpool en enero de 2011.
Pero el amigo Samuel sigue con su exposición en la página 70 del Mail: "en esta ocasión (una de las primeras intervenciones del celeste en el clásico) Suárez mereció que le cobraran el penal por dos veces consecutivas. Marrouane Fellaini (el belga-marroquí contratado esta temporada por Manchester United) le tocó la pierna y lo hizo tambalear. Suárez no se tiró, siguió recto al arco rival, pero Fellaini le pegó de nuevo y esta vez logró derribar al uruguayo. Clattenburg (Mark, el árbitro del clásico del domingo) desestimó las dos infracciones, sentando así la base para lo que luego sería una muy pobre performance".
Pero Samuel, el entrado en kilos y barbudo Jefe Ejecutivo de Deportes del Daily Mail, no fue el único en marcar que en esa acción el árbitro debió sancionar el primer penal de la tarde para los "Reds". En la página 14 del Suplemento Deportivo de los lunes del sensacionalista The Sun, otro periodista, Shaun Curtis, afirma que "si Suárez se hubiera tirado cuando Fellaini lo fauleó por primera vez en esa jugada de los albores del "Derby", el árbitro hubiera marcado la falta capital, pero, aunque tambaleándose, se mantuvo de pie y el juez, aún cuando en la segunda infracción del espigado belga el uruguayo terminó desplomándose, le negó un penal muy claro".
Una tarde de locos, sí, por lo mucho que hizo Liverpool, por lo poco y nada que tejió Manchester United, por los tres penales sancionados por Mark Clattenburg a favor...del visitante, sí, del visitante y en Old Trafford y también porque el árbitro pifió muy feo en el último de ellos, ya que no existió contacto alguno en el intento defensivo de Nemanja Vidic ante Daniel Sturridge, acción que finalizó con una roja muy injusta para el capitán de Manchester United. Pero hete aquí -como se estilaba redactar en los cuentos infantiles- que Clattenburg no cobró ese tan comentado primer penal cometido por Marrouane Fellaini contra Luis Suárez, tampoco expulsó a Rafael con una segunda tarjeta amarilla "cantada", luego de una mano ultra-intencional para desbaratar un toque tan sutil como magistral del uruguayo, que se le iba a escapar sin apelación posible. Sí, fue el primer penal de la tarde seguido de un gesto de película del juez ante las protestas desesperadas de los de Liverpool que le reclamaban la expulsión del lateral: "una más y lo echo". Fue como si Clattenburg les hubiera dicho: "nooo muchachos, es un crimen expulsarlo, vamos a darle una oportunidad más". Es justo agregar que episodios como éste sólo pueden verse en el referato inglés, ésto es, prácticamente reconocer públicamente, mediante gestos evidentes, que no quiso expulsar al futbolista pese a que el mismo se había ganado la segunda amarilla sin lugar a la menor duda. Clattenburg cerró su horrenda tarde mirando para otro lado cuando Michael Carrick "aterrizó" a Sturridge dentro del área local. Todo un récord del espigado árbitro: cobró tres penales para Liverpool, de los cuales el último no existió, pero desestimó dos, claros por demás, también a favor del visitante.
Horrores arbitrales aparte, lo dibujado en la cancha fue inolvidable para los "Reds". El mediocampo plantado como nunca, los espacios cerrados para el local, ni una hendija quedó, el despliegue de energías fue fantástico, todos corrieron, todos ahogaron, todos tocaron, todos escucharon esa especie de "oléee" que partía del tramo superior de las tribunas de Old Trafford, todos se agrandaron hasta hacerse inmedibles a medida que pasaban los minutos y la victoria se hacía inexorable. Al danés Daniel Agger un sastre le tomó las medidas y concluyó que eran las ideales para enfrentar clásicos. Gritó, mandó, metió suela sin piedad, fue caudillo y sobre todo demostró que nadie le saca el puesto ni blandiendo un garrote.
En la única de Manchester United, un formidable remate del único "Devil" que sintió veguenza, un tal Wayne Rooney, apareció una de las tantas explicaciones para este nuevo Liverpool: el arquero belga Simon Mignolet, una contratación clave para esta temporada. Y adelante lo de siempre, la rutina, la demolición, lo incontrolable: las dos fieras sueltas, el ya famoso "SAS", Suárez And Sturridge, Sturridge And Suárez, apoyados por el incansable Rahem Sterling, subiendo y bajando a velocidades de crucero.
Ante este panorama, qué le quedaba por hacer al United? Sólo una cosa: observar el espectáculo de la parte alta de Old Trafford, el color rojo con una pizca de blanco poblándolo todo y en medio de ellos, esas dos banderas uruguayas enloquecidas, con el sol más sonriente que nunca.
jueves, 6 de marzo de 2014
Sentimientos encontrados
"Dinamarca terminó seis puntos debajo de Italia en la Serie de Eliminatorias. Por supuesto, no sólo terminó fuera del Mundial sino que, peor aún, fue vapuleada jugando de local, 4-0, por Armenia. Y todo esto pasó antes del actual proceso de reconstrucción a cargo del entrenador Morten Olsen. Con estos antecedentes, el consenso general era que el amistoso de hoy (miércoles) se sellaba con un 3 a 0 para Inglaterra. Sí, flojo, casi caminando".
Así reza uno de los párrafos más sustanciosos de la crónica del Editor de Deportes de The Sun, inserta en las páginas 56 y 57 del matutino londinense, en su edición papel correspondiente al jueves 6 de marzo de 2014. Tras recordarle a los lectores que en los amistosos anteriores "Los Tres Leones"cayeron en el mismísimo Wembley ante Chile y un equipo alternativo de Alemania, Steven Howard agrega aún más picante a la salsa: "lo preocupante es que esta Dinamarca en proceso de restauración, con grandes limitaciones, se las arregló para crear más que un par de difíciles momentos para la retaguardia inglesa".
Y claro, la pregunta surge solita. Y no sólo le sale del alma al Editor de Deportes de The Sun, en realidad cae del árbol como una manzana madura: "Si ellos (los daneses) pudieron darnos esos sustos, cuál es la chance de parar a Suárez y a Cavani?".
Howard dice que el entrenador inglés Roy Hodgson siempre tiene el mismo verso a mano después de cada amistoso. Y transcribe las repetidas palabras del conductor: "enfrentamos a un equipo que trabajó duro y nos cerró los espacios, por lo cual fue muy complicado romper sus líneas".
El párrafo dedicado a Wayne Rooney no conoce la palabra piedad: "el goleador puede haber firmado un contrato de 300.000 libras por semana en Old Trafford, pero anoche (miércoles) no demostró que cuesta ese dinero, ya que jugó uno de los peores partidos defendiendo a Inglaterra".
El cierre de la nota editorial es pesimista, oscuro, muy oscuro: "si esto es lo que vamos a llevar a Brasil, no va a ser suficiente".
En un recuadro de la misma página 57 de The Sun, el entrenador del Queens Park Rangers de la Segunda División del fútbol inglés, el conocido Harry Redknapp, se dedica a quitarle importancia al rubro amistosos: "la mitad de los jugadores están pensando en los partidos cruciales que se les vienen con sus clubes este fin de semana. Ninguno quiere lesionarse y es lógico cuando no hay nada en juego. Quién, aparte de Roy Hodgson, se quedaría sin dormir cualquiera fuera el resultado del amistoso ante Dinamarca? Estos partidos no determinan nada, Roy (Hodgson) hace su trabajo cada semana observando estos mismos jugadores en la Premier League. Allí es donde ellos se ganan sus pasajes a Brasil".
En la página 59 del matutino, el periodista Charlie Wyett encabeza un recuadro con este título: "Cómo nos arreglaremos en Brasil jugando en esta forma?" En el texto dice que "Daniel Sturridge podrá haber marcado el gol del triunfo, pero a menos que Inglaterra sea más potente en ofensiva, no irá lejos en Brasil". Y lo que sigue es peor todavía: "Con esta performance contra un maquillado Dinamarca, los hinchas ingleses que están planeando ir a Brasil, deberán pensarlos dos veces antes de reservar hoteles en las sedes de los partidos". Crudo el hombre, todo un Tyson, pegando durísimo.
Y el espía en Austria, que dice? Bueno, lo cierto es que inyecta un poco más de esperanza en los alicaídos ingleses. "No Sua-gger" se titula el recuadro, parafraseando el idioma alemán al transformar la última sílaba del apellido del goleador "que ayer no pudo inclinar la balanza para Uruguay pese a que a que estrelló el balón en el horizontal al rematar un tiro libre 14 minutos después del gol de Marc Janko". Por encima del dibujo de una gran lupa que contiene el escudo de la AUF y el título "Espía en el Campo", el periodista no identificado aclara que igualmente Uruguay rescató un empate ante Austria, aunque Oscar Tabárez haya dicho que "en el primer tiempo fuimos basura" (?).
Igualdad ante los austríacos a un lado, el periodista especifica que el punto fuerte de los celestes es su formidable ataque liderado por Luis Suárez y Edison Cavani, aunque aclara que el del PSG estuvo ausente en el amistoso por una lesión muscular en recuperación.
"Puntos débiles", titula luego y los detalla: "apuras a su defensa con velocidad y Uruguay empieza a quebrarse". Claro, obviamente, apunta a Diego Lugano como principal "Talón de Aquiles" del celeste: "el capitán no es justamente un 'Sprinter' (clara referencia a la lentitud del zaguero del West Bromwich) y todavía Maxi Pereira tuvo un juego 'shoqueante' ayer. Los atacantes ingleses están bien equipados para crearles problemas".
"Podemos ganarles?" es el último título del espía en Austria. Y concluye que "Inglaterra puede ganarles...en el papel (en teoría). Los sudamericanos (Uruguay) pueden ser letales en ofensiva pero su defensa es muy insegura. Hodgson estará confiado, especialmente con un arquero y una defensa que aparezcan realmente sólidos".
Pesimismo notorio en el análisis introspectivo, mirando para adentro de la casa. Apuntando específicamente a Uruguay, el sentimiento está partido, tal como el equipo celeste: temor al potente ataque que comandan Suárez y Cavani, confianza en que la velocidad del ataque inglés quiebre a una defensa lenta y vacilante.
Así se ven, así nos ven.
Así reza uno de los párrafos más sustanciosos de la crónica del Editor de Deportes de The Sun, inserta en las páginas 56 y 57 del matutino londinense, en su edición papel correspondiente al jueves 6 de marzo de 2014. Tras recordarle a los lectores que en los amistosos anteriores "Los Tres Leones"cayeron en el mismísimo Wembley ante Chile y un equipo alternativo de Alemania, Steven Howard agrega aún más picante a la salsa: "lo preocupante es que esta Dinamarca en proceso de restauración, con grandes limitaciones, se las arregló para crear más que un par de difíciles momentos para la retaguardia inglesa".
Y claro, la pregunta surge solita. Y no sólo le sale del alma al Editor de Deportes de The Sun, en realidad cae del árbol como una manzana madura: "Si ellos (los daneses) pudieron darnos esos sustos, cuál es la chance de parar a Suárez y a Cavani?".
Howard dice que el entrenador inglés Roy Hodgson siempre tiene el mismo verso a mano después de cada amistoso. Y transcribe las repetidas palabras del conductor: "enfrentamos a un equipo que trabajó duro y nos cerró los espacios, por lo cual fue muy complicado romper sus líneas".
El párrafo dedicado a Wayne Rooney no conoce la palabra piedad: "el goleador puede haber firmado un contrato de 300.000 libras por semana en Old Trafford, pero anoche (miércoles) no demostró que cuesta ese dinero, ya que jugó uno de los peores partidos defendiendo a Inglaterra".
El cierre de la nota editorial es pesimista, oscuro, muy oscuro: "si esto es lo que vamos a llevar a Brasil, no va a ser suficiente".
En un recuadro de la misma página 57 de The Sun, el entrenador del Queens Park Rangers de la Segunda División del fútbol inglés, el conocido Harry Redknapp, se dedica a quitarle importancia al rubro amistosos: "la mitad de los jugadores están pensando en los partidos cruciales que se les vienen con sus clubes este fin de semana. Ninguno quiere lesionarse y es lógico cuando no hay nada en juego. Quién, aparte de Roy Hodgson, se quedaría sin dormir cualquiera fuera el resultado del amistoso ante Dinamarca? Estos partidos no determinan nada, Roy (Hodgson) hace su trabajo cada semana observando estos mismos jugadores en la Premier League. Allí es donde ellos se ganan sus pasajes a Brasil".
En la página 59 del matutino, el periodista Charlie Wyett encabeza un recuadro con este título: "Cómo nos arreglaremos en Brasil jugando en esta forma?" En el texto dice que "Daniel Sturridge podrá haber marcado el gol del triunfo, pero a menos que Inglaterra sea más potente en ofensiva, no irá lejos en Brasil". Y lo que sigue es peor todavía: "Con esta performance contra un maquillado Dinamarca, los hinchas ingleses que están planeando ir a Brasil, deberán pensarlos dos veces antes de reservar hoteles en las sedes de los partidos". Crudo el hombre, todo un Tyson, pegando durísimo.
Y el espía en Austria, que dice? Bueno, lo cierto es que inyecta un poco más de esperanza en los alicaídos ingleses. "No Sua-gger" se titula el recuadro, parafraseando el idioma alemán al transformar la última sílaba del apellido del goleador "que ayer no pudo inclinar la balanza para Uruguay pese a que a que estrelló el balón en el horizontal al rematar un tiro libre 14 minutos después del gol de Marc Janko". Por encima del dibujo de una gran lupa que contiene el escudo de la AUF y el título "Espía en el Campo", el periodista no identificado aclara que igualmente Uruguay rescató un empate ante Austria, aunque Oscar Tabárez haya dicho que "en el primer tiempo fuimos basura" (?).
Igualdad ante los austríacos a un lado, el periodista especifica que el punto fuerte de los celestes es su formidable ataque liderado por Luis Suárez y Edison Cavani, aunque aclara que el del PSG estuvo ausente en el amistoso por una lesión muscular en recuperación.
"Puntos débiles", titula luego y los detalla: "apuras a su defensa con velocidad y Uruguay empieza a quebrarse". Claro, obviamente, apunta a Diego Lugano como principal "Talón de Aquiles" del celeste: "el capitán no es justamente un 'Sprinter' (clara referencia a la lentitud del zaguero del West Bromwich) y todavía Maxi Pereira tuvo un juego 'shoqueante' ayer. Los atacantes ingleses están bien equipados para crearles problemas".
"Podemos ganarles?" es el último título del espía en Austria. Y concluye que "Inglaterra puede ganarles...en el papel (en teoría). Los sudamericanos (Uruguay) pueden ser letales en ofensiva pero su defensa es muy insegura. Hodgson estará confiado, especialmente con un arquero y una defensa que aparezcan realmente sólidos".
Pesimismo notorio en el análisis introspectivo, mirando para adentro de la casa. Apuntando específicamente a Uruguay, el sentimiento está partido, tal como el equipo celeste: temor al potente ataque que comandan Suárez y Cavani, confianza en que la velocidad del ataque inglés quiebre a una defensa lenta y vacilante.
Así se ven, así nos ven.
lunes, 3 de marzo de 2014
La Fiesta Inolvidable
Las puertas de salida de la estación de Wembley Park son un gran mirador. Antes de bajar las grandes escaleras, aquel día del verano de 2003, la gente se agrupaba para ser testigos privilegiados de la demolición de aquellas dos inmensas torres blancas parecidas a Mezquitas, auténticos símbolos de aquel Wembley que se fue, que nos dejó hace ya más de una década.
Ahora desde la remodelada estación, ampliada, modernizada, el mirador muestra una marea humana que a paso de tortuga va, va, va, no deja de ir y no para mientras allá a lo lejos se la ve trepar por las interminables rampas del "Templo del Fútbol", hasta ser tragada por las diferentes bocas de acceso. Al pie de las escaleras de dicha estación del Subte londinense, decenas de personas muestran carteles a los que vienen descendiendo para iniciar esa especie de peregrinación de 600 metros que finalizará dentro de una de las tribunas del "Templo". En los aeropuertos en esas mini-pancartas se leen nombres de personas, al pie de los escalones de la Wembley Park Station el texto es "I need 3 tickets" o "Two tickets needed". Están buscando que alguien -y siempre lo hay- se haya quedado con alguna entrada de "clavo", debido a razones de enfermedad u otras y esté necesitando recuperar el dineral invertido. "Pobres, quién sabe de dónde se vinieron sin entradas, ojalá consigan", dice mi hija.
En el trayecto a través del gigantesco corredor que comunica la estación con el gran Wembley Stadium, se ve de todo. La cerveza corre a raudales, las latas vacías vuelan para todos lados, pero el resultado de la ingesta es pura alegría, entusiasmo desbordante, bailes que trancan "el tráfico" de transeúntes, risas estentóreas, vítores y cantos. El rojiblanco de Sunderland se mezcla con el celeste del Manchester City. Todos juntos bromean, se cargan, se cantan, mezclados, hombro con hombro, uno al lado del otro. La policía sólo está ahí y la verdad es que está porque tiene que estar y nada más. Los agentes miran, sonríen, comentan entre ellos las excentricidades de los hinchas, se matan de risa con ellos, ofician de guías para los más desorientados. Los uruguayos -dos- van entreverados en el maremoto, sacan fotos y filman hasta saciarse. Hoy día para ellos ver algo así es algo parecido a una película de ciencia ficción...cuando es simplemente la expresión de euforia por una fiesta deportiva manifestada por una sociedad normal, a la que hace rato le han extirpado de raíz el cáncer de la violencia.
Ya están adentro. Segundos antes, como es rutina en todos los estadios ingleses, han escaneado las entradas que contienen sus nombres y domicilios y han pasado una revisación que, más que tal, es un intercambio de bromas con el personal de seguridad a cargo del "operativo".
Las butacas están esperando a sus ocupantes. En la cancha calientan los dos equipos, pero ahora el verdadero espectáculo está en las enormes tribunas del coloso. No cabe un alma más. Aquello es imponente, tanto como la organización del evento. El techo deja, como en un acto de piedad, que se vea un mínimo cuadrado de cielo encapotado que parece vigilar el círculo central de la cancha. Aparte de eso, todo está cubierto. La acústica es brutal, no respeta los oídos pero al mismo tiempo la música colabora con el resto del entorno para que se erice la piel aún más, si es que eso es posible.
"Nos metieron en la barra brava" le digo a mi hija, pero apenas lo termino de pronunciar me doy cuenta que los que saltan y cantan como locos, pintados de rojo y blanco, están por todos lados y no son solamente los dos descocados -padre e hijo- que justo en la fila de adelante no paran de darle a la corneta y varios minutos antes de comenzar el partido, ya tienen la garganta destrozada. "Yo lloro cuando ganamos y lloro cuando perdemos" nos aclara el hijo, mientras el padre nos dice "está loco, pobre" y se mata de risa.
Los del norte de Inglaterra son así: sanguíneos, emotivos, vitales, tan diferentes a las hinchadas londinenses, más apagadas, entregadas a la hora de ir en desventaja, hasta frías. Los de allá arriba no paran de alentar, lo hicieron hasta el final y después también, cuando los futbolistas de Sunderland, antes de ir a recibir sus medallas como vicecampeones de la Copa de Liga, se arrimaron a aplaudirlos agradeciéndoles su apoyo permanente.
En la cancha, Sunderland se puso muy pronto en ventaja, demasiado rápido quizás, mucho tiempo para defender, largos, eternos minutos por delante para mantener una exigua ventaja. En los primeros 45 minutos lo logró. Gustavo Poyet plantó en la cancha a un Uruguay vestido de rojo y blanco, con una marca escalonada, un equipo mentalizado para no dejar hacer al encumbrado rival, negándole la recepción del balón a las figuras claves de los celestes del City. De última, cuando no se podía impedir la elaboración de la jugada de los de Manchester, una pierna o un zapato aparecía a último momento, muy a la uruguaya, para ahogar el grito de gol de la otra mitad del estadio. Después, los de Pellegrini demostraron que si no les sale su fútbol habitual de toques cortos, el atildado, el prolijo, el "tiqui-tiqui", tiene gente que sabe definir los partidos de otra forma, por ejemplo con terribles zapatazos como los de Yaya y Samir, que liquidaron el pleito.
Antes, mucho antes de ese final triste para Poyet y los suyos, la salida a la cancha de los equipos fue apoteótica, con la música atronando el ambiente, los estandartes gigantes de ambos contendientes, los lanza llamas escupiendo fuego hacia arriba y el "God Save the Queen", el himno inglés, entonado por una soprano con voz de diosa. En las tribunas, dos perfectos semicírculos de gente, inmensos, desde el césped hasta el techo del gigante, uno celeste y el otro rojiblanco, estaban separados justo a la altura de la línea del centro de la cancha, por guardias de seguridad privados completamente desarmados, que se entretenían bromeando con la gente a la que supuestamente debían "vigilar". Otra cultura, otro mundo. Sí, otro planeta, o como más le guste al lector.
Y a la salida lo mismo, a juntarse ganadores y perdedores en el enorme corredor de 600 metros hasta la estación del Subte de Wembley Park. A conversar, a reírse un poco más los ganadores, a no dramatizar demasiado los perdedores. En la mitad del trayecto una fila de mujeres policías de a caballo le sonreían a la gente y accedían a posar con los hinchas de ambos equipos, mientras algunos acariciaban dulcemente a los animales. Más allá, al final del gran corredor, los controladores del transporte paraban el flujo de gente hacia la estación cada 5 minutos, para evitar la congestión de público allá arriba, donde las líneas Jubilee y Metropolitan evacuaban rápidamente el área del "Templo del Fútbol".
Una fiesta en otro planeta, en una galaxia distinta...pero una fiesta inolvidable.
Nota del autor: esta maravillosa jornada de fútbol, éste espectáculo inolvidable aún más allá del resultado deportivo opuesto a nuestros deseos, nos fue posible vivirlo a mi hija menor y a mi, gracias a una persona que rompe todos los adjetivos elogiosos. Nunca pude trabajar en mi profesión en este maravilloso país en el que vivo y en el que hemos salido adelante junto a mi familia, de modo que no poseo acreditación alguna para ingresar a espectáculos deportivos. Los precios para esta final, como para casi todos los partidos de la Premier League, eran realmente inalcanzables para nosotros. Un Sr. llamado Gustavo Poyet, entrenador del Sunderland, un luchador y un caballero del deporte, pero sobre todo una gran persona y un laburante del fútbol, supo comprender nuestras ganas irresistibles de concurrir a este evento y transformarnos en hinchas rabiosos de su equipo.
Gracias Gustavo, de parte de una simple familia de laburantes uruguayos que vive en Inglaterra.
Ahora desde la remodelada estación, ampliada, modernizada, el mirador muestra una marea humana que a paso de tortuga va, va, va, no deja de ir y no para mientras allá a lo lejos se la ve trepar por las interminables rampas del "Templo del Fútbol", hasta ser tragada por las diferentes bocas de acceso. Al pie de las escaleras de dicha estación del Subte londinense, decenas de personas muestran carteles a los que vienen descendiendo para iniciar esa especie de peregrinación de 600 metros que finalizará dentro de una de las tribunas del "Templo". En los aeropuertos en esas mini-pancartas se leen nombres de personas, al pie de los escalones de la Wembley Park Station el texto es "I need 3 tickets" o "Two tickets needed". Están buscando que alguien -y siempre lo hay- se haya quedado con alguna entrada de "clavo", debido a razones de enfermedad u otras y esté necesitando recuperar el dineral invertido. "Pobres, quién sabe de dónde se vinieron sin entradas, ojalá consigan", dice mi hija.
En el trayecto a través del gigantesco corredor que comunica la estación con el gran Wembley Stadium, se ve de todo. La cerveza corre a raudales, las latas vacías vuelan para todos lados, pero el resultado de la ingesta es pura alegría, entusiasmo desbordante, bailes que trancan "el tráfico" de transeúntes, risas estentóreas, vítores y cantos. El rojiblanco de Sunderland se mezcla con el celeste del Manchester City. Todos juntos bromean, se cargan, se cantan, mezclados, hombro con hombro, uno al lado del otro. La policía sólo está ahí y la verdad es que está porque tiene que estar y nada más. Los agentes miran, sonríen, comentan entre ellos las excentricidades de los hinchas, se matan de risa con ellos, ofician de guías para los más desorientados. Los uruguayos -dos- van entreverados en el maremoto, sacan fotos y filman hasta saciarse. Hoy día para ellos ver algo así es algo parecido a una película de ciencia ficción...cuando es simplemente la expresión de euforia por una fiesta deportiva manifestada por una sociedad normal, a la que hace rato le han extirpado de raíz el cáncer de la violencia.
Ya están adentro. Segundos antes, como es rutina en todos los estadios ingleses, han escaneado las entradas que contienen sus nombres y domicilios y han pasado una revisación que, más que tal, es un intercambio de bromas con el personal de seguridad a cargo del "operativo".
Las butacas están esperando a sus ocupantes. En la cancha calientan los dos equipos, pero ahora el verdadero espectáculo está en las enormes tribunas del coloso. No cabe un alma más. Aquello es imponente, tanto como la organización del evento. El techo deja, como en un acto de piedad, que se vea un mínimo cuadrado de cielo encapotado que parece vigilar el círculo central de la cancha. Aparte de eso, todo está cubierto. La acústica es brutal, no respeta los oídos pero al mismo tiempo la música colabora con el resto del entorno para que se erice la piel aún más, si es que eso es posible.
"Nos metieron en la barra brava" le digo a mi hija, pero apenas lo termino de pronunciar me doy cuenta que los que saltan y cantan como locos, pintados de rojo y blanco, están por todos lados y no son solamente los dos descocados -padre e hijo- que justo en la fila de adelante no paran de darle a la corneta y varios minutos antes de comenzar el partido, ya tienen la garganta destrozada. "Yo lloro cuando ganamos y lloro cuando perdemos" nos aclara el hijo, mientras el padre nos dice "está loco, pobre" y se mata de risa.
Los del norte de Inglaterra son así: sanguíneos, emotivos, vitales, tan diferentes a las hinchadas londinenses, más apagadas, entregadas a la hora de ir en desventaja, hasta frías. Los de allá arriba no paran de alentar, lo hicieron hasta el final y después también, cuando los futbolistas de Sunderland, antes de ir a recibir sus medallas como vicecampeones de la Copa de Liga, se arrimaron a aplaudirlos agradeciéndoles su apoyo permanente.
En la cancha, Sunderland se puso muy pronto en ventaja, demasiado rápido quizás, mucho tiempo para defender, largos, eternos minutos por delante para mantener una exigua ventaja. En los primeros 45 minutos lo logró. Gustavo Poyet plantó en la cancha a un Uruguay vestido de rojo y blanco, con una marca escalonada, un equipo mentalizado para no dejar hacer al encumbrado rival, negándole la recepción del balón a las figuras claves de los celestes del City. De última, cuando no se podía impedir la elaboración de la jugada de los de Manchester, una pierna o un zapato aparecía a último momento, muy a la uruguaya, para ahogar el grito de gol de la otra mitad del estadio. Después, los de Pellegrini demostraron que si no les sale su fútbol habitual de toques cortos, el atildado, el prolijo, el "tiqui-tiqui", tiene gente que sabe definir los partidos de otra forma, por ejemplo con terribles zapatazos como los de Yaya y Samir, que liquidaron el pleito.
Antes, mucho antes de ese final triste para Poyet y los suyos, la salida a la cancha de los equipos fue apoteótica, con la música atronando el ambiente, los estandartes gigantes de ambos contendientes, los lanza llamas escupiendo fuego hacia arriba y el "God Save the Queen", el himno inglés, entonado por una soprano con voz de diosa. En las tribunas, dos perfectos semicírculos de gente, inmensos, desde el césped hasta el techo del gigante, uno celeste y el otro rojiblanco, estaban separados justo a la altura de la línea del centro de la cancha, por guardias de seguridad privados completamente desarmados, que se entretenían bromeando con la gente a la que supuestamente debían "vigilar". Otra cultura, otro mundo. Sí, otro planeta, o como más le guste al lector.
Y a la salida lo mismo, a juntarse ganadores y perdedores en el enorme corredor de 600 metros hasta la estación del Subte de Wembley Park. A conversar, a reírse un poco más los ganadores, a no dramatizar demasiado los perdedores. En la mitad del trayecto una fila de mujeres policías de a caballo le sonreían a la gente y accedían a posar con los hinchas de ambos equipos, mientras algunos acariciaban dulcemente a los animales. Más allá, al final del gran corredor, los controladores del transporte paraban el flujo de gente hacia la estación cada 5 minutos, para evitar la congestión de público allá arriba, donde las líneas Jubilee y Metropolitan evacuaban rápidamente el área del "Templo del Fútbol".
Una fiesta en otro planeta, en una galaxia distinta...pero una fiesta inolvidable.
Nota del autor: esta maravillosa jornada de fútbol, éste espectáculo inolvidable aún más allá del resultado deportivo opuesto a nuestros deseos, nos fue posible vivirlo a mi hija menor y a mi, gracias a una persona que rompe todos los adjetivos elogiosos. Nunca pude trabajar en mi profesión en este maravilloso país en el que vivo y en el que hemos salido adelante junto a mi familia, de modo que no poseo acreditación alguna para ingresar a espectáculos deportivos. Los precios para esta final, como para casi todos los partidos de la Premier League, eran realmente inalcanzables para nosotros. Un Sr. llamado Gustavo Poyet, entrenador del Sunderland, un luchador y un caballero del deporte, pero sobre todo una gran persona y un laburante del fútbol, supo comprender nuestras ganas irresistibles de concurrir a este evento y transformarnos en hinchas rabiosos de su equipo.
Gracias Gustavo, de parte de una simple familia de laburantes uruguayos que vive en Inglaterra.
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