lunes, 8 de febrero de 2021

ARQUERO-JUGADOR, DESGRACIA DE LIVERPOOL

Lo aplastó. Lo dejó chato, sin reacción, lívido, sin aire, impotente, resignado. Eso terminó haciendo al final el Manchester City con el actual campeón Liverpool, asestándole un durísimo 4 a 1 en Anfield Road, el reducto del monarca.

Mucho antes, desde el comienzo del partido, Liverpool había mandado, tenía la iniciativa, la pelota y las mejores intenciones. Llegaba por las bandas y por el centro, desbordaban sus laterales, Alexander-Arnold por derecha y el escocés Andy Robertson por izquierda, mientras el brasileño Roberto Firmino y el senegalés Sadio Mané amenazaban constantemente, mostraban las fauces peligrosamente. Por ahí un aislado manotazo del arquero brasileño Ederson, echando la pelota al corner, no era suficiente reflejo de la supremacía del campeón.  

Manchester City especulaba como nunca lo hace. Defendía bien, dejaba de lado por una vez el mito de la posesión de pelota y cuando llegó, puntualmente una sóla vez en el período inicial, fue penal del brasileño Fabinho sobre el inglés Raheem Sterling, que el turco-alemán Ilkay Gundogán desperdició levantando el balón un metro por encima del horizontal.

El insuceso fue suficiente aguijón para que los de "Pep" se decidieran a encarar el complemento con su fútbol habitual y ya a los 4 minutos el propio Gundogán tuvo la revancha capitalizando un rechazo del arquero brasileño Alisson. Pese a que a los 62 minutos Mohamed Salah, el egipcio, no perdonó desde los 12 pasos, tal situación, el penal cambiado por gol, no dejó de ser un simple oasis en el desierto de la falta de protagonismo de los de Klopp: el cielo siguió celeste sobre el rojo de Anfield porque la visita continuó paseando su juego a gusto y placer en casa ajena.

Lo que se veía en la cancha indicaba claramente que el de Salah no sería el último grito del partido, Y no lo fué, porque los tres últimos gritos, esta vez de dolor, de pena, de rabia, de impotencia, los dió el arquero Alisson Becker, quien se equivocó dos veces en la entrega para terminar provocando el segundo gol de Liverpool y de Gundogán y una vez más -otro pase fallido- que derivó en que el turco-alemán habilitara a Raheem Sterling para el tercer gol visitante. El cuarto, un golazo de la mejor figura de la cancha, el inglés Phil Foden, ya fue simplemente anecdótico porque para entonces todo estaba laudado en Anfield. Simplemente redondeó una goleada -4 a 1- inapelable y lindante con lo humillante.

El arquero-jugador es un "snobismo" pero es también una "desgracia" del fútbol moderno que sigue costando partidos y torneos. Sin ir más lejos Liverpool, gracias a los insucesos de un enorme arquero como es el brasileño Alisson Becker, titular indiscutido en el campeón inglés y en la selección brasileña, quedó a años luz de repetir el sabroso manjar que sería el coronarse, una vez más, como campeón inglés.

El arquero está para atajar y después mandar al balón por aire lo más lejos posible para que sus compañeros traten de ganarlo por arriba o bien en la llamada "segunda pelota", opción que los técnicos sensatos, los de buena cabeza y pies sobre la tierra, suelen entrenar concienzudamente. Todo lo demás es moda barata, moda que incomoda, "snobismo" que conduce a derrotas estrepitosas como la de Liverpool ante Manchester City.

El City de Guardiola  hace rato que pisa fuerte de nuevo. Está más fuerte que nunca y por más que aún falte bastante para el final de la temporada, el título, un nuevo título de Premier para el "celeste", podría aventurarse que está casi a la vuelta de la esquina. 

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