lunes, 16 de septiembre de 2019

Brexit: Destrucción Masiva - Parte 1

Introducción

La intención manifiesta de estas líneas es explicarle al lector en dos partes, lo más claramente posible, el complejo entramado del Brexit.

Es justamente por eso que recurriré a los primeros actores de esta obra casi surrealista que divide hoy a Gran Bretaña, de tal forma que jamás lo ha estado este país, al menos dentro de lo que se puede llamar su historia moderna. Dichos primeros actores no son otros que los Primeros Ministros de la nación, desde que el tan mentado Brexit estaba aún en ciernes, cuanto todavía era una difusa sombra, teóricamente incapaz por ese entonces de representar una amenaza para la sociedad británica.

Ellos, los tres, tienen algo en común: su ambición política. Por ambición política David Cameron hizo estallar la bomba que hoy destruye a su país. Por ambición política una "Remainer" como Theresa May, quien había sido parte activa de la campaña para que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea, ante la renuncia indeclinable de Cameron levantó la mano y dijo "Yo, yo puedo sacar al país de la U.E." y terminó mordiendo el polvo de un fracaso tan estrepitoso como humillante. Por ambición política Boris Johnson fue un adalid de la campaña de salida a la que utilizó simplemente como trampolín para encaramarse en el cargo de Primer Ministro: fracasó al principio pero su tesonera ambición política hizo que terminara consiguiéndolo más tarde. Porque el Brexit no es sino una triste consecuencia de la desmedida ambición política.

La utilización de la primera persona del singular, a la hora de describir el melodrama de de cada uno de los tres Primeros Ministros involucrados, de una u otra manera, en el proceso del llamado Brexit, se da únicamente para clarificar el panorama lo mejor posible para lectores que vienen de realidades completamente diferentes a la que ha establecido esta suerte de "monstruo" que asola a las Islas Británicas y que amenaza con destruir una de las economías mas fuertes del planeta y, por el dichoso pero irreversible efecto dominó, a las de los 27 restantes países que componen la Unión Europea.

A la vez, esta singular forma elegida para describir los acontecimientos de cada época, aspira a que el lector no sólo los reciba con mayor claridad, sino que al mismo tiempo consiga, dentro de los límites que marca una historia tan intrincada como esta, disfrutar de una lectura lo más amena que sea posible.

Es bueno precisar que las opiniones vertidas dentro del proceso informativo del tema, no son obviamente las de los personajes reales en los que se camufla el autor, sino justamente las del propio narrador.


Yo, Cameron

En junio de 2010 entré por primera vez  como inquilino en el número 10 de Downing Street, recuperando así el gobierno para mi Partido Conservador luego de muchos años, demasiados tal vez, de ostracismo político, testigos ellos de la "Era Blair (Tony)" primero y de la "Era Brown (Gordon)", después. Tony había llevado al país de la mano a una guerra (Irak 2003) tan inútil e infame como injusta, sólo para mantener la tradicionalmente sólida alianza con los Estados Unidos de América. George W. Bush lo había empujado y Tony había caído en la trampa sin siquiera chistar. Su carrera política se derrumbó para siempre, por más que hoy su voz y su perfil resurjan cada tanto defendiendo con uñas y dientes la permanencia del país en la Unión Europea. Nadie lo escucha, pero en todo caso cuanto más insiste en sus apreciaciones, consigue entre la opinión pública el efecto exactamente contrario al buscado.

Gordon (Brown) no hizo un buen gobierno y, en cambio, puede decirse que colocó una elegante alfombra roja al frente del número 10 de Downing Street para que en junio de 2010 yo entrara en la casa con toda pompa junto a mi esposa Samantha y a mis adorados hijos.

Lo cierto es que en realidad yo la tenía muy difícil, ya que no había conseguido en las urnas la mayoría parlamentaria imprescindible para gobernar con la mínima dosis de soltura y tranquilidad, así que no me quedó más remedio que forzar una coalición de gobierno con el Partido Liberal Demócrata, históricamente la tercera fuerza política del país, pero tradicionalmente mucho más cercana ideológicamente al Partido Laborista -nuestros enemigos políticos- que a mis amados "Tories" (Partido Conservador). Así las cosas el entonces líder de los Liberales Demócratas, Nick  Clegg, pasó a ser el Primer Ministro Alterno ("Deputy Primer Minister") y, en teoría, yo había conseguido la tan ansiada mayoría parlamentaria, imprescindible a la hora de gobernar.

Aquello simplemente no funcionó, como muy pocas veces funciona todo lo que se edifica sobre bases endebles. Fue como levantar un edificio sobre arenas movedizas. En general las cosas forzadas nunca tienen éxito y esa alianza hecha "con fórceps" no fue precisamente la excepción a la regla que yo necesitaba. De esa manera muy pronto surgieron desavenencias en temas claves y en múltiples ocasiones la coalición dejó de ser tal, por lo cual las fisuras se multiplicaron y se transformaron en auténticas grietas.

Nick Clegg y su Partido Liberal Demócrata perdieron también credibilidad entre sus adeptos y afiliados, algunos de los cuales llegaron a tildar de "traidor" a su líder. En las elecciones generales de 2015 esta fuerza política sufrió una de las peores votaciones de la historia. Milagrosamente, en dichos comicios Clegg consiguió -a duras penas- mantener su banca en el Parlamento, pero dos años después, tras las elecciones convocadas para junio de 2017 por la entonces Primera Ministra Theresa May, la perdió definitivamente.

Corría 2014, faltaba sólo un año para los comicios de 2015 y yo tenía que pensar rápidamente en algo que me llevara a obtener la mayoría parlamentaria que me había sido esquiva en aquel 2010, que aprecía tan lejano y tan cercano a la vez, habida cuenta de la llaga viva que me había dejado la frustrada coalición con los Liberales Demócratas de Nick Clegg.

Por ese entonces cobraba inusitada fuerza en el país una corriente de opinión  que pretendía a toda voz que el Reino Unido se escindiera de la Unión Europea, basándose en las altas contribuciones que exigía a sus miembros el organismo continental, pero principalmente en la necesidad para ellos perentoria de frenar el incesante flujo inmigratorio que venía acrecentándose sin pausas año tras año, desde mediados de los '90 hasta aquel presente.

"Recuperar nuestra identidad y nuestros valores como país", "Volver a ser nosotros mismos" o "recuperar para los británicos nuestros puestos de trabajo" (aunque difícilmente un británico se avenga jamás a realizar ninguno de los "trabajos sucios" que hace el inmigrante), eran solo algunas de las consignas empleadas por estos auto denominados "Euroescépticos", mayormente políticos del ala de la extrema derecha quienes, con argumentos tan baratos e irreales como sus consignas, pretendían convencer por un lado, a una masa poblacional de muy bajo nivel cultural y, por otro, a gente de edad avanzada, en cuyo caso utilizaban la utopía de que, al independizarse de la Unión Europea, el Reino Unido volvería a sus más lejanas tradiciones y así los "veteranos" vivirían de nuevo en aquel país que habían disfrutado durante su niñez y su adolescencia. Obviamente no detallaban plan alguno para la tal escisión del bloque, simplemente porque no lo tenían ni se les caía siquiera una idea de cómo conseguir su utópico objetivo.

En aquel 2014 este grupo de presión no parecía numeroso ni demasiado peligroso. En cambio el grueso de la clase política consideraba unos simples "locos sueltos" a quienes lo componían. Sin embargo para mi ellos representaron la inspiración que me condujo a la solución de mi problema. Aposté a que, por ese entonces, habían convencido a un número de personas suficiente como para que en las elecciones generales de 2015 yo pudiera conseguir la mayoría parlamentaria tan anhelada. El Partido Laborista, como siempre nuestro principal opositor, permanecía profundamente dividido y así las cosas, yo estaba seguro de que sería nuevamente el inquilino del número 10 de Downing Street, mas no podía arriesgarme a tener que recurrir de nuevo a una coalición forzada como la de 2010.

Así fue que simulé ceder a la presión de ese grupo de extrema derecha y les prometí que, si salía nuevamente electo en junio de 2015, llamaría a un plebiscito para junio de 2016, con las opciones de permanecer ("Remain") o salir ("Leave") la Unión Europea. Por entonces no sabía en la que me metía, pero tras los comicios de 2015 había logrado la mayoría parlamentaria que tanto necesitaba para gobernar. Paradojalmente, mientras la opinión pública y la prensa de mi país mostraban al mundo la gigantesca sorpresa que les causaba que hubiera obtenido una mayoría parlamentaria que nadie esperaba, yo comenzaba a pensar muy seriamente en la cantidad de gente que esos extremistas habían convencido para su causa, como para que hubieran incidido en forma tan determinante en un resultdo harto favorable para mis intereses políticos.

En fin, se los había prometido y entonces tuve que anunciar el llamado a plebiscito para junio de 2016. Claro que, después de ese anuncio, comencé una campaña denodada al principio, desesperada luego, en favor de que mi país permaneciera en la Unión Europea. Para entonces la campaña del "Leave" (Salir) ya tenía nombres propios como el de Nigel Farrrage, líder del UKIP, nuevo partido de extrema derecha que, sorpresivamente, había conseguido una excelente votación en las elecciones generales de 2015. Farrage había enarbolado la bandera del anti europeismo, mucho más que por convencimiento propio, con el fin de consolidar el auge inesperado de su nuevo partido, por entonces el "chiche" de los ultra derechistas del país. Con el tiempo este político fue transformándose rápidamente en un verdadero fanático de la causa anti europea, creando un nuevo Partido Político al que denominó Partido del Brexit y siendo odiado como pocos en los círculos de Bruselas, sede de la Unión Europea.

El otro nombre propio que fue adalid en la causa anti europea fue el del actual Primer Ministro Boris Johnson, quien había sido durante muchos años el Alcalde de Londres. Lo era inclusive cuando en 2012 la capital del Reino Unido fue sede de los Juegos Olímpicos. Difícilmente cabía esperar que alguien que fuera en el pasado reciente Alcalde de la ciudad mas pro-europea del país, un lugar en el mundo donde Europa respira por todos sus poros, se descolgara con semejante despropósito de liderar una campaña para que el país se desligara de la Unión Europea, pero lo cierto es que así fue y su trabajo, así como el de su por entonces compinche, Nigel Farrage, fue sucio por demás. Ambos le mintieron a la gente hasta lo inverosímil, extendiendo una gigantesca cáscara de banana a lo largo y ancho del Reino Unido, para que el público la pisara, resbalara y se diera el porrazo de la historia. Y de tener planes de salida, ni hablar. Ninguno de ellos tenía la más mínima idea de cómo hacerlo, pero tampoco les preocupaba porque sus objetivos eran otros, muy distintos, guiados por la ambición política.

Claro que para los pensantes estaba clarísimo que Johnson, quien mientras fue Alcalde de Londres jamás se manifestó en contra de la Unión Europea y, menos aún, a favor de una escición de su país de dicho bloque continental, tenía intenciones ocultas detrás de su campaña por el "Leave" (Salir). Mi amigo Boris mostraba, ya por ese entonces, su propósito firme e inquebrantable de pedir mi desalojo como inquilino del número 10 de Downing Street y ocupar él mi lugar. Eso estaba tan claro que ni él mismo se preocupó demasiado en ocultarlo.

Yo intenté por todos los medios a mi alcance disuadir a la gente de votar por la opción de salida. La campaña de mi gobierno fue tan intensa y desgastante como la realizada para las elecciones generales, o quizás lo fué aún más. Encendí la alerta roja de "Peligro" para que llegara a iluminar hasta los rincones más remotos del país.  Los sectores de prensa que apoyaban la salida llegaron poco menos que a pedir mi cabeza debido al gasto que insumió la campaña para permanecer en Europa, sobre todo cuando mandé imprimir e hice llegar a cada uno de los hogares del Reino Unido un librito en el que se detallaban todos los enormes perjuicios que ocasionaría al ciudadano común la salida del bloque. Todo fue en vano, el daño estaba hecho.

Yo no podía creer y menos aún tolerar que mi propia ambición política hubiera llevado al país al borde del abismo, pero ya era demasiado tarde. Me vi tirado a la vera del camino y, por todo equipaje, yacía a mi lado una inmensa bolsa cargada con una buena dosis de...mayoría parlamentaria. Inútil mayoría parlamentaria, por cierto. Ya no me servía para nada. Porque renuncié, claro, no podía hacer otra cosa.

"Lo siento, les fallé", tal cual titula el The Times a la entrevista que le concedí el sábado 14 de setiembre de 2019.

(Parte 2 - Lunes 23 de setiembre de 2019)

domingo, 7 de julio de 2019

"Maxi", la novela más leída

Las últimas horas de la exitosa carrera de Maximiliano Gómez en el Celta de Vigo están marcadas por la incertidumbre sobre el futuro destino del goleador sanducero formado en Defensor Sporting. Las opciones son claramente dos: el Valencia o el West Ham inglés, club que viene flirteando con el uruguayo desde hace exactamente un año. Los llamados "Hammers" vienen pretendiendo sus goles desde que su técnico chileno, Manuel Pellegrini, persigue incansablemente su fichaje. En aquel momento el club del sureste de Londres quedó lejos de alcanzar el monto de la cláusula de rescisión del sanducero. Pellegrini insistió por él durante el período de pases de enero último, pero finalmente todo volvió a quedar a fojas cero cuando el delantero austríaco del West Ham Marko Arnautovic, decidió quedarse en el club tras un fallido intento de pasar al fútbol chino.

Esta vez puede aplicarse el dicho que sentencia que "la tercera es la vencida" o bien el opuesto, el que pregona que "no hay dos sin tres". El díscolo Arnautovic se va finalmente a la China tasado en 22 millones de libras esterlinas, cifra que en Londres consideran casi absurda pero inevitable ya que literalmente se anunció desde el propio club que ni el entrenador, ni sus propios compañeros, ni siquiera el personal administrativo, soportan los desplantes del austríaco ni un segundo más. Como consecuencia directa de esta operación de salida, de que también el español Lucas Pérez y el inglés Andy Carrol han dejado la institución quedando como único centro delantero el mexicano "Chicharito" Hernández, West Ham ha ofrecido a Celta de Vigo una suma muy cercana a los 50 millones de euros en que está fijada la cláusula de rescición de Maxi Gómez. También ha asegurado que pagará al delantero unos 100.000 euros semanales de sueldo y se ocupará de la comisión de unos 3 millones de euros que reclama el representante del jugador, el británico Jonathan Barnett, quien es el número uno de los agentes en Inglaterra y uno de los más influyentes del mundo, representando también al galés Gareth Bale. Barnett es fundador y presidente de la agencia Stellar Group que hace un tiempo lleva los asuntos de Maxi Gómez. El empresario no oculta su aspiración de que el uruguayo juegue, tarde o temprano, en algún club de la Premier League.

La mesa estaba servida y el banquete podía comenzar, pero hete aquí que se presentó un comensal que no estaba invitado; el Valencia y su oferta a Celta de Vigo de dos futbolistas, el delantero Santi Mina y el defensa Jorge Sáenz, mas 14 millones de euros. A Carlos Mourinho, presidente del club vigués, le sedujo la propuesta del club "Ché", ya que los suyos necesitan a esos dos futbolistas ofrecidos, especialmente al gallego Mina, formado en Vigo y centro delantero ideal para sustituir a Maxi, sin resentir el poderío del club celeste en esa zona vital del campo.

Y allí, en el preciso instante en que aterrizó procedente del Mediterráneo la propuesta valenciana, comenzó una pugna feroz que continúa hasta el mismo momento en que la presente nota está siendo escrita. "En este rincón", diría un presentador de boxeo, "Valencia y Celta y en este otro Jonathan Barnett, representante de MaxiGómez y el West Ham inglés con su entrenador chileno decidido a que esta vez se contemple su aspiración de hacerse con los goles del uruguayo". Se ha creado pues un enfrentamiento que se ha vuelto durísimo con el transcurrir de las horas y que no verá su fin hasta el momento en que el futbolista, actualmente de vacaciones en su Paysandú natal, se decida por una u otra opción.

Por un lado, Maxi tiene a Valencia que le da la seguridad de competir por primera vez en la Liga de Campeones y por otro al West Ham, que le duplicaría el sueldo que podría pagarle el club "Ché" y le abriría el amplio abanico que significa mostrarse en la Premier League, hoy por hoy la Liga más importante del mundo. Sin embargo hay otro punto clave en esta auténtica telaraña y es que, pese al interés casi obsesivo en llevarse a Gómez, West Ham continúa ofreciendo menos que los 50 millones de euros de la cláusula de salida del sanducero. Afirma que contemplaría las exigencias de Barnett, el representante de Maxi. También confirma que le pagaría al goleador el doble de lo que Valencia estaría en condiciones de abonarle.

Por razones desconocidas que probablemente recalen en el regateo normal en esta y en toda clase de negocios, los llamados "Hammers" se quedan a poco de alcanzar los "50 kilos" que legalmente le asegurarían al futbolista, independientemente de lo que Carlos Mourinho, presidente de Celta, el titular de Valencia y el propio Gómez puedan pretender.

Y justamente de esta cornisa es que se agarrra el club "Ché" para no perder las esperanzas de hacerse finalmente con los goles de Maxi y terminar de deshechar el plan B que implicaría enfocarse en Borja Iglesias, delantero del Espanyol de Barcelona. También se dice que Carlos Mourinho, presidente de Celta, es comprobadamente un hombre de palabra y que, en base a esto, es que desea mantener a rajatabla el acuerdo al que llegó con el Valencia F.C.

La conclusión a la que naturalmente se llega en este entramado, es que si West Ham llega a los 50 millones de la cláusula de salida de Maxi Gómez, además de contemplar las aspiraciones del Grupo Stellar que representa al futbolista y, como remate al ángulo ofrece al ex violeta un sueldo que duplica lo que podría pagarle Valencia, habrá goles uruguayos en la Premier League a partir del mes que viene. Por otro lado, en el otro rincón, si los "Hammers" insisten demasiado en el regateo y no terminan de alcanzar el monto de la cláusula de resición, corren el riesgo inminente de que finalmente prospere el acuerdo Valencia-Celta y que Maxi vea sus primeros minutos en Liga de Campeones en setiembre próximo.

Es un cara o cruz, pero lo que parece seguro es que esta vez la moneda no caerá de canto como pasó en los dos períodos de pases anteriores sino que, por el contrario, todo quedará resuelto en pocas, muy pocas horas: Valencia o West Ham será el destino de Maxi Gómez y unos 5 millones de euros, por derechos de formación, irán a parar a las arcas del Defensor Sporting Club del Uruguay.

miércoles, 20 de febrero de 2019

La trama del "Brexit"

"Sombras nada más..." Como en el viejo bolero, sombras nada más se ciernen sobre la economía británica, por ahora, todavía una de las más fuertes del planeta, lo cual no es secreto para nadie, sea idóneo en la materia o no.

Todo comenzó en 2010, cuando el Partido Conservador recuperó el gobierno del país tras muchos años de ostracismo. La falta de mayoría parlamentaria obligó al Primer Ministro electo, David Cameron, a forzar una alianza con el Partido Liberal Demócrata, tradicionalmente la tercera fuerza política del Reino Unido pero históricamente más cercana en ideas y proyectos al Partido Laborista, la segunda corriente política del país. Fue entonces una alianza hecha "con forceps", obligada por las circunstancias y, consecuentemente, condenada al fracaso a mediano o largo plazo..

Las discrepancias no demoraron en aparecer y la coalición se resquebrajó en varias partes, aunque a la postre consiguió llegar al fin del período del gobierno de Cameron. Sin embargo, para entonces el Primer Ministro ya había adoptado las providencias necesarias para que la situación no volviera a repetirse en los comicios de 2015, en los cuales presentaría nuevamente su candidatura como líder del Partido Conservador. Agazapado en las sombras, conspiraba un grupo ultraderechista, de claro corte neo fascista, xenófobo por excelencia, que promovía, entre otros tópicos, la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Cameron no quería mas alianzas forzadas para su siguiente período de gobierno, así que decidió que necesitaba asegurarse en las urnas a los seguidores de ese grupo de su Partido, muy cercano por cierto al naciente partido de extrema derecha denominado UKIP.

Y entonces en 2014, un año antes de las siguientes elecciones generales, les prometió lo que querían: un plebiscito, a realizarse en junio de 2016, en el que se decidiría la permanencia o no del Reino Unido en la Unión Europea. Entonces, en 2015, a cuenta de dicha promesa y con los votos de quienes seguían a los que pretendían escindir al país del bloque continental, David Cameron no sólo volvió a ser elegido para comandar a su nación, sino que también obtuvo la tan ansiada e imprescindible mayoría parlamentaria para poder gobernar el país...gracias a ese plebiscito prometido el año anterior.

Trascendió que Cameron, en su intimidad, se jactó de haber usado esa corriente de extrema derecha de su Partido para lograr los votos que necesitaba imperiosamente en aras de conseguir esa dichosa mayoría parlamentaria, clave para enfrentar un nuevo período de gobierno, ya que, según confesó alguna voz muy próxima al entonces Primer Ministro, para Mr. Cameron era literalmente imposible que en el mentado plebiscito se impusiera la corriente que deseaba abandonar la Unión Europea. Meses después de asumir su segunda magistratura y ante algunos resultados de encuestas realmente alarmantes, de cara al prometido plebiscito de junio de 2016, el Primer Ministro y sus Secretarios de Estado encendieron las alarmas y comenzaron una campaña casi desesperada por impedir que los votantes inclinaran la balanza para que el país abandonara la Unión Europea. El gobierno repartió prospectos casa por casa a lo largo y a lo ancho de todo el país, detallando las consecuencias desastrosas de un presunto triunfo del luego bautizado "Brexit". Pérdida de empleos, fuga de capitales, bancos y empresas, caída en picada de la economía, nada faltó en el pequeño libro que recibió cada familia del Reino Unido.

Todo fue inútil. Del otro lado, los ultraderechistas le simplificaron las cosas a sus seguidores, mayoritariamente gente de la tercera edad, con escaso nivel intelectual y provenientes de zonas mayormente agrarias, reduciéndolo todo al tema de la inmigración. Era salir de la Unión Europea y las fronteras quedaban cerradas a la corriente de gente que, sin solución de continuidad, había venido entrando al Reino Unido durante cinco décadas. Les dijeron que había que recuperar la Gran Bretaña de sus antepasados, hecha por los británicos sólo para los británicos. Jamás les aclararon a sus nacionales que los inmigrantes llegaban para ocuparse de los trabajos duros y hasta insalubres algunos, que ellos, los británicos, deshechaban sistemáticamente. Tampoco les dijeron que la mayoría de la inmigración provenía de visas otorgadas a corrientes migratorias llegadas desde distintos países de Asia y de Africa y no precisamente de las naciones de la Unión Europea. Menos aún se les aclaró a los votantes que la salida del bloque aparejaría un proceso complejo por demás, una telaraña casi imposible de desenredar, a la que se le agregaría el colapso financiero, la caída de la economía, la pérdida masiva de puestos de trabajo, la fuga de capitales, de bancos y de empresas.

Todo fue inútil. Por más que el entonces Primer Ministro y su gabinete apelaron a todo lo que tuvieron a su alcance para desalentar el voto de salida de la Unión Europea, terminaron ganando quienes se aprovecharon de la ignorancia, del entorno y de la edad avanzada de muchos de quienes sufragaron en el plebiscito de junio de 2016. Al día siguiente, David Cameron renunció como Primer Ministro de Gran Bretaña, aduciendo que no se consideraba la persona adecuada para conducir al país a través del proceso complejo y crítico que se avecinaba.

Cameron inventó un plebiscito para conseguir la mayoría parlamentaria en las elecciones de 2015. El precio que pagó por su ambición política fue desorbitado, ya que debió renunciar a su cargo. Claro que mucho peor es el precio que injustamente está pagando su país. El próximo 29 de marzo es la fecha de salida de la Unión Europea pero mientras tanto el plan de la Primera Ministra Theresa May, es decir el acuerdo al que llegó con los líderes de la Unión Europea, rebota una y otra vez en la Casa de los Comunes. El pésimo manejo del tema por ambos Partidos mayoritarios ha provocado once renuncias de parlamentarios conservadores y laboristas, partidarios de devolver el tema a los votantes para que decidan, ahora sin engaños y con mayor participación de los jóvenes, si realmente desean que Gran Bretaña deje la Unión Europea.

La sombra de una salida sin acuerdo asusta a todos, ya que sería una auténtica catástrofe económica y financiera, con cierre masivo de empresas, traslados de bancos y consiguientes pérdidas de puestos de trabajo. La fuga de empresas, sobre todo en la industria automovilística, es ya alarmante sin necesidad de esperar a una salida del bloque continental sin acuerdo previo. Primero fue la "Jaguar-Land Rover", hoy la fuga más fresca es la de "Honda", cerrando su planta de la ciudad de Swindon y dejando a 3.500 familias en situación de calle. Sus ejecutivos adujeron razones de "marketing" para dicho cierre, pero fuentes extra oficiales aseguraron que el funesto"Brexit" tuvo una parte clave y medular en la resolución.

Muchos rezan hoy en Gran Bretaña para que el grupo de "Independientes" que abandonaron entre lunes y miércoles a sus fracciones políticas, consiga muchos más adeptos -se asegura que así será- y logre en el Parlamento los votos necesarios para que la consideración del "Brexit" vuelva a las urnas, previo postergación de la fecha de salida inicialmente prevista para el próximo 29 de marzo.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Matan por Torreira

|Le marca el pase a Pierre Emerick Aubameyang. El francés nacido en Gabón mete el balón magistralmente entre la última línea de los Spurs. Sobre la derecha de su ataque Lucas Torreira pone un pique corto que lo deja mirando a los ojos de Hugo Lloris, el arquero campeón del mundo. Asimilada la ubicación del golero, con una frialdad pasmosa, el uruguayo acaricia la pelota y, dándole efecto hacia afuera, la coloca contra el segundo palo del arco visitante. Corre enloquecido, se quita la camiseta, queda hincado junto al banderín del corner y ya no se le ve más porque sus compañeros forman una montaña humana sobre su pequeño cuerpo, mientras el Emirates Stadium se cae encima de ellos: es el 4 a 2, es victoria clásica asegurada, de atrás, contra un penal fabricado por el coreano Son y "comprado" por el árbitro Mike Dean.

Pero mucho más que todo lo eventual, mucho más que el producto de una tarde clásica gloriosa, ideal, fantástica, es la confirmación de una nueva era "Gunner". La era del nuevo entrenador, el vasco Unai Emery, de dos goleadores envidiables como los franceses Aubameyang y Lacazette, de un equipo que lleva la friolera de 19 partidos sin perder, de una hinchada que vuelve a creer.

RELIQUIA. Y la era de Lucas Torreira, Un ídolo indiscutible de la gente del club más popular de Londres. "Matan" por él acá, apuntaba en la noche de Uruguay-Brasil, un vendedor de reliquias "Gunner" de los alrededores del estadio. En su puesto callejero un cuadro de Torreira mandaba en los escaparates y tenía marcado un precio de nada más ni nada menos que 300 libras esterlinas, esto es, unos 12.000 pesos uruguayos: de locos. Por eso el primer gol de Lucas con la camiseta de Arsenal, con toda su brillantez tanto en la elaboración como en la culminación, y anotado justo en el clásico ante el archirival, Tottenham Hotspur, no deja de ser la simple y lógica culminación de todo lo que ha sembrado el fraybentino en los contados meses que lleva en su nuevo club.

El uruguayo llegaba a una Liga muy diferente a la italiana. En la Serie A un mediocampista de marca es arropado por el entrenador de turno a través de esquemas defensivos y precautorios que cierran los espacios a los delanteros rivales. Precisamente en este aspecto la Premier es implacable, cruda, demoledora. Se juega a cara o cruz, se especula poco y nada, se ataca, se demuele al rival, se mata. Esa es la razón fundamental por la cual, astuto, inteligente, el vasco Emery demoró en confirmar a Lucas Torreira como titular indiscutido de este equipo de Arsenal. Creyó imprescindible que el ex-volante de la Sampdoria "campaneara" los partidos desde afuera, que viera como se jugaban las cartas en la Premier, que calculara sus posibilidades. Así, al principio, Lucas entraba a la cancha en cuentagotas, aunque el ex-técnico de PSG nunca dudó que estaba cercano el día en que Torreira sería inamovible en su alineación. Simplemente quería al de Fray Bentos en su máximo nivel de rendimiento. Preparó la bomba para que explotara en toda su potencia y logró el producto que deseaba o quizás más eficaz todavía. Hoy Lucas, erguido, saca pecho, patrulla el mediocampo. vigila, manda, marca a cada compañero cuál es el mejor pase de acuerdo a la coyuntura del momento. Por momentos parece un león transitando su feudo, rugiendo, temible al defender y al atacar.

VENERADO. "Clase de Historia", tituló el matutino londinense "The Sun" el día después del gran clásico del norte de Londres. Junto a dicho encabezamiento aparece la foto del pofesor de esa clase, Lucas Torreira, de puños apretados y brazos extendidos, corriendo hacia el banderín del corner con la camiseta en la mano, en un festejo desenfrenado y enloquecido. Ha sido el mejor jugador de la cancha en tres de los últimos cuatro partidos de Arsenal por Premier League, una competencia exigente hasta la opresión, que inhibe, que mata, que liquida a quienes no están hechos a prueba de balas...No a Lucas Torreira, ese uruguayo al que la hinchada "Gunner" canta sin parar durante todos los partidos: "Lucas Torreira, el que mide 5 pies y medio, el que llegó de Uruguay..."

Es respetado por los rivales, es venerado y adorado por sus hinchas casi hasta lo incomprensible, tal como se desprende de la afirmación de un hincha durante los festejos del domingo por la noche en Piccadilly Circus, corazón del centro de Londres: "Sí, claro, el clásico ganado de atrás como el Arsenal de antes, es formidable, pero que Torreira haya anotado su primer gol justo en un partido así, es lo que más me llenó el día". Es que Lucas le vino a Arsenal "como anillo al dedo". Pasaron años interminables entre el cierre del ciclo del legendario caudillo, el francés Patrick Vieira y la llegada del fraybentino. Años eternos durante los cuales los delanteros rivales se hicieron infinidad de "picnics" con los defensas "Gunner", sin que nadie los molestara siquiera en sus incursiones desvastadoras.

Quizás el hincha, ya sin garganta, entre el revolear de bufandas y banderas rojiblancas brillando a la luz de las marquesinas de Piccadilly Circus, haya sido infinitamente más gráfico que mil palabras: "el setenta por ciento de La Tierra la cubre el agua y el treinta por ciento restante la cubre Torreira".

lunes, 8 de octubre de 2018

El Jefe

"Oiga jefe, ¿no me daría una ayudita para llevar el pan a mi casa, que no tengo trabajo?" La súplica, tan común y corriente, escenificada en cualquier calle de Montevideo, podría trasladarse fácilmente hoy a otro ámbito completamente diferente: una cancha de fútbol del oeste de Londres donde se disputa un partido de Premier League, el torneo más competitivo del planeta. Los protagonistas también son otros, claro está, pero el diálogo imaginario podría ser muy parecido.

"Oiga jefe, ¿no me daría una ayudita para soltarme un poquito, que tengo mucho trabajo?" La súplica de los mediocampistas de Arsenal F.C., el club más importante de la capital británica, se viene perpetuando desde principios de este tercer milenio, allá por el lejano 2004, más concretamente desde que el legendario francés Patrick Vieira "colgara los botines", dejando al equipo de su coterráneo Arsene Wenger huérfano de marca en el medio del campo, un sector clave desde el cual se ganan o se pierden partidos en el fútbol moderno.

GIGANTE. Tuvieron que pasar 14 años para que apareciera el "jefe" que diera una manito, o más bien una mano gigante, a sus compañeros, para hacerles más sencilla su tarea, "cubriendo millas de césped con un traqueteo constante, trancando rivales, obstruyéndolos, molestándolos con tenacidad inquebrantable y todavía con resto para pasar eficazmente tanto en corto como en largo", según afirma en la cadena BT Sports de la TV inglesa, el ex-defensa de Arsenal, Martin Keown, refiriéndose a Lucas Torreira, el "jefe" en esta nota, el pequeño gigante uruguayo que hoy acapara todos los elogios de los hinchas "Gunners", tan sufridos en los últimos años de la "Era Wenger" por la ausencia total de personalidad y estabilidad del equipo, ingredientes que el fraybentino está en condiciones de aportar por toneladas. El gigantón Keown, desde hace un buen tiempo panelista de TV en partidos de la Premier y de la Champions y Europa League, especifica que el mediocampista mundialista suizo "Xhaka ahora está liberado de las críticas de los fans, quienes le endilgaban que no trancaba, que no 'tackleaba' rivales. Ahora puede mostrar sus cualidades con la pelota, proyectarse a la ofensiva con tranquilidad, porque detrás suyo Torreira hace todo ese trabajo que los hinchas le reclamaban a él".

AVAL. Por su parte, el vespertino londinense Evening Standard asegura que "independientemente de su influencia en el juego de sus compañeros, el uruguayo va camino de ser el mejor de la Premier League en su puesto, si es que continúa en su línea ascendente". Existen números para avalar tanta confianza. Hoy Torreira ya es titular indiscutido -lo ha sido en los últimos tres encuentros- y es además el único futbolista del extenso plantel de Arsenal que ha participado de todos los partidos oficiales disputados hasta ahora en la presente temporada. Solamente en el último compromiso, el domingo 7 de octubre ante Fulham, jugando de visitante en el legendario "Craven Cottage" se ha despachado con 66 toques de pelota, 40 pases correctos, 1 bloqueo y el 100% de sus "tackles" ganados, uno de ellos de cabeza en su propia área, pese a su corta estatura, a la vez que interceptó el balón en 6 oportunidades, sobre un total de 7 que concretó todo el equipo de Arsenal. Y ese rico "curriculum" es a cuenta de que aún no ha logrado que en los partidos que lleva disputados por Premier League, le cedan la ejecución de pelotas quietas, función que en la Sampdoria italiana cumplía "a full", entiéndase tiros libres desde todos los sectores, corners incluidos.

Tras el 5-1 al local Fulham, el nuevo entrenador "Gunner", Unai Emery, quien viene de dirigir a Edison Cavani durante dos temporadas en el París Saint Germain, se declaró "impresionado por la humildad y consistencia de Lucas Torreira". El vasco agregó que "es muy joven aún (23 años), es su primera temporada acá (Inglaterra) pero jugó por años en un fútbol duro como es el italiano, además de haber disputado el Mundial con Uruguay, enfrentando a grandes equipos". El técnico continuó diciendo que "acá lo está haciendo muy bien, tiene una gran humildad para trabajar, escuchar y aprender. Emery enfatizó que Torreira "puede jugar en el centro del mediocampo como lo hizo hoy (el domingo 7 ante Fulham) pero también puede moverse por el sector derecho en un eventual 4-4-2 y su actuación será la misma. Por último el español recordó que "ahora Torreira tendrá una agenda particularmente extenuante con el viaje de Uruguay al Lejano Oriente", pero a la vez se manifestó convencido que "igual se las arreglará muy bien".

CANCION. "Torreira, wooooah, Torreira wooooah, viene de Uruguay, mide sólo 5 pies 5 (5,5) de altura". Durante el segundo tiempo del partido del domingo 7 ante Fulham en "Craven Cottage", esa fue parte de la letra de una canción que los cientos de hinchas de Arsenal que siguieron al equipo al oeste de la capital, le dedicaron al uruguayo, cuando aún no lleva ni siquiera tres meses en el club. Esperaron ansiosos al sucesor del gran Patrick Vieira, jefe por años del mediocampo "Gunner". Confían en que la diferencia sideral de estatura entre el galo y el fraybentino, quede solamente en los centímetros, o en pies, como dicen por estos pagos. Están seguros, olfatean, que Lucas Torreira, será tan jefe como Vieira en el club más importante de Londres.

MARKETING. Será por esa razón que dicen que la tonada de la canción que le dedicaron al uruguayo el domingo, es casi la misma que la que le regalaron al legendario francés a principios de este tercer milenio. Y quizás sea también esa la razón por la cual su camiseta, la número “11” de los “Gunner”, ya es la tercera más vendida del plantel en las distintas tiendas del planeta. Y recién llegó…






lunes, 27 de agosto de 2018

Tiempo de cambio...tiempo de Torreira

Arsenal es el club más importante de Londres pero sobre todo es un grande y en cualquier parte del mundo el grande puede perder como cualquiera. Puede tropezar dos veces seguidas, aunque tres...ya es más complicado. Es que el entorno de un grande -de éste grande en particular- permite trastornos limitados en número y más que nada, esa platea selecta compuesta por el fanático y hasta por la prensa que mira todo con lupa, admite y se resigna a que los tropiezos sean el producto lógico de un cambio profundo y hasta traumático, como el que marca un nuevo proceso que se inicia tras la renuncia de un entrenador que estuvo la "nimiedad" de 22 años al frente del plantel principal del club.

Arsene Wenger se fué y cuesta imaginar al club del norte de la capital británica sin su conductor francés, incorporado a través del tiempo a las páginas históricas de los bautizados "Gunners". Aunque a los hinchas les duela, la transición que comienza será larga y dolorosa, como aún hoy lo viene siendo la que pauta el momento de Manchester United, uno de los clubes más poderosos del mundo, tras el retiro de su ícono, Sir Alex Ferguson, ocurrido hace ya varias temporadas, luego de haber ocupado el banquillo del D.T. durante la friolera de un cuarto de siglo. Hoy, el orgulloso y petulante José Mourinho tiene que ver como el City, el rival de ciudad al que el popular United siempre miró desde arriba y hasta menospreció históricamente a gusto y antojo, manda en el fútbol inglés a fuerza de poder, dinero y estabilidad.

Si el lector tiene a bien meterse en la cancha del "Emirates", el estadio de Arsenal, al norte de Londres, uno de los cambios claves que el nuevo técnico pretende introducir en el "Gunner", es la implantación de un balance adecuado en el mediocampo del equipo. Los críticos de Wenger -una legión en los últimos tiempos- le endilgaban, entre muchas otras cosas, que la oncena carecía de contención en esa zona de la cancha, una debilidad que los delanteros rivales aprovechaban permanentemente, paseándose por allí muy sueltos de cuerpo y castigando sin piedad, con pelota y situación dominadas, a los desamparados defensas, siempre en desventaja al no contar con la armadura que amortiguara el vértigo de los rivales catapultados en velocidad.

CAMBIO. "Ninguno de los fichajes de este verano en Arsenal simboliza el tiempo de cambio en el club como el de Lucas Torreira". Con esa sentencia James Olley, Corresponsal Jefe en Fútbol del Evening Standard de Londres, abría, días atrás, un reporte de dos páginas del vespertino, casi enteramente dedicadas a ensalzar las virtudes del volante uruguayo. En otro segmento de la nota, el periodista señala a Torreira como el factor clave de la "desaparición" de Cristiano Ronaldo en el triunfo uruguayo  ante Portugal, por octavos de final del último Mundial. También destaca que el fraybentino es un ganador nato de pelotas divididas, un recuperador de balones sin igual, virtudes que no le impiden tener un ojo especial para meter fantásticos pases en profundidad.

"Me gustó el balance que Torreira le dió a nuestro mediocampo en el segundo tiempo", declaró el nuevo entrenador "Gunner", Unai Emery, quien durante dos temporadas dirigió a Edison Cavani en el París Saint Germain. Cuando a los 56' del último encuentro de Arsenal -como local ante West Ham United- el ex-Sampdoria ingresó por el juvenil Guendouzi, la primera pelota que tocó la transformó en un pase formidable entre líneas, que dejó sólo al francés Lacazzette frente al arquero polaco Fabianski (ex-Arsenal), quien le negó el gol con una gran tapada. Para ese entonces el partido estaba 1 a 1 pero el local no conseguía imponer la presencia imprescindible para desalentar las aspiraciones ofensivas de la visita, situación nada extraña por cierto en el Arsenal de los últimos años.

DOMINADOR. Ya rondando los 70' comenzó a notarse que Torreira llenaba el medio con autoridad. Encajó un nuevo pase profundo y rasante que esta vez desaprovechó el ex-Borussia Dortmund, el francés Aubameyang, pero lo medular es que para entonces, con el diminuto uruguayo sacando pecho, Arsenal se plantó y se sintió como dominador, al punto que pronto llegó su segundo gol y siguió martillando por el tercero. A los 83' Torreira ejecutó su primera pelota quieta en su nuevo equipo -un corner- pero le quedó muy corto y auspició un peligroso contragolpe que el rival finalmente no aprovechó. Por último, a los 86' el fraybentino culminó un "pressing" ofensivo de su equipo con un gran anticipo, provocando una nueva acción de peligro a la postre no concretada por sus compañeros.

IRREAL. Tras el triunfo -3 a 1- la voz del hincha "Gunner" no se hizo esperar y las redes sociales se poblaron muy pronto con sus sentencias.  Algunas de ellas fueron: "Ahora Torreira a la cancha desde el comienzo"; "Que empiece con Torreira"; "Hace jugar bien a Xhaka (el mediocampista mundialista suizo) y a Ramsey (el galés) y todavía releva a Bellerín (lateral derecho español) cuando se proyecta en ofensiva". Y finalmente la más gráfica por lejos: "Su versatilidad es irreal".

Lucas Torreira, por la función que realiza, la de contención y balance, que, si bien es muy apreciada y valorada por los entrenadores y hasta por los periodistas especializados, debería ser el típico jugador que "no se ve", como reza el dicho popular, ya que normalmente el futbolista que cumple con un trabajo escencialmente táctico no llena el ojo exitista del hincha común, quien pretende levantarse de la butaca para aclamar grandes pases de magia o goles antológicos. Sólo dos factores explican la reacción inusual del hincha ante un futbolista de sus características: el primero es que Arsenal lo necesitaba como el pan de cada día y el segundo es que el de Fray Bentos adorna su funcionalidad y practicidad indiscutibles con...una versatilidad irreal.

viernes, 10 de agosto de 2018

Godín y su cáscara de banana

A seis horas del vencimiento de un nuevo período de pases, la Inglaterra futbolera hervía, ni más ni menos que como sucede todos los años, cuando la temporada de una de las Ligas más fuertes del mundo está a escasas horas de comenzar. A esa altura del día -las 11 de la mañana- casi todos los ojos y oídos se concentraban puntualmente en los tropezones que venía sufriendo el Manchester United de José Mourinho, empeñado en reforzar su defensa a como diere lugar, adquiriendo un zaguero central de primer nivel.

Hasta ese instante habían desfilado los nombres de tres mundialistas: el inglés Harry Maguire, de Leicester City, el alemán Jerome Boateng, de Bayerrn Münich y el colombiano Yerry Mina, de Barcelona. Diferentes razones se pusieron sobre la mesa para que ninguno de los tres, además de Toby Alderweidler, defensor de Tottenham Hotspur, pudieran llegar a Manchester para cubrir tan clave posición.

BOMBA
Y entonces fue cuando apareció la bomba, al menos tal como se pintó el tema en sus comienzos: "Manchester United contacta a Atlético Madrid por el veterano Godín, uno de los mejores zagueros del mundo". La repercusión inmediata de la impactante noticia pasó primariamente por el escepticismo, sobre todo en los que recibieron la nueva en la invernal madrugada uruguaya, pero también en muchos periodistas ingleses conocedores de la adhesión de Godín a la causa atlética, a sus compañeros, al entrenador y a una hinchada que apoya como pocas en España. Pocos ignoran en el mundo del fútbol que, además, el capitán uruguayo es básico en el esquema y en los planes de Diego Simeone, habida cuenta de que a partir de esta temporada que se inicia será el capitán del equipo "colchonero". En suma eran muchas, demasiadas, las razones para pronosticar que el Manchester United del carismático Mourinho recibiría un nuevo "cachetazo" en su desesperada búsqueda del codiciado zaguero central de primer nivel.

Por ese motivo nadie se sorprendió cuando se anunció que desde Madrid se había recibido una contestación negativa y que el intento de los de Old Trafford había quedado en eso, o sea en un simple y fallido intento. Por ese entonces comenzaron las loas a Godín, tanto de parte de los hinchas de Atlético como de los uruguayos madrugadores que estaban al tanto de los acontecimientos. Es que ya se había corrido el rumor -cierto, inequívoco y sobre todo muy ajustado a la realidad- que el uruguayo había rechazado de Manchester United un ingreso anual de 7 millones de libras esterlinas. Y claro, de nuevo sonaron las campanas y se escucharon los himnos idolatrando al capitán celeste. Se habló de su renuncia a un salario impresionante, de su adhesión incondicional al "Cholo" Simeone, de que luego de haber sido decisivo para que Antoine Griezmann se quedara en el club tenía que predicar con su propio ejemplo y de su comunión con la hinchada "colchonera".

A veces la verdad no es una sóla y lo sucedido entre Diego Godín, Manchester United y Atlético Madrid, lo demuestra con creces. Por un lado está claro por demás que todos los elogios para el gran zaguero celeste son harto merecidos y que en ningún momento Godín pensó siquiera en dejar su club y trasladarse a Manchester para transformarse en figura básica del actual vice-campeón inglés dirigido por José Mourinho. Sin embargo este "affaire", esta suerte de triángulo amoroso entre Godín, United y Atleti, mostró que tenía también una segunda cara.

MANIOBRA
Al principio, tras la esperada negativa, los minutos pasaron y nadie imaginó el desenlace que sobrevendría y, mucho menos aún, la maniobra que desembocaría en un final que sería antológico y casi increíble. Desde Old Trafford se daba cuenta de que alguien que representaba a Diego Godín había abierto el fuego, contactándose con el club inglés para ofrecerle los servicios del zaguero de Atlético, quien, según habría argumentado tal agente, "jugaría gustoso defendiendo a Manchester United". La fuente de Old Trafford, muy vinculada a la cadena Sky Sports, animó y entusiasmó a las autoridades del club a tomar contacto rápidamente con los jerarcas de Atlético Madrid, ya que, según supuestamente enfatizara el vocero de Godín, "la cláusula de salida de Diego es de 18 millones de libras, una suma ridícula que ustedes la pagarían con los ojos cerrados".

La comunicación con Madrid no se hizo esperar y tras ella los sorprendidos dirigientes "colchoneros" llamaron inmediatamente a Godín para pedirle explicaciones. La respuesta del capitán fue clara: "yo me quiero quedar y todo el mundo lo sabe, eso es muy claro, pero necesito que acordemos un nuevo contrato de acuerdo a la oferta que me están haciendo". El final de la novela es muy fácil de adivinar. Ante la respuesta del zaguero y tomando conciencia del peligro inminente que para Atlético representaba esa absurda cláusula de salida de sólo 18 millones (en libras), los directivos madrileños accedieron a la requisitoria del futbolista y a partir de ahora Diego Godín disfrutará de un ingreso anual de 7 millones de euros, es decir, muy poco menos de lo ofrecido por el super-poderoso Manchester United.

PAPEL HIGIENICO
Hoy en Inglaterra todos hablan de la cáscara de banana que pisaron Mourinho y su club y de la forma insólita en que fueron usados por Godín y compañía con el simple objetivo de lograr un nuevo y suculento contrato en su actual club, el Atlético Madrid. "Los usaron como papel higiénico", dijo un panelista poco después de cerrarse el período de pases, es decir, pocas horas después de lo sucedido. "¿Quién es el tonto acá?" preguntó al aire el conocido periodista Jim White, a lo cual el ex-técnico de la selección inglesa, el carismático Sam Allardyce, contestó muy suelto de cuerpo: "¿y quién va a ser? Manchester United por supuesto, por confiar en los representantes".

De todos modos no está tan claro que el único "tonto" sea Manchester United, ya que luego de recibir un llamado de esa índole, ofreciéndole por poco más que nada a uno de los mejores zagueros del mundo, es obvio que no le quedaba otra salida que efectuar la llamada a Madrid, por más descabellada que fuera la situación planteada y por menos posbilidades de éxito que se avizoraran. Con el mismo criterio, se podría establecer que "el tonto" podría ser también Atlético Madrid, ya que manteniendo un contrato viejo cque incluía un monto absurdo para la cláusula de salida de uno de los mejores futbolistas de su plantel, era clarísimo que algún día se las iba a ver muy feas y, si las cosas finalmente le salieron bien, fue precisamente por la lealtad y la adhesión del uruguayo, quien prefirió exigir un nuevo contrato con su actual club que aceptar la suculenta oferta de uno de las dos instituciones más poderosas del planeta.

La conclusión claramente aplicable a este caso no es otra que la reivindicación del viejo axioma utilizado sobre todo en el Río de la Plata: el fútbol es para los vivos adentro...y afuera de la cancha.