jueves, 28 de septiembre de 2017

YE YE YE...

     Los fines de semana tocaba también fútbol, el pan de cada día, pero el escenario se trasladaba a unas pocas cuadras del gran parque. Las canchas en las que se jugaba –y aún se juega- aquella Liga barrial, casi se tocaban con las rocas y hasta podría decirse que estaban en complicidad con ellas, porque el piso era tan impiadosamente duro y peligroso, que ciertamente resultaba un milagro de cada día que ninguno de los futbolistas resultara quebrado en varias partes durante cualquiera de los partidos que allí se dirimían. En algunos sectores las rocas estaban descaradamente a la vista y en realidad la pregunta que yacía agazapada siempre en la punta de la lengua, era para qué los jugadores, con semejante entorno, calzaban zapatos de fútbol, cuando la finalidad de los tapones de la suela es afirmarse lo mejor posible en el césped húmedo y resbaloso. Y allí, en la década de los ’60, el césped jamás se divisó ni siquiera en fotos trucadas.

      El campeonato de la Liga se disputaba los sábados de tarde y los domingos por la manana y por la tarde. El club que reunía a Javier y su banda era sencillamente paupérrimo, pero como estaba en la Serie “B”, en una Liga donde había solamente dos categorías –“A” y “B”- matemáticamente no podia caer más abajo, de modo que ahí peleaban, siempre oscilando entre “Guatemala” y “Guatepeor”. De todos modos, con el correr del tiempo, Javier y algunos de sus amigos terminarían pidiendo pase a otros equipos de la Liga con mayor potencial y así, al menos de vez en cuando, saborearían las mieles del éxito.
   
      Todos los clubes aglutinaban futbolistas de distintas edades, niveles educacionales y culturales. Algunos eran obreros, otros oficinistas y otros, como Javier y los suyos, estudiantes muy jóvenes, adolescentes en muchos casos. Clubes del barrio competían con equipos de otras partes de la ciudad, algunos de ellos bastante “pesados” por cierto, como lo era alguna institución de la zona portuaria, a título de ejemplo. Cuando tocaba enfrentar a alguno de ellos, estaba en la tapa del libro –y eso rige para cualquier época y en cualquier parte del planeta- que lo peor era “arrugar”. Aquellos pesos pesados, al mejor estilo de los perros, olían el miedo en los rivales y ahí ya no los paraba nadie, ganaban aunque tuvieran que arrancar las rocas de los costados de la cancha y tirárselas por la cabeza a los rivales, aunque justo es decir que jamás habían llegado a mostrar esos super-poderes.

       Cuando el fixture les marcaba que debían jugar un domingo por la manana, Javier y sus amigos sabían que la tendrían realmente complicada, porque era prácticamente imposible que cada sábado por la noche no tuvieran un baile como cita de honor, ineludible por cierto. Generalmente se trataba de cumpleaños de 15, acontecimientos que en los ’60 eran moneda corriente y se celebraban tanto en casas de familia como en salones alquilados a distintos clubes. Allí los chicos bebían, comían y bailaban hasta quedar “de cama”. Durante esas fiestas Javier y los suyos acunaron sus primeros romances con los acordes de la música de los Beatles y de una pléyade interminable de conjuntos musicales (actualmente se diría bandas), que, en vivo o a través del disco, intentaban por todos los medios a su alcance parecerse a los que ostentaban la condición de reyes del rock de la época, los llamados cuatro de Liverpool, John, Paul, George y Ringo.

       Javier llegaba exhausto al apartamento, colgaba cuidadosamente el traje, la camisa y la corbata, dormía un par de horas, tomaba su bolso con el equipo y ponía rumbo a las canchas. Aquel ejercicio, aún realizado en épocas de clima benigno, era duro, pero en medio de un invierno crudo, llegar en esas condiciones físicas lamentables a despojarse del vaquero al aire libre, para quedar en short de fútbol, era simplemente terrible. Claro, al poco tiempo, la adrenalina corriendo a mil por las venas, ya había dejado atrás muy rápidamente toda aquella resaca y lo único que importaba, una vez más, era la famosa pelotita que alguien había creado a fines del siglo XIX, para solaz de todos los que vinieran atrás.

       Aquello había empezado para Javier y su banda en un domingo lluvioso y aburrido de 1964, cuando Pedro, uno de los integrantes del grupo, llamara al timbre de su apartamento, explicándole que gran parte de la “barra” los esperaba en el principal cine del barrio. Javier no lo pensó y bajó rápidamente al encuentro de su amigo. De camino a la sala Pedro le había explicado que estaban todos muy entusiasmados, ya que la película que iban a ver trataba de un conjunto musical inglés, cuyo éxito resonante hacía delirar multitudes y provocaba que las mujeres lloraran histéricas y se tiraran de los pelos durante sus recitales y también cuando tenían la oportunidad de verlos en vivo, por ejemplo tras un encuentro con la propia Reina de Inglaterra o estando de camino hacia algún aeropuerto rumbo a una de sus giras mundiales.

     Mientras esperaban en la cola, ya con las entradas en la mano, Pedro, quien era el que más dominaba la faceta musical dentro del grupo de amigos, les había escrito en un papel el detalle completo de los jóvenes: el guitarra rítmica John Lenon, el bajista Paul McCartney, el primera guitarra George Harrison y el baterista Ringo Starr. Luego de haber visto aquella tarde “Anochecer de un Día Agitado” (“A Hard Day’s Night”), el grupo de amigos ya no se separaría más de lo que se daría en llamar la “Beatlemanía”. En todas las fiestas, fueran o no cumpleaños de 15, sonaba la música y el ritmo de aquellos jóvenes de pelo largo con flequillo, vestidos casi siempre con trajes grises ajustados y solapa negra, calzados con botas cortas con cierre al costado.

      En 1957 se habían iniciado como tantos, casi sin pena ni gloria, tocando para unos pocos solitarios en distintos lugares de la ciudad de Liverpool, dándose el nombre de “The Quarrymen”, vistiendo camperas de cuero negras y peinándose al estilo de Elvis Presley. Aquellos jóvenes lograrían finalmente asentarse en una taberna de Liverpool llamada “La Caverna”. Tras un par de pasajes exitosos por la alemana Hamburgo, se uniría al grupo el baterista Ringo Starr, sustituyendo al díscolo Peter Best y en 1961 los vería en Liverpool un tal Brian Epstein, por entonces modesto vendedor de discos de la ciudad. Este buen hombre quedaría tan impresionado por la calidad del grupo, que tomaría la decisión de representarlos, pese a que hasta ese instante carecía de toda experiencia al respecto. De Epstein al productor George Martin el salto sería casi instantáneo y “Los Beatles”, de la noche a la mañana se encontrarían grabando, ya en 1962, su primer disco simple llamado “Amame” (“Love Me Do”). Como en catarata, en rápida sucesión, vendrían luego “Por Favor Yo” (“Please, Please Me”), “Para Ti” (“From Me to You”) y “Ella te Ama” (“She Loves You...ye,ye,ye...”), temas todos que treparían hasta lo inconcebible en los rankings del Reino Unido.

       En 1964 coparían Nueva York, y para entonces ya quedaba muy claro que nada ni nadie los detendría. Aquellos cuatro flequilludos se habían transformado en la avanzada de una invasión musical británica a los Estados Unidos, ya que muy pronto les seguirían otros conjuntos de la talla de los “Rolling Stones”, “Los Animales” (“The Animals”) y “The Who”. El pelo largo se extendería como reguero de pólvora en todos los rincones del planeta, al menos aquellos en los que la civilización occidental tenía aunque fuere una mínima influencia. El problema para los mayores de la época era que los pelilargos de sus hijos comenzaban a rebelarse contra todo lo establecido. Lo usual, lo que hasta entonces era lo de todos los días, se había transformado en motivo de rebelión. El movimiento que en los ’50 había iniciado Elvis Presley, el Rey del Rock, lo habían consolidado y perfeccionado los Beatles en la siguiente década. Ya la revolución sobrepasaba lo meramente musical para encaramarse en el estrato social. La sumisión de los jóvenes pasaría a ser cosa de otro planeta.

      “Estos cuatro melenudos pudrieron todo, mirá lo que son los jóvenes de ahora, mirá si yo le iba a contestar así a mi padre, me aterrizaba de un cachetazo”. Expresiones como la que compone la frase anterior, eran dichos de todos los días en boca de los mayores a lo largo de la década de los ’60. En buen romance podría afirmarse que el cambio de ritmo musical que impusieron los Beatles y que siguieron conjuntos como los “Bee Gees”, los “Beach Boys”, “The Animals” “The Who” y “The Dave Clark Five”, entre una cantidad imposible de enumerar y de nombrar, pero destacando muy especialmente a los “eternos” “Rolling Stones”, justamente por su increíble e insólita vigencia actual, nada menos que medio siglo después, fue también un cambio de ritmo social, educacional y cultural, que se dió muy especialmente en la clase media de los pueblos de la civilización occidental, pero sin excluir en lo más mínimo a las clases alta y baja, que también lo experimentaron, aunque en menor medida. Promediando los ’60 Javier, sus amigos y todos los adolescentes vivían preocupadísimos por encontrar el lugar adecuado para excavar un pozo que fuera lo suficientemente profundo como para enterrar el Viejo Far West, hasta entonces la única marca de vaqueros que se usaba en Uruguay. La gran ambición era llegar a juntar el dineral que se necesitaba para comprarse un “Lewis” o bien un “Lee”, entre las marcas que más obsesionaban a la juventud de aquel tiempo...y cuanto más descolorido, mejor todavía. En invierno la onda era el rompevientos de lana negro que usaban John, Paul, George y Ringo y si daba “la tela” para comprarse las botas negras con cierre al costado, el individuo pasaría a ser el tipo más feliz del planeta.

       La explosiva minifalda sería el agregado femenino al jean importado y descolorido y las chicas la llevaban con total desparpajo, ignorando el gesto horrorizado de sus mayores, quienes a esa altura ya no entendían, ni querían entender nada sobre la revolución social que comenzaba a tomar forma al ritmo del “ye,ye,ye”. Los Beatles encontrarían rápidamente adeptos en el mundo del espectáculo y en el deporte les surgiría un aliado inesperado por completo: el enorme Muhammed Alí, el peso pesado de los contestatarios. Lo cierto es que los cuatro de Liverpool no entrarían en la historia solamente por haber promovido y concretado una revolución musical en plena mitad del siglo XX, sino porque a partir de su surgimiento ya nada sería igual. Los adolescentes de entonces habían pasado raya y la relación que mantendrían en el futuro con los hijos que procrearan, sería por cierto muy distinta a la que había signado su convivencia con sus propios padres. Y eso no fue nada malo. Y tampoco fue nada bueno. Simplemente fue y será, porque la historia del planeta demuestra que ciertas cosas que pasaron, como esa revolución de los ‘60 por ejemplo, vienen sin marcha atrás.

       Tras el fallecimiento de Brian Epstein, acaecido en 1967, ya nada sería igual y los roces entre las personalidades fuertes de John Lennon y Paul McCartney, compositores de casi todas las canciones del grupo en una orgía de creatividad incomparable, ya no tendrían al “padre” que los mitigara hasta hacerlos desaparecer. El fin de “Los Beatles” se estaba extendiendo desde sus conciertos en vivo, a los que ya habían puesto punto final, a su discografía. Tras grabar los proyectos pendientes y lograr en 1970, al fin de la década, uno de sus éxitos más resonantes con el imperecedero “Déjalo Ser “ (“Let it be”), cada uno de ellos decidiría tomar su propio camino. “Los Beatles” se habían separado pero quizás en aquel lejano 1970 no tuvieran ni la más remota idea de la estela que habían dejado y que hoy sus canciones serían auténticos himnos para generaciones que, lo único que ansiarían tanto como deleitarse con ellas una y mil veces, era que alguien les contara más sobre esos cuatro fenómenos que habían revolucionado el planeta con el pelo largo, dos guitarras, un bajo, una batería y... toneladas de talento.

jueves, 21 de septiembre de 2017

LA HUELLA DE LOS '60  



PROLOGO

      Las historias sobre los años ’60 que se desmenuzan en éstas líneas están en cada caso condimentadas con las vivencias de un grupo de chicos, a quienes esta prolífera década, en la que ciertamente sucedió de todo un poco en Uruguay y en el mundo, los soprendió saltando de niños a adolescentes y de adolescentes a jóvenes. Los nombres utilizados son ficticios, aunque las andanzas de ese grupo por un barrio que en esa época aún conservaba los rasgos populares que hoy perdió hace mucho tiempo ya, están verdaderamente conectadas con la realidad que se desmenuza a través de los distintos capítulos de éste libro.
     En todos los casos la visión de los hechos se nutre de imprescindibles datos históricos e informativos que los alimentan y los explican y sin cuyo aporte hubiera resultado literalmente imposible la confección del presente trabajo. Inclusive puede agregarse, respecto a éste punto, que muchos de esos elementos claves eran desconocidos por los jóvenes protagonistas de las vivencias, pero aún así su inclusión continúa resultando un elemento básico para que el relato de los hechos esté revestido de una elemental coherencia y exhiba el sentido que tales acontecimientos realmente tuvieron al momento de proyectarse hacia el estrato social de la época en cuestión.
     Obviamente acá no se desentrañan todos los hechos de la década, sino solamente aquellos que dejaron una marca imborrable en ese grupo de amigos, ya que una recreación de época siguiendo una línea meramente cronológica, carecería del sentido básico que se pretende comunicar al lector a través de las historias que siguen.

EL HABITAT

     Siempre le pasaba lo mismo, cada vez que pisaba el césped el olor a la hierba húmeda y a la pelota de cuero –sin plastificar, bendita sea- que llevaba en la mano, le causaba un efecto similar al de una droga que le estimulaba la adrenalina hasta límites impensados. Aquellos eran los días, esas jornadas interminables en época de vacaciones eran memorables y al caer las primeras sombras de la noche lo sucedido durante el “movido” (la denominación moderna es “picado”), era reproducido en decenas de anécdotas, las cuales normalmente comenzaban con un “¡qué bueno que estuvo locoooo”!
     Normalmente era Javier quien aportaba la pelota con ese delicioso olor a cuero que tanto disfrutaba. Eran de las que se mojaban con la lluvia y subían de peso como por arte de magia, de modo que corazón valiente debía tener quien se atreviera a cabecearla en tales condiciones. De a poco iban llegando, de todas partes, desde los cuatro puntos cardinales fluían adolescentes. Parecía la escena de una película, cuando la cámara muestra a una persona en primer plano, pero a medida que el foco se va alejando y amplía el espectro de la visión, van apareciendo más y más individuos que rodean al primero hasta hacerlo desaparecer en medio de esa masa humana.
     Pero Javier tenía su propia barra; no eran muchos y casi todos asistían al mismo colegio y liceo de curas, a muy pocas cuadras de distancia del parque que los convocaba en cada una de esas jornadas de ocio. Sin embargo, lo pintoresco de aquellos “movidos” era que a la barra se le pegaba gente que los chicos ni siquiera conocían y que se veían inexorablemente atraídos por el rodar de la pelota sobre el césped del parque. Era como si pusieran un imán en el centro de la improvisada cancha y éste atrajera a decenas de muchachos cada día. Con arquero o con arcos chicos marcados por bolsos o bultos de ropa, la pelota comenzaba a rodar y nadie pedía ni daba tregua. Aquello iba en serio, al punto que existían roces que, más de una vez, terminaban mal, hasta que los más centrados conseguían separar a los belicosos y el “movido” seguía su curso como si nada hubiera sucedido. Los dos gigantescos y ancestrales ombúes oficiaban de mudos testigos del enfrentamiento, a la vez que los que habían llegado demasiado tarde los utilizaban de graderías desde las cuales no se perdían ni una incidencia del partido en cuestión.
     Solamente dos elementos tenían el poder suficiente para interrumpir el “movido”. Uno de ellos era el sufrido guardián del parque que, de tanto en tanto, se mandaba un viajecito desde su puesto habitual hasta la improvisada canchita, para advertirles por enésima vez a los chicos que estaba terminantemente prohibido jugar al fútbol en el predio. De más está aclarar que, no bien el pobre hombre les daba la espalda y emprendía el regreso hacia su cubículo, la pelota comenzaba a rodar de nuevo. A lo lejos, el guardián advertía, una vez más, que su gestión había fracasado...como siempre pasaba, claro está, faltaba más, por lo cual el trabajador solamente atinaba a encogerse de hombros y encerrarse en su refugio junto a su mate y la infaltable “Spica”, aquella pionera de las radios portátiles, toda una reina de los ’60. El segundo factor que podía truncar el partido, era el autobús que corría raudo por la calle paralela al largo del improvisado campo de juego. En éste caso, obvio es puntualizar que si la pelota iba a parar debajo de una de las ruedas del “monstruo”, nunca hubiera existido árbitro con más autoridad y energía que ese para dar por terminado el encuentro. Tras la enorme frustración, venía la colecta entre los que podían aportar, que no eran todos por cierto, y el consiguiente viaje hasta el centro de la ciudad para comprar un nuevo balón y rezar para que no corriera –“por favor, la boca se te haga a un lado”- el mismo desgraciado destino del anterior.
       Pero en una jornada normal el “movido” se prolongaba hasta que no se veían ni las manos. La noche sorprendía al grupo disgregado, todos tirados en el césped, exhaustos, comentando las incidencias del encuentro, sin dejar afuera las clásicas “cargadas” de los ganadores hacia los desafortunados derrotados de ese día. Claro que ninguno de ellos, ni Javier, ni sus amigos, ni los “paracaidistas” que se arrimaban diariamente al lugar para pegarle a la pelota, lograrían olvidar jamás la noche en que, llegado justamente ese instante de los comentarios sobre la jornada, el heladero del parque, quien siempre terminaba uniéndose al “movido”, había quedado precisamente “helado” de sorpresa y desolación, luego de comprobar que “inexplicablemente” faltaban unidades de su recipiente. Fue en ese preciso momento que el pobre hombre atinaría a recordar que uno de los gitanos “paracaidistas”, de los que caían sin saber de dónde, le había metido un pase extrañamente largo, tanto que había tenido que ir a buscar el balón en el siguiente segmento del parque, al que se llegaba cruzando una calle, habiendo tardado así el tiempo suficiente para que el “ligero” individuo pudiera acceder a la heladerita y desaparecer detrás de uno de los gigantescos ombúes con parte del preciado contenido.
      Allí, tirados todos sobre el césped, relajando los agotados músculos, aquellos chicos –y hasta los propios “paracaidistas” que caían literalmente de arriba- se sentían realmente en su hábitat. Tras las anécdotas, llegaba para Javier y sus amigos el momento de planificar la actividad de aquella noche de vacaciones. Una constante en el esquema era el ir a comer muzzarellas y beber la recientemente aparecida Coca Cola mediana, en la nueva pizzería de la esquina, ubicada en diagonal con el gran reloj de pie que haría época en aquel barrio y que, por cierto, áun hoy se añora. Cuando por fin cada uno dejaba el parque rumbo a su hogar en busca de la ducha reparadora y un buen licuado de banana con leche para reponer las menguadas energías, los murciélagos del lugar resoplaban la bronca contenida y salían por fin desde los huecos de los dos enormes ombúes para apropiarse de la noche del lugar como correspondía: “¡puff, éstos incordios terminan el ‘movido’ y siguen a las risotadas una hora más, qué insoportables que son...!”


La próxima semana va el 2do. capítulo: "YE, YE,YE..."

viernes, 28 de julio de 2017

SE DISPUTAN "LA JOYA"

El dilema para el nuevo entrenador de Watford F.C., el portugués Marco Silva, es muy claro: o se hace ya de un "9" de credenciales comprobadas o el riesgo de descender al final de la temporada que comienza, se transformará en certeza. Los 22 goles del ex-dirigido por el técnico lusitano, Abel "La Joya" Hernández, decisivos para el ascenso de Hull City a la Premier League al cabo de la temporada 2015/2016, pesan para que Silva prácticamnte lo esté pidiendo a gritos para la institución del "Vicarage Road Stadium", en la que el zaguero fernandino ex-Nápoles, Miguel Britos, viene desempeñándose como titular desde que en 2015 el club consiguiera el ansiado retorno a la divisional de privilegio del fútbol inglés.

Los "Hornets" (Los "Horneros"), como se bautiza a los "yellow" ("amarillos") cuyo presidente honorario es nada menos que el gran Elton John y que alimentan su historia con personajes de la talla de Sir Stanley Rous (ex-presidente de FIFA), entre otras personalidades señaladas del fútbol inglés, están huérfanos de un goleador de jerarquía y ese ha sido uno de los factores claves por los cuales el retroceso alarmante del club en la tabla de posiciones de la Premier League, casi lleva a la institución a participar de una lucha para evitar el descenso, a la cual sólo le faltó tiempo para hacerse realidad. En concreto, si el torneo continuaba tres o cuatro fechas más, Watford terminaba peleando para no regresar a la Championship (2da. División) y una de las razones fundamentales para ello hubiera sido la falta de gol del equipo, más allá de problemas defensivos indudables y de un volumen de juego que ciertamente brilló por su ausencia, al menos en la segunda parte de la "era Mazzarri".

"GUADAÑA".Uno de los objetivos de Marco Silva es lograr la hazaña personal de sobrevivir a la guadaña de Gino Pozzo, la cara visible de la familia italiana propietaria del club desde julio de 2012, momento en que agregaron a su lista de posesiones a esta institución de la ciudad del mismo nombre (Watford), pegada a Londres cruzando el límite noroeste de la capital británica. En efecto, los Pozzo son también los dueños del Udinesse italiano y del Granada español, razones de peso por las cuales no se les considera novatos en esto del fútbol, ni mucho menos por cierto. El "pequeño" problema con el que deberá lidiar el nuevo entrenador, es la sobradamente bien ganada fama de Gino de "cortar cabezas" de técnicos sin mayores miramientos. Si bien el caso del italiano Mazzarri era claramente, por resultados y por un pésimo juego del equipo, "una muerte anunciada", el cese del español Quique Sánchez Flores, al final de la temporada 2015/2016, sorprendió a propios y extraños, ya que el ex-Valencia, Sevilla y Atlético Madrid, había completado un excelente trabajo al cabo de la primera temporada de Watford en su regreso a la Premier League, con algunas actuaciones sobresalientes, pero sobre todo habiendo dejado al equipo colocado de mitad de tabla hacia arriba y desarrollando un fútbol atractivo que prometía afinarse aún más si el entrenador continuaba en funciones y completaba un proyecto que se vislumbraba como muy ambicioso.

RECORD. La friolera de nueve cabezas de técnicos en sólo cinco años de reinado, es un récord que Gino Pozzo no verá caer fácilmente por cierto. El serbio Slavisa Jokanovic consiguió en 2015 el ascenso directo de Watford a la Premier League, pero su estilo no convenció al implacable Gino y fue cesado antes de poder saborear las mieles del éxito obtenido. Por eso está muy claro que el portugués se juega una parada casi imposible y necesita un goleador de cierto fuste para tener al menos una mínima chance de supervivencia.

 La verdad es que "La Joya" viene de una muy mala temporada que culminó con el regreso de su actual club, Hull City, a la Segunda División, desde donde había ascendido, goles de Abel de por medio, al cabo de la temporada 2015/2016. El ex-Palermo de Italia sufrió por culpa de una hernia que lo tuvo a mal traer hasta que fue operado de la misma a principios de este año, luego de lo cual una lesión de tobillo le terminó de arruinar una temporada en la que jugó muy poco y anotó aún menos.

Pero Abel ha dado vuelta la página y es así que desde tiendas de Hull City se anuncia que el uruguayo ha completado una excelente pre-temporada y que cifran en sus goles gran parte de sus esperanzas para el retorno a la Premier League. Sin embargo la situación económica de "Los Tigres" del noreste de Inglaterra dista mucho de ser la ideal y es por esa razón que se han transformado en un club vendedor, habiéndose desprendido ya de varias de sus figuras principales. Por esta razón Hernández estaría mirando de reojo la posibilidad de una transferencia a Watford F.C, máxime teniendo en cuenta que Marco Silva ya dirigió al ex-Central Español y Peñarol, cuando el entrenador portugués recaló precisamente en Hull City.

AGUIRRE. Los Pozzo habían barajado la posibilidad de traspasar desde Udinesse a Watford al goleador Rodrigo Aguirre, pero las dudas surgieron desde el bajo rendimiento del actual tricolor en su pasaje por el fútbol italiano, presumiblemente por falta de adaptación al medio europeo. "Si no se adaptó al fútbol italiano menos aún se adaptará al inglés", se argumentó desde Vicarage Road, el estadio de Watford. Finalmente los Pozzo se decantaron por prorrogar el préstamo de Aguirre a Nacional y en ese momento comenzó el trabajo de Marco Silva, el noveno entrenador en cinco años de la "era Pozzo", para que la familia italiana ponga las libras sobre la mesa para traer al club a Abel Hernández.

LOBOS. La novela continúa, claro está, pero lo cierto es que el nuevo técnico de Watford no está por cierto sobrado de tiempo, por lo cual el desenlace se espera pronto, en un sentido o en otro. De todas maneras, más abajo que  Hull en el mapa de Inglaterra, muy cerca de la segunda ciudad del país, Birmingham, "Los Lobos" ("The Wolves") del Wolverhampton Wanderers, actualmente y desde hace unos cuantos años jugando en la Championship (2da. División inglesa), esperan al asecho para abalanzarse por el pase de "La Joya", ya que esta temporada tienen cifradas esperanzas de retornar al círculo máximo del fútbol inglés y los goles del uruguayo serían claves para conseguir ese objetivo.



martes, 27 de junio de 2017

EL BARCO SIN TIMON

El mundo de hoy es un barco a la deriva. Está muy claro que los políticos no tienen la menor idea de cómo manejar el timón, simplemente porque han perdido la bújula hace tiempo. Muchos de ellos pretenden ser el capitán de la nave, pero la realidad rompe los ojos y muestra que no pueden siquiera competir con el más modesto de los marineros.

Resulta más que obvio que los políticos "de raza", los innatos, los que vienen con la marca en el orillo, han desaparecido hace mucho de la faz de la tierra y ya no queda en parte alguna ni la sombra de ellos. Se esfumaron como por arte de magia, ya no están más ni en el primer mundo ni en el tercero. Los que pululan hoy por el planeta son fantasmas que aparecen y desaparecen en el aire, que hoy dicen que sí y mañana dicen que no, asegurando a rajatabla que ayer habían dicho que no. Tratan por todos los medios de cubrir la inestabilidad y la inseguridad de sus actos con una manito de pintura que disimule las rajaduras de la pared, pero lo cierto es que ya no engañan a nadie.

Si los conductores de los pueblos no muestran la mínima coherencia en sus actos, poco o nada puede esperarse de la gente común a la hora de expresarse en las urnas. Así las cosas, las contradicciones casi permanentes que el mundo está presenciando, no resultan tan sorprendentes como podría suponerse. En junio de 2016 un 52% de británicos decidió que lo mejor para el país era separarse de la Unión Europea. La realidad marcó que no sabían lo que hacían y así, un año después, tanto como quedó demostrado en aquel plebiscito, el Reino Unido continúa mas desunido que nunca. Dos políticos sedientos de poder y con distintas ambiciones, el "Conservador" Boris Johnson y el ultraderechista del nuevo partido denominado UKIP Nigel Farrage, les hicieron creer que el hoy tristemente célebre "Brexit" era sólo una cuestión que tenía que ver con cortar la inmigración indiscriminada y recuperar las fuentes de trabajo para los británicos. No le dijeron a los votantes que la mayor parte del flujo migratorio que llega al Reino Unido proviene de las ex-colonias asiáticas y africanas y no precisamente de los países de la Unión Europea. Cerraron los ojos y se los vendaron a la gente, no queriendo ver que los británicos jamás levantarían siquiera un dedo para hacer "el trabajo sucio" que sacrificadamente realiza el inmigrante en hoteles, fábricas, cafeterías y restaurantes. Tampoco les avisaron a los sufragantes que la libra esterlina se iría a pique sin levante posible a la vista y menos aún les previnieron sobre el desastre económico que provocaría el aislamiento del país del bloque continental, en plena era de la globalización, en la que nada funciona sin la ayuda o la prestación del vecino. Por supuesto que no les dijeron que si pretendían que el carro del supermercado pesara lo mismo que antes de votarse el "Brexit"en el instante de llegar al cajero de turno, para lograrlo deberían pagar el doble e incluso más por su contenido.

Dos años antes de ese siniestro referendum, es decir en 2014, el entonces Primer Ministro británico David Cameron, pretendió asegurar su reelección en los sufragios del año siguiente (2015), de modo que, cediendo a las presiones prometió, movido por su ambición, convocar a dicho plebiscito sin imaginar ni por asomo que otros políticos (los nombrados en el párrafo precedente), con una sed de poder similar a la suya, forzarían un resultado tan disparatado como inimaginable, tanto que lo obligaría a renunciar indeclinablemente a su cargo para dejar el lugar a alguien que pudiera lidiar con la nueva y dramática realidad.

Y un año después del referendum que decretó el "Brexit", la actual Primer Ministro Theresa May decidió que debía aprovechar al máximo el enorme e inusual margen de popularidad que supuestamente le regalaba alguna encuesta, de modo que convocó especialmente a elecciones generales para confirmar en los escanios parlamentarios tamaño éxito de popularidad y así poder encarar las negociaciones post "Brexit" con una mayoría abrumadora y desbordante en la Casa de los Comunes. Necesitó urdir la trama simplemente porque no tenía -ni aún hoy tiene- planes para sacar a su país de la Unión Europea y menos aún para revertir el caos y el desastre que asoman como irreversibles ante la barbaridad que sus colegas le hicieron votar a la gente.

El tiro le salió por la culata: pésimamente asesorada, cometió errores imperdonables y hasta infantiles que insertó en el manifiesto electoral de su partido y de ese modo, May no solamente no logró ampliar la mayoría parlamentaria tal cual era su objetivo, sino que increíblemente perdió la que ya tenía. Acto seguido, en aras de recuperar aunque fuere una mínima mayoría en los escanios, debió buscar urgentemente un acuerdo con el Partido de la Unión Democrática de Irlanda del Norte, el cual le costará al gobierno central de Westminster la "módica" suma de un billón de libras esterlinas, entre otras abdicaciones que irán en favor de los nor-irlandeses, a cambio del apoyo de éstos al partido de gobierno durante las duras negociaciones del "Brexit" con la Unión Europea.

En Escocia,contrariamente a lo sucedido en el resto del Reino Unido, había triunfado la opción de permanecer en la Unión Europea. Amparada en ese resultado, la Primer Ministro de ese país, Nicola Sturgeon, comenzó una campaña abierta y deshinnibida para obtener un segundo referendum por la independencia del Reino Unido, con miras, obviamente, a que el país del norte siguiera formando parte del bloque continental. Más allá de que para convocar a un nuevo plebiscito necesitaba para ello la anuencia del gobierno central de Westminster y de momento no la tenía, la inesperada convocatoria a elecciones generales renovó las esperanzas de Nicola Sturgeon, quien pensó, no exenta de lógica, que si su país había sufragado en 2016 a favor de permanecer en la Unión Europea, la gente estaría plenamente de acuerdo con ella en que la única vía posible para concretar ese deseo plasmado en las urnas, era justamente el obtener la independencia del Reino Unido, el objetivo por el cual ella había bregado tesoneramente desde que se conociera el triunfo del "Brexit". Por eso Sturgeon esperaba con justificado optimismo un gran apoyo de su pueblo en las recientes elecciones generales. Ella, acérrima enemiga de May buscaba, dentro del ámbito de su país, lo mismo que la Primer Ministro británica; ampliar aún más la mayoría parlamentaria y, en su caso particular, fortalecerse en la lucha inquebrantable para lograr el segundo plebiscito por la independencia escocesa que, presuntamente, finalizaría con un resultado completamente distinto al de años atrás, cuando sus coterrráneos decidieron seguir perteneciendo al Reino Unido.

Pero Sturgeon también se equivocó porque, insólitamente y contra toda lógica, su gente le dió la espalda con una votación deficiente para sus intereses que, si bien mantuvo al Partido Nacional Escocés como la fuerza más votada en su país, le hizo perder pie, con unos cuántos escanios parlamentarios menos que los que ostentaba antes de las elecciones generales del 8 de junio pasado. Tanto como el de May, el de Nicola Sturgeon fue, en una proporción infinitamente menor por supuesto, otro fracaso estrepitoso en las urnas. La escocesa tuvo que resignar su proyecto y debió admitir públicamente que por ahora la idea de un segundo referendum por la independencia de su país quedará en suspenso y que, para su partido, todo se limitará en el presente a tratar de influir, con la mayor fuerza posible, en las negociaciones del "Brexit", procurando escencialmente volcar la balanza para que el Reino Unido permanezca al menos en el llamado "Mercado Unico" ("Single Market"), una forma de "Brexit Blando" ("Soft Brexit") lo cual salvaría al país de una catástrofe irreversible.

Los políticos han llevado a la gente a navegar en un barco sin timón. Los casos detallados precedentemente muestran hasta qué punto alcanza la desorientación de las personas comunes y, por supuesto, de la clase política del mundo de hoy. Tropiezan, caen, se levantan, vuelven a tropezar y a caer, se lastiman y claro, por supuesto, la gente que los sigue o que busca amparo en ellos, hoy vota blanco y mañana vota negro, porque sencillamente, nadie, en el mundo de hoy, sabe bien donde está parado.

domingo, 4 de junio de 2017

Ruleta Rusa

"Dale, vamos al London Borrough Market que está buenísimo, hace 15 años que vivimos acá y nunca fuimos, no puede ser, es un lugar histórico, fue fundado en 1250, pleno siglo XIII, dicen que hay restoranes españoles, podemos almorzar allí...!"

Así comenzaba el sábado 3 de junio de 2017 en un hogar cualquiera de una ciudad pegada a Londres. La arenga del esposo procuraba convencer a su remisa compañera para que aceptara el convite a un "tour" por uno de los pocos lugares de la capital británica que la pareja aún no había visitado. A las 12:23 ambos abordaban el tren hacia el London Bridge (Puente de Londres), uno de los sitios que desde hace unos pocos años se ha puesto en boga dentro de la gran metrópoli, con paseos inolvidables a lo largo de las orillas remodeladas del río Támesis, pobladas de pubs y restoranes de moda, con la ancestral catedral de Southwark y también con...el London Borrough Market destellando historia a raudales por todos sus poros.

"Tendríamos que habernos fijado un miércoles o un jueves para venir, mirá lo que es ésto, no se puede ni caminar, te pechás con todo el mundo, es un infierno de gente", reconocería el hombre ya pasadas las dos de la tarde, mientras la pareja, ya en el histórico mercado, intentaba a toda costa abrirse paso entre la multitud de londinenses y turistas que degustaba ostras o compraba queso manchego, aceitunas, plantas, flores, carnes de todo tipo, fiambres, longanizas y todo lo que la mente humana sea capaz de imaginar. De todas maneras ambos, con sendas copas de Proseco italiano en sus manos, se las ingeniaban para recorrer y admirar cada puesto de la feria, así como los restoranes y pubs atestados de comensales, mientras se hacían a la idea de que ganarse una mesa en uno de esos locales, equivaldría a una larga espera que ambos tratarían de sobrellevar de la mejor manera posible. Previendo este avatar, él decidiría degustar antes un par de ostras aderezadas con salsa vinagreta, las cuales se vendían como pan caliente.

En el camino se toparían con una gran carnicería y mientras recorrían con la vista sus abarrotadas vitrinas, sus ojos tropezarían con las codiciadas mollejas. Finalmente, luego de mucho deliberar debido al alto precio del producto, decidirían llevar "aunque sea setecientos gramos", según decretaría ella. Tras comprar un kilo de habas, siempre tan escasas en el supermercado de su ciudad y mientras recorrían el único sector del mercado que aún no habían visitado, el de la venta de panes de tamaño y formas inconcebibles, pero también el de las frutas secas y otras variedades, finalmente pondrían proa hacia un restorán español de las afueras del gran mercado.

Contrariamente a lo que habían supuesto, un solícito camarero les conseguiría mesa al instante por lo cual, transcurridos unos escasos veinte minutos, las tapas y las copas de vino blanco estaban ya prontas para ser disfrutadas por sus paladares. El "relax" y el descanso de sus músculos les proveerían del combustible necesario para una caminata por la zona, incluyendo una recalada en el London Bridge, desde cuya plataforma admirarían, una vez más, la majestuosidad del vecino Tower Bridge (Puente de la Torre). Poco antes de las seis de la tarde emprenderían el regreso a su ciudad de residencia y a las siete, tras las conexiones de rigor y la velocidad supersónica del tren rápido, ya estaban en su casa.

Eran poco más de las diez y media cuando recibió la llamada de su hija menor: "¿están en casa? ¿ya llegaron?" Ante la respuesta afirmativa, el hombre pudo percibir el suspiro de alivio del otro lado de la línea. "Me terminan de avisar que atropellaron y apuñalaron gente en el London Bridge y en los restorantes y pubs del London Borrough Market, imaginé que ustedes hace rato que habrían llegado a casa pero igual estaba preocupada", continuó la chica.

En los siguientes minutos y horas las noticias y los relatos escalofriantes de los testigos inyectarían una nueva dosis de amargura, pesar y desesperación en los habitantes de esta parte del mundo. La Van blanca atropellando gente en pleno London Bridge, sus tres ocupantes bajando corriendo a apuñalar a los atropellados para continuar la carnicería más adelante en los restorantes y pubs del Borrough Market, hasta culminar acribillados por dos policías, no sin antes haber cercenado la vida de siete inocentes y herir a casi cincuenta más, cuyo delito era simplemente disfrutar de un fin de semana entre amigos, en uno de los lugares más atractivos y concurridos de Londres.

La pareja comentó entonces: "no era nuestra hora". Simplemente eso, no era su hora, en la ruleta rusa a ninguno de los dos le había tocado la bala en el cañón del revólver, pero ahí, latiendo en un rincón, yacía un pequeño problema: ésta no es una participación voluntaria, a esta ruleta rusa cada habitante del Reino Unido juega por obligación cada vez que se asoma fuera de su casa. Y no siempre la bala se quedará en la recámara...


miércoles, 31 de mayo de 2017

El tiro por la culata?

La Primer Ministro británica Theresa May se tutea en éstos días con el fantasma del arrepenntimiento ante la posibilidad muy cierta de que el llamado a elecciones generales que propusiera al Parlamento muy poco tiempo atrás, se transforme en un "boomerang" que golpee duramente sus aparentes aspiraciones de negociar una salida radical de la Unión Europea, es decir la aplicación del tan promocionado "Brexit Duro", sin participación del Reino Unido en el Mercado Unico y, por contrapartida, con absoluta independencia para bloquear indiscriminadamente el flujo migratorio proveniente de los países del bloque continental.

RIESGO. "Si estás 20 puntos arriba en las encuestas, no divulgas un manifiesto advirtiendo a las personas vulnerables que habrá cortes en el presupuesto que afectarán puntos claves en sus vidas, tales como el cuidado de los ancianos, los enfermos y los niños", le reprochó a May un parlamentario de su propio partido, el Conservador, ante lo que pretendió ser, muy pocos días atrás, una plataforma electoral diferente, no exenta de las promesas habituales, pero a la vez mostrando una más que arriesgada faceta de sinceridad y crudeza que puede, como mínimo, colocar el objetivo de la Primer Ministro británica sobre una superficie inesperada de arenas movedizas, capaces de tragarse las ilusiones de May en un abrir y cerrar de ojos.

Ya de por sí el sorpresivo llamado a elecciones era extremadamente riesgoso para los planes de la ex-Ministro del Interior del gobierno de David Cameron. El contenido de las urnas develará el próximo jueves 8 de junio si la hoy llamada por sus partidarios "La nueva Dama de Hierro" (alusión a la épica Margaret Thacher), estuvo acertada tratando de explotar al máximo el inusitado margen de popularidad que por entonces le otorgaban las encuestas y de ese modo lograr una mayoría parlamentaria insólita, que le permita bajar a la arena de las espinosas negociaciones post-Brexit con un apoyo único de las Casas del Parlamento de Westminster. Lamentablemente para los intereses de May, los episodios de los últimos días parecen haber alterado bastante ese ambicioso objetivo de la mandamás británica. Es que al resbalón detallado en el párrafo anterior, hay que sumarle un patético intento de May de borrar con el codo lo que había escrito con la mano. La P.M. efectuó declaraciones que fueron guiadas por la desesperación y que estaban destinadas a componer una sinfonía que hiciera flotar entre nubes a los afectados por su insólito manifiesto electoral. Fue entonces que la jefe de editores políticos de la BBC, Laura Kuensberg, le preguntó públicamente si se estaba retractando abiertamente de lo anunciado en dicho documento del Partido Conservador. Entre la espada y la pared, la Primer Ministro intentó negar ante la periodista que hubiera dado una "vuelta de tuerca" en el tema de del cuidado de ancianos y niños, pero lo cierto es que no pudo convencer a nadie con su defensa.

RESBALONES. Nicola Sturgeon, la Primer Ministro escocesa, fiel seguidora de la voluntad de su nación de permanecer en el bloque europeo y ferviente partidaria de convocar a un segundo referendum sobre la independencia del país del Reino Unido, ni lerda ni perezosa, se subió inmediatamente al carro agregando más cáscaras de banana al ya resbaloso camino de May, al negar que su colega inglesa sea "La Dama de Hierro" y afirmar a los medios que, en cambio, "es la reina del Turn Down", es decir, en buen criollo, "la reina de la marcha atrás". Al comprobar lo resbaloso del sendero que estaba transitando, May decidió rápidamente cambiar de frente y centrar su campaña electoral en lo que calificó su "capacidad indudable para llevar adelante las negociaciones post-Brexit" y, por contrapartida, en lo que sentenció como "incapacidad de Jeremy Corbyn (polémico y discutido candidato del Partido Laborista y principal rival de la actual P.M. bitánica) para enfrentar dichas duras conversaciones".

Así las cosas, la candidata "Tory" (mote que designa a los Conservadores), confirmó, tal como había anunciado desde el principio de la campaña, que no se presentará al debate televisivo organizado por la BBC de Londres. En respuesta a dicha deserción, Jeremy Corbyn, el líder y candidato del Laborismo, desafió a May a los cuatro vientos, conminándola a exponer su plataforma en el debate, acusando implícitamente de cobarde a la actual Primer Ministro, por no presentarse al debate público. Sin la presencia de May, el resultado del debate parecería estar revestido de un relativismo indudable, el cual no tendría razones para disiparse hasta bien entrada la noche del jueves 8 de junio, cuando comience a perfilarse la tendencia ganadora en las urnas de todos los rincones del Reino Unido.

CATASTROFE. De todas maneras el matutino "The Times", todo un referente de la prensa escrita británica, mayoritariamente considerado "el uno" de los diarios de las Islas, publicación seria y responsable como pocas en esta parte del planeta, dió a conocer en su edición del miércoles 31 de mayo el resultado de una encuesta que indica que la catástrofe puede asolar las huestes del Partido Conservador, una vez conocidos los resultados de los comicios de la semana próxima. En caso de confirmarse la tendencia que pronostica la encuestadora consultada por la principal publicación británica, los "Tories" enfrentarían una de las peores y más desvastadoras crisis de su larga historia: por primera vez en esta campaña el Partido Laborista estaría al frente en la intención de voto.

De todas maneras, aún en el caso de una victoria "Tory", a esta altura y luego de tanto resbalón, parece desde ya problemático que Theresa May consiga el objetivo primario que la llevó a llamar a elecciones generales, es decir, el ampliar aún más la importante mayoría parlamentaria con la que ya cuenta y enfrentar las conversaciones post-Brexit con la fortaleza de "Dama de Hierro" que le daría un apoyo parlamentario casi insólito, como el que le auguraba el amplio margen de popularidad vaticinado muy poco tiempo atrás por las encuestas...antes de los resbalones que la siempre peligrosa campaña electoral tenía preparados para la confiada Primer Ministro británica.

Aún en el caso de que no se confirmara una increíble derrota de May en las urnas, con una victoria por escaso margen la actual P.M. quedaría en una situación dramática, mucho más que incómoda. Una reducción significativa de la importante mayoría parlamentaria con la que contaba antes de llamar a elecciones con el único fin de acrecentarla aún más, sería simplemente algo trágico para May y para los "Tories", gráficamente una "victoria a lo Pirro", una amarga victoria que dejaría al Partido y a su líder en una posición extremadamente débil para enfrentar las conversaciones post-Brexit con los representaantes de la Unión Europea y que, en consecuencia, podría perfectamente conducir a la renuncia de Theresa May como Primer Ministro británica...recién reelecta.



jueves, 3 de noviembre de 2016

EUROPA ES MUJER

Se puede ser una exitosa mujer de negocios nacida en Guyana (por entonces Guyana Británica) en 1965 y embarcada por sus padres en un avión con destino al Reino Unido, para poner kilómetros entre el hambre, la miseria y Roedean, una exclusiva escuela del condado de Sussex, donde estudió y como pasatiempo sufrió "bulling", lo cual "me hizo fuerte a edad muy temprana", tal cual le declara Gina Miller, la mujer del momento en toda Europa, al diario británico "The Guardian".

Sobre la calle Strand, a la salida de las Cortes Reales de Justicia, una nube de periodistas y de cámaras se pelean por un primer plano de Gina. "El resultado de hoy es para todos, no sólo para mi y mi equipo, es acerca del futuro de nuestro Reino Unido, es que no había alternativa, tenía que hacer algo".

Gina sufrió la misma ansiedad por la que atravesaron millones de residentes en el Reino Unido luego del inesperado resultado del referendum del 23 de junio, cuando se conoció la victoria del luego llamado "Brexit", una suerte de autoexilio del continente europeo, decretado por apenas el 51% de los votantes. "No podía irme a la cama cada noche preguntándome qué sería de mis hijos (tiene tres, entre ellos una chica discapacitada de 20 anos que vive con ella y su tercer esposo), de nuestro futuro, del futuro de todos en este país, especialmente sabiendo que no existían (ni existen hoy) planes para enfrentar una salida de la Unión Europea, así que no tuve otra alternativa mejor que actuar", declara Miller a "The Guardian".

Entonces la propietaria de la empresa inversora SCM Private, que comparte con su actual esposo, decidió que era "una mujer de armas tomar", así que contrató, con su propio dinero, a un excelente equipo de abogados de la firma londinense "Mishcon de Reya". Gina no dice cuánto le costó la presentación del recurso legal contra la dilucidación del "Brexit", pero lo cierto es que decidió hacer el bien sin mirar a quién. Si ya era odiada y amenazada antes que se conociera la resolución de la Alta Corte, a partir de hoy, jueves 3 de noviembre de 2016, es una de las personas más perseguidas a todos los niveles, especialmente y cuándo no, en las redes sociales.

El fallo a favor de Gina, de su equipo y de millones de residentes provenientes de países de la Unión Europea, sentenció que el gobierrno británico no tiene potestades para gatillar el ya archi famoso Artículo 50 que marca la salida de un país de la Unión Europea y que, hasta ahora, no ha sido activado por ningún país desde la creación del bloque. En cambio, el tema deberá ser debatido al pie del Big-Ben, en las Casas del Parlamento y será el voto de los M.P. (Parliamentary Members) de todos los partidos, el factor decisorio en el tema que ha desvelado a millones de habitantes de estas islas, situadas al noroeste del continente europeo.

El argumento de la Corte es extenso, como podrá fácilmente suponerse, pero escencialmente se basa en que una resolución como el llamado "Brexit", que implica el desamparo y la incertidumbre para millones de residentes en el Reino Unido, aquellos provenientes de los países integrantes de la Unión Europea y también, por contrapartida, para un número má que considerable de británicos que viven en dichos países, deberá ser refrendada por el Parlamento británico. Acá el tema es que, al menos en apariencia, en la Casa de los Comunes la mesa está servida para que la resolución final sea el rechazo definitivo del "Brexit" y, consecuentemente, la continuación del romance con la Unión Europea.

De todas maneras, Gina se manifestó ante los medios muy molesta porque, no bien conocido el fallo de la Corte, el gobierno de Theresa May no se dignó siquiera leer los argumentos de la resolución, sino que inmediatamente y sin dudar ni medio segundo, decidió apelar el fallo, instancia que tendrá su primer capítulo el próximo 2 de diciembre. "Igual no veo por ningún lado cómo el gobierno podrá refutar los argumentos esgrimidos por el juez, pero me llama la atención que ni leyeron el fallo y ya comunicaron que lo apelarán", enfatizó la mujer del momento ante la nube de periodistas de todos los medios, asentados a la entrada de la City, donde está ubicado el gigantesco e histórico edificio de las Cortes Reales.

INSULTADA. "Extranjera rica y pu.., quién te crees que sos?" es lo menos que le han espetado en las redes a la promotora de ésta auténtica revolución política y social. Pero Gina, también amenazada de muerte, aunque reconoce que enfrenta "una persecución considerable", explica que lo que hizo está en su propia naturaleza: "estádentro de lo que hago diariamente en la empresa, tengo siempre la tendencia a pararme firme y hablar o actuar cuando algo que no es correcto está sucediendo".

Gina entiende el temor a manifestarse que tienen casi todas las personas que la apoyan, pero justamente ese miedo de la gente le da más razón para haber actuado ya que, tal como afirma, "no podíamos seguir con ésta sociedad fracturada (por el Referendum del 23 de junio) tal como está hoy". Y agrega que fue un craso error (del ex-Primer Ministro James Cameron) el haber convocado a un Referendum para quedarse o salir de la Unión Europea. Por el contrario, las consignas debieron ser el "tratar de reformar y revisar las políticas del bloque para hacer más potable la convivencia, pero nunca abandonarlo".

La nota se cierra eentre los alaridos de muchos "brexistas" que amenazan con romper la pantalla del televisor e irrumpir en el living...pero no, no llegan a romperla, quedan ahí. Es el lanzamiento de una polémica feroz que se extenderá hasta que la apelación del gobierno de May sea aceptada o rechazada. "No veo cómo podrán rebatir los argumentos de este fallo de la Corte", había dicho Gina Miller, la mujer "de armas tomar" que se atrevió a combatir el "Brexit" a como diera lugar.

Ojalá así sea, amiga Gina, los residentes de los países de la Unión Europea te lo agradecerán eternamente.